Amparo Moreno (1949) se ha ganado un puesto de honor en el mundo del cine y del teatro a golpe de humor, talento, desparpajo y saber hacer. A lo largo de su carrera ha dejado huella con interpretaciones tan recordadas sobre las tablas como su Shirley Valentine, bajo la dirección de Rosa María Sardà. La hemos podido ver en innumerables obras de teatro, en cine, televisión y siendo cabeza de cartel como vedette en numerosas ocasiones en el mítico Teatro Molino de Barcelona.También ha trabajado en más de 60 películas con algunos de los mejores directores a nivel nacional e internacional, entre ellas La vida de David Gale de Alan Parker, Tapas de José Coronado o Any de Gràcia de Ventura Pons. O ha formado parte de algunas de las series que nos han acompañado a lo largo de nuestras vidas, como Farmacia de Guardia, Aquí no hay quien viva, Aída, El cor de la ciutat o El comisario, entre otras.Es uno de los rostros más conocidos que ha dado el panorama escénico catalán y, a sus 76 años, disfruta de la tranquilidad de la jubilación sin cerrar la puerta a nuevas oportunidades profesionales, porque, como ella dice, “un actor nunca se retira del todo”. Eso sí, solo papeles que le apetezcan de verdad, porque la edad también otorga el privilegio de ser más selectiva.A lo largo de su trayectoria ha hecho mucho teatro, cine, tele, ha sido vedette… ¿Dónde se siente más cómoda?Pues mira, en todas. Sobre todo, en el directo, porque, aunque hagas cine o televisión, es más falso el medio en cuanto a trabajarlo. Pero en cuanto tienes un público delante, es otra historia. El directo siempre nos gusta a la gente que trabajamos en esto.¿Para las mujeres es difícil seguir actuando o interpretando a medida que se van cumpliendo años?Bueno, a medida que vas cumpliendo años, se van acortando las posibilidades de trabajar, pero también pasas de joven a casada, a abuela y hasta a bisabuela... Quiero decir que hay edad para todo.¿Ha notado diferencia con el caso de los hombres? ¿Que los hombres tienen más oportunidades?Los hombres tienen más oportunidades en cuanto a que, por ejemplo, un hombre con canas es interesante y una mujer con canas es una dejada. En el cine en blanco y negro, antiguamente, veías que la dama era muy joven y el galán era un señor que podía ser su padre o su abuelo... Y estaba bien visto.¿Cree que la talla es un hándicap en esta profesión?Bueno, no todas las mujeres tienen que tener medidas 90-60-90. No es la realidad, no de España, ni del mundo. Pero yo nunca he encontrado dificultades o diferencias en ese sentido. Si el papel que se me encomendaba era perfecto con mis medidas, pues estupendo.Amparo, fue vedette del mítico Teatro Molino de Barcelona, siendo cabeza de cartel numerosas veces. Fue una sala muy transgresora en su momento. Viniendo del teatro, la verdad es que era una novedad para mí, pero me hice enseguida, por lo del contacto con la gente y el directo. Implicaba tener unas respuestas rápidas porque el público participaba, increpaba, decía cosas y tú tenías que contestar con la mayor gracia y salero del mundo… y a mí eso me gustaba. El Molino era un music hall donde gente de talla internacional nos ha venido a ver. La verdad es que era único. Es una pena que se haya perdido. Lo que ocurre es que El Molino era como una bombonera porque en un palco, que cabían seis, se metían veinticuatro. Ahora da igual la actividad que se quiera hacer; el problema es el aforo. Antes, aunque estuvieran todos, como decimos en catalán, molt atapeïts, era diferente y salía adelante. En El Molino había un ambiente fantástico e imperaban las libertades.Lee también¿Cuáles cree que son las claves para cumplir años con vitalidad y con optimismo?Confiar en el destino e intentar cuidarse un poco, hacer gimnasia, pero sin fanatismos. Procurar quedar con amigos para reír y tener siempre el humor presente, porque el humor, con humor se paga.Alguna vez ha dicho, en alguna entrevista, que el buen rollo hace que no envejezcas nunca…Yo creo que es vital. Mira, Charles Chaplin decía que un día sin reírse era un día perdido. Por lo tanto, a mí siempre me ha gustado que quien está a mi alrededor pueda reírse conmigo, no de mí, conmigo. Y eso es la flor de la juventud, yo creo, el sonreír, el sentirse felices.Quizá uno de sus personajes más icónicos fue Shirley Valentine. ¿Qué supuso para usted?En el momento que surgió esta obra y Rosa María Sardà la dirigió, fue un antes y un después para mí, la verdad. Todavía voy por la calle y hay gente que me para para darme las gracias por lo bien que se lo he hecho pasar. Que de una obra de teatro que se hizo en el 94 la gente se siga acordando ya indica mucho.Hay que procurar quedar con amigos para reír y tener siempre el humor presente, porque el humor, con humor se pagaAmparo Moreno¿Y hay algún otro personaje que le haya marcado especialmente?Pues mira, en especial, no, pero si hablamos de televisión, en El cor de la ciutat, también el personaje de la Trini marcó mucho. He hecho mucho