La voz de Luisa Gavasa (Zaragoza, 1951) hace sentirse en casa, quizá porque está entretejida con recuerdos de un pasado común. Ella es una de las grandes damas de la interpretación del cine y el teatro español. Habla sin prisa, con precisión, dejando espacio a la reflexión y al humor. Igual comenta la historia del país, que recomienda tomar agua caliente con miel y limón para mejorar la garganta: “Haz gárgaras si no quieres sumar calorías y duerme con un pañuelo de seda al cuello; me lo recomendó Miguel Narros, y funciona”.Desde el primer momento, la conversación fluye. “Soy muy habladora”, reconoce. Está presentando Ancestral, de Marta Cabrera y Pablo Aragües, un filme de género protagonizado solo por actrices que propone una revisión de la figura de las brujas. El akelarre está formado por Gavalda, Emma Suárez, Ana Fernández y Consuelo Trujillo. “Consuelo, Ana y yo somos muy amigas desde La novia, y tenemos un grupo de WhatsApp que se llama Las Lorcas; Emma es una campeona”, cuenta.Una película le atrajo porque “no era de jovencitas monas”. “Las mujeres maduras tenemos mucho que contar; además, me interesó que da cabida a la hermandad de mujeres. Yo soy feminista de las de antes, de cuando serlo era una cosa muy rara”, comenta esta actriz única que también es singular en su aproximación a la vejez. “Hace unos 30 años decidí que iba a envejecer como tuviera que ser, y en eso estoy”, asegura.Eso no significa que no se cuide. Empezó en el gimnasio con 74 años. “Ya estoy con mancuernas de ocho kilos y en septiembre empezaré con boxeo”, dice. Ganadora del Goya a mejor actriz de reparto por La novia, de Paula Ortiz, le acaban de entregar el Faro de Plata del Festival de Cine y Cortometrajes de l'Alfàs del Pi, premio que le hace especial ilusión para dedicárselo a los faros de su vida —su abuelo, su padre y su madre—, y porque “llevo el Mediterráneo en la sangre, y siempre he querido morir cerca”. Aunque, inmediatamente, precisa que “no tengo ninguna prisa en morirme, que quede claro”.Estrena Ancestral, un filme de género protagonizado por mujeres. ¿Qué le atrajo?Que era una película de mujeres, y no de jovencitas monas. Me parece muy bien que se hagan películas con adolescentes, faltaría más, pero también con mujeres maduras, que tenemos mucho que contar. Además, me interesó que da cabida a un tema del que soy muy partidaria, la hermandad de mujeres. Yo soy feminista de las de antes, de cuando serlo era una cosa muy rara; ahora hay veintidós facetas del feminismo, que no sé si todas comparto.¿Es complicado envejecer como actriz?No me puedo quejar, porque trabajo mucho. Pero es verdad que a partir de cierta edad es más complicado. Y, no sé cómo decirte, te someten sin querer tú a muchas servidumbres. Que si el bótox, el hialurónico, esas cosas que detesto profundamente y a las que me niego. Yo digo siempre: nacida en el año 51 en Zaragoza, Aragón. Ahora con Google es imposible ocultarlo, pero tampoco quiero hacerlo. La edad es parte de lo que somos y de lo que hemos vivido, y eso tiene valor.¿Fue una decisión consciente, la de envejecer de modo natural?Así fue, sí. Hace unos 30 años decidí que iba a envejecer como tuviera que ser, y en eso estoy. A veces no es fácil. Que tomes esta decisión no quiere decir que sea tonta y no vea cómo me voy arrugando y voy envejeciendo. Pero lo asumo, porque no quiero mirarme un día al espejo y no reconocerme. Yo tengo unos 75 años maravillosos, que estoy disfrutando mucho. Soy consciente de que he perdido cosas, pero también he ganado otras que tienen que ver con la serenidad, con la experiencia, con la libertad de ser quien soy sin tener que dar explicaciones.En Ancestral aparecen un espectacular plantel de actrices: Emma Suárez, Consuelo Trujillo, Ana Fernández y usted, y Almudena Amor como su hija…La niña es muy buena actriz y hace honor a su apellido, Almudena Amor. Consuelo, Ana y yo somos amigas desde hace más de diez años, cuando trabajamos en La novia y en La casa de Bernarda Alba. Le dije a Marta [Cabrera, directora del filme] que había dos actrices maravillosas que eran muy amigas mías y nos entendíamos muy bien. Y sé qué clase de personas son, que también es importante al rodar. Y luego está Emma, que es una campeona. Ha sido un lujo compartir con ellas, porque cuando hay talento y humanidad, el trabajo se multiplica y se enriquece muchísimo.Se nota entre ustedes la complicidad…Claro, porque la hay en la vida, de verdad. Con Consuelo y Ana hemos compartido muchas cosas, tenemos un grupo de WhatsApp que se llama Las Lorcas y nos vemos siempre que podemos. Hay una hermandad, como en la película. Y eso no se puede fingir, eso se tiene o no se tiene.Se dice mucho que las mujeres competimos