humor, pero también he interpretado en Misery a una asesina. O sea que me gusta tocar todos los palos, pero eminentemente a mí me gusta hacer reír a la gente y pasárnoslo bien.En la serie Cites se cuentan las experiencias de personas que se conocen a través de Internet y tienen una cita en persona. Su personaje, María Castells, era una pescadera jubilada, que era viuda y tenía mucha energía, mucha vitalidad. Tiene bastante que ver con su carácter, ¿no?Pues sí, es que así soy yo. María tuvo un amor postrero, sí… fue muy bonito ese capítulo.Y, además, es un personaje que es muy interesante porque refleja que la gente mayor también tiene citas, que pueden utilizar aplicaciones, que tienen deseo... ¿Cree que cuando se llega a una cierta edad estos temas son tabú?Cada uno sabemos lo que llevamos dentro, pero el deseo siempre existe. Que se cumplan años no significa que uno deje de vivir. No se vive con la misma intensidad de los 18 o 20 años, por supuesto. Pero sí, siempre hay una pasión.¿Y esto de las aplicaciones, las redes sociales y demás va con usted?Nada, nada. En absoluto. No tengo ni ordenador. Yo pienso que es una pérdida de tiempo tremenda que la gente esté todo el día con el teléfono en la mano, mirando TikTok y esas tonterías… Es un tiempo precioso que se pierde de estar leyendo, hablando o charlando, de estar con gente. Creo que se está perdiendo el vocabulario y el pasar tiempo con otros.En Aquí no hay quien viva hacía de la madre de Loles León, a pesar de que ambas tienen prácticamente la misma edad…Nos llevamos 3 meses... pero bueno, aprovechando que yo tengo unos kilitos de más y envejeciéndome un poco, pues ya está, se puede ser la madre de alguien. También ocurre bastante a menudo que se dan papeles de muy mayor a actrices que no lo son tanto. Yo creo que también hay muchas actrices que están a la sazón para hacer el papel, pero se lo dan a otra más joven, y cada actriz ha de hacer un papel que le toque por su edad, porque si todas salen operadas, entonces no habrá nunca abuelas.Lee tambiénEste papel ha sido importante, porque al final Aquí no hay quien viva ha sido una comedia de mucho éxito…Sí, es importantísimo. Lo que pasa es que para seguir en ella tienes que vivir en Madrid. Y yo soy muy de mi casa. Incluso cuando hacía Farmacia de guardia, al final le dije a Mercero: “Fusílame, porque yo no puedo estar yendo y viniendo”. No era plan de vida. O te instalas y vives allí o es muy incómodo.¿Le parece más difícil hacer reír que hacer llorar?En una temática de drama, este siempre cala en el espectador, pero cuando es una cosa cómica, si no tiene verdadera comicidad quien la interpreta, ¡ojo! ahí no se ríe ni Dios. Cuesta muchísimo más hacer reír que llorar. Al final, los laureles siempre van a parar a los papeles dramáticos; no se tiene tanto en cuenta a los actores que son cómicos. Aunque un actor es un todoterreno.Ha trabajado con algunos de los mejores directores de cine, tanto nacionales como de fuera del país. ¿Tiene alguna anécdota que recuerde con especial cariño?Cuando actuaba en El Molino, mucha gente se casaba e iba vestida de novia allí. En el año 85, Federico Fellini y su novia vinieron a ver el espectáculo y, cuando vieron en el palco a una novia, vestida de novia, y a los invitados con su traje, allí, me dijo: ‘Questo non è vero’ y le dije: ‘È vero, è vero’. Además, me elogió diciéndome: ‘Molto brava’, así que le gustó el espectáculo.Esta profesión es muy bonita, pero hay que saber que es muy dura y bastante inestable; si no eres un primer espada, lo tienes un poco crudoAmparo MorenoY, ahora, ¿está retirada? ¿Tiene algún proyecto en marcha?No. Un actor no se retira nunca, aunque puede estar un tiempo en barbecho. Siempre hay una llamada de teléfono… no importa la edad.O sea que está abierta totalmente a cualquier oportunidad que surja.Claro, claro, es así. Pero estamos ya en un momento de jubilación, más tranquila y, si surgen cosas, porque surgen cositas, si no te interesa mucho, pues no las haces. Antiguamente, cualquier cosa se aprovechaba, pero, ahora, con la tranquilidad que tenemos en la jubilación, si hay una cosa que no es interesante, dices: “Mire, gracias, pero no”.¿Hay algún consejo o alguna recomendación que daría, por ejemplo, a actores o actrices que estén empezando ahora?Uy, consejos vendo que para mí no tengo. Es difícil empezar. Esta profesión es muy bonita, pero hay que saber que es muy dura y bastante inestable. Si no eres un primer espada, lo tienes un poco crudo. A la gente que quiera empezar en esto, todo mi apoyo, pero decirles también que no es bufar i fer ampolles, como decimos en catalán; vamos, que no todo es sencillo.¿Y aun así volvería a elegir ser actriz?Yo sí. Según me ha ido, pues sí, volvería. Le estoy muy agradecida a esta profesión porque es muy bonito ir por la calle y encontrarte gente que te da las gracias por los buenos momentos que le has hecho pasar. Eso me engorda medio kilo… y no conviene mucho, pero la verdad es que es muy bonito.