entre nosotras. ¿Hay que reivindicar más la amistad femenina?Yo vengo de una generación donde es cierto que las mujeres competían, porque se les educaba para una buena boda, para cazar marido, por decirlo de alguna manera. Los ingenieros, sobre todo los aeronáuticos, eran los más buscados; después, cualquier tipo de ingeniería, y arquitectos, médicos, abogados... Los maestros eran como para morirse de hambre. Te educaban en que la mujer era la enemiga que te puede quitar el marido que tú querrías. Afortunadamente, se ha ido modificando. Ahora hay un sentimiento de solidaridad femenino tremendo. Las mujeres somos conscientes, primero, de la fuerza que tenemos juntas, que es mucha. Y que tenemos que ayudarnos para salir adelante y romper tantas cosas que hemos ido rompiendo poco a poco. A veces, pienso: “Dios mío, ¿otra vez tendremos que salir a la calle?” Y espero que no, pero si toca, ahí estaremos, como siempre.En Ancestral aparece la figura de la bruja, históricamente vinculada al control sobre las mujeres. ¿Cree que esta película resignifica este símbolo?Claro, estas brujazas son colegas, generosas, inteligentes, valiosas, entienden de fraternidad, de sororidad, esa palabra que ahora se usa mucho, y creo que viene de las monjas, de las sorores, que significa hermanas. La mirada de Marta está representando el feminismo, a las mujeres actuales que luchan por sus derechos, que son capaces de defenderse de los malos hombres, que los hay. Como también hay malas mujeres, cuidado.¿Qué piensa cuando escucha a jóvenes decir que con Franco se viviría mejor?Me gustaría meter a esos niñatos y niñatas en una máquina del tiempo y devolverlos a cuando todo era pecado. Cuando por cogerse de las manos a dos hombres los metían en la cárcel por maricones, y paliza y violación. Yo lo he vivido con una compañera de teatro, que salió una noche con un chico que era gay. Unos tíos a él le metieron una paliza que casi lo matan, y a ella la violaron. La encontraron tirada en unos basureros, la recogieron y la llevaron a una comisaría. Y al día siguiente en el teatro, pobrecita mía, toda magullada, decía: “Lo peor ha sido que me han tratado como a una puta”. Es brutal, ¿y que haya gente pensando que eso era mejor?¿Cómo recuerda su infancia y cómo se recuerda a sí misma de niña?Mi infancia fue superfeliz. Fui la primera hija y la primera nieta. Luego vino un hermano con el que me une una relación fuertísima; nunca ha habido celos. Nuestro padre, que desde muy pequeños nos explicaba qué había sido vivir la guerra. Mi abuela Luisa, por la que me llamó así y que murió a los 53 años, se jugaba la vida escondiendo en su casa a agentes de las Juventudes Socialistas. Pero yo viví una infancia mimada y con unos padres modernos. Mi madre era del siglo XXI, universitaria, campeona de Aragón de tenis, hablaba francés, le gustaba estudiar árabe... y mi padre enseguida me empezó a inculcar los valores de la libertad, la igualdad, la justicia.¿La educaron en libertad?Sí, crecí con una libertad absoluta. En mi casa se hablaba de todo, por los codos, y eso fue muy sano para mí. Mi madre, una señora que era del año 23, que me enseñó todo lo que había que saber sobre el sexo. Y un padre que me enseñó todo lo que había que saber sobre libertad, sobre respeto, sobre amor al prójimo. ¡Qué es que parece que el amor al prójimo solo es de las derechas, coño! Tuve muchísima suerte, viví una infancia dorada.¿Y cómo se recuerda de niña?Muy simpática y habladora... Habladora, sigo igual. Cuando saqué matrícula de honor en ingreso de bachiller, mi padre me preguntó qué quería, y quise ir a Madrid. En el tren iba un coronel de esos franquistas de la época, al principio muy serio. Y pasé todo el trayecto de charla con él. Mi padre decía: “Mi hija hace hablar a las piedras”. Yo era desenfadada y poco pudorosa. Eso gracias a mi abuelo materno, que me decía: “que no te dé vergüenza enseñar el culo, que el culo es como la cara”. Me lo tomé al pie de la letra. Tengo una amiga desde hace 53 años, y ¿quieres creer que nunca la he visto desnuda? Unos pudores... No solo ella, para muchas mujeres de mi generación el desnudo era pecado. Y para los chicos dormir boca abajo era pecado. Imagina, ¡dormir boca abajo!¿Y cuándo decide hacerse actriz?Me atrapó el teatro político antifranquista. Empecé en la universidad, con Mariano Cariñena, en el Teatro Estable de Zaragoza, uno de los hombres más cultos y mejores directores que he conocido. Lo pasaba bomba. Yo estudiaba Filología Inglesa, iba los veranos a Londres y trabajaba como au pair, lo que hacíamos las españolas, y luego todo el mundo creía que habías ido a abortar. Y allí, un día, viendo una función de Titus Andronicus, me quedé paralizada en la silla, llorando de la emoción, y me dije: “Yo quiero pertenecer a este mundo”. Y tomé la decisión de que iba a ser actriz profesional.Parece usted muy sensible y a la vez muy fuerte.Es probable. Para ser actriz de verdad, lo que yo entiendo por serlo, necesitas unas emociones quizá más desarrolladas y ser más sensible. Pero a mí el haber nacido en una dictadura en mis primeros 25 años también me hizo fuerte, porque había que resistir muchas cosas. Me han pasado cosas bonitas, pero también dolorosas, como a todos. Pero sí, soy una mujer fuerte.Le van a dar el Faro de Plata del 38 Festival de Cine y Cortometrajes de l'Alfàs del Pi. ¿Por qué le hace especial ilusión este premio?Primero, porque podré volver a dar las gracias a los faros de mi vida, que han sido mi abuelo y mis padres. Mi abuela era una mujer muy sencilla, me quiso muchísimo y yo a ella, pero intelectualmente quienes me guiaron fueron ellos tres y me hace mucha ilusión poderles dedicar el premio. También porque llevo el Mediterráneo en la sangre; mi abuelo era valenciano, y siempre he querido morir cerca de ahí. O sea, no tengo ninguna prisa en morirme, que quede claro, pero siempre he pensado que acabaré mis días en ese mar. Y este galardón conlleva que pongan una estrella con mi nombre en el Paseo de la Fama de l'Alfàs del Pi, en Alicante. Así que, cuando llegue mi final, me despida donde me despida, voy a estar siempre al lado del mar. Me emociona pensar que algún día mi nieto pueda pasar por ahí y ver el nombre de su abuela, una estrella.¿Cómo se cuida física y psicológicamente?Comer sano y bien cuesta dinero. En mi casa, afortunadamente, había un buen estatus social y estoy muy acostumbrada desde niña a no comer fritos ni grasas saturadas. Me encantan las ensaladas, las verduras, el pollo y el pescado a la plancha, la pasta... Siempre he sido muy sana comiendo.¿Hace deporte?No he pisado un gimnasio en mi vida hasta el año pasado. Tengo una finquita en Extremadura, en Madrigal de la Vera, y ahí fui al gimnasio. Y me di cuenta de que me gustaba. Yo vengo de una familia de tenistas, y a mí me gustaba remar en el Ebro y nadar. Pero la gimnasia se me daba fatal y tenía unas profesoras de la Falange que eran muy brutas; me forzaban y le cogí un rechazo muy fuerte a todo lo que significaba gimnasio, hasta el año pasado. Ahora tengo un gimnasio enfrente de casa, donde vamos media profesión, por cierto, que vivimos en este barrio. Y estoy encantada. Me apunté al gimnasio con 74 años; hasta me he comprado la camiseta del gimnasio y estoy ya con mancuernas de 8 kilos. Y en septiembre empiezo a hacer boxeo. No para darme mamporros con nadie, sino porque me gusta su swing, la coordinación que se trabaja.¿Se apuntó al gimnasio con 74 años?Sí, empecé el año pasado, todo el mes de agosto. Luego tuve que dejarlo porque tenía que estar en Madrid con Chavela. ¿Sabes lo que he descubierto? La alegría que me da ir al gimnasio. Cualquier pequeña victoria, cualquier pequeño esfuerzo, me hace sentir muy bien. Es decirte: “He podido, he podido”. Salgo de allí que me siento la más chula del barrio. Y ahora, con 75 años que he cumplido en abril, me he cambiado de casa, he hecho una mudanza. Todo el mundo me dice: “¿Estás loca?”. Y yo me digo que ¿por qué no? Qué maravilla cambiarte, decorar una casa nueva. Estoy feliz.La menopausia a veces provoca pérdida de memoria. ¿Cómo es para una actriz, que trabaja justo con eso?He tenido la suerte de que mi abuelo desde muy pequeña me estimuló mucho la memoria. Me aprendía poemas larguísimos, sonetos, me enseñaba el mapa mudo de España y la desarrollé mucho. La memoria no deja de ser un músculo que yo llevo ejercitando desde que tengo siete años, porque no he parado de estudiar, nunca.¿Cuál ha sido el mejor consejo que le han dado?Mi madre me decía: “Luisa, si quieres ser libre, no dependas nunca económicamente de un hombre”. Y José Luis López-Zubero me dijo una vez que uno se arrepiente de lo que no hace, no de lo que hace.¿Y hay algo de lo que se arrepienta?De haber empezado a fumar, de lo único que me arrepiento en mi vida. Me dije, yo, que llevo toda la vida luchando por la libertad, por todas las causas posibles, ¿y no soy libre porque dependo de esta porquería que me cuesta salud y dinero? Se acabó. Lo dejé hace 20 años con hipnosis. No he vuelto a tocar un cigarrillo, ni lo echo de menos.Paka Díaz
Luisa Gavasa: “Nos educaban para competir entre mujeres; hoy hay una solidaridad femenina tremenda”
Ganadora del Goya a mejor actriz de reparto por ‘La novia’, de Paula Ortiz, le acaban de entregar el Faro de Plata del Festival de Cine y Cortometrajes de lAlfàs del Pi y acaba de estrenar en cines la película ‘Ancestral’.






