0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialMira –dice Francesc Cujadó mostrando su teléfono–, el otro día vino este chaval y me hizo un vídeo ¡y en un día lleva más de 150.000 visualizaciones! no para de llamarme gente, yo es que alucino...”.Sí, el Burger Niu, entre las calles València y Compte d’Urgell, devino en el último fenómeno viral de la gastronomía, el último garito auténtico de Barcelona, el último sitio al que tienes que ir si presumes de estar al tanto de los circuitos alternativos de la ciudad... “Es que, como tengo un cartel que dice que mejor paguen en efectivo, una periodista dijo que yo llevo una hamburguesería antisistema, y se ve que a la gente eso le hizo gracia y yo, bueno, tampoco les voy a decir otra cosa...”.”El otro día vino un muchacho y me hizo este vídeo ¡y en un día ya lleva 150.000 visualizaciones!”Francesc logró sin comerlo ni beberlo a lo que aspira todo hostelero que se precie, que la gente se ponga medallas en el pecho por gastarse el dinero en su negocio, que tomarse un Frankfurt de 25 centímetros se convierta de repente en un acto de revolucionaria disidencia, que echándote una mediana en una de sus pequeñas jarras bien enfriadas reveles cómo te rebelas contra la gran ciudad globalizada y franquiciada, sus barras prefabricadas en serie y sus camareros uniformados sin ninguna vocación.Francesc, con dos clientes, en la terraza de su establecimientoMiquel González“Hombre, yo si la gente viene no me voy a quejar. Tengo una clientela muy buena porque ya aparté a los garbanzos negros. De vez en cuando te echas un cigarrito y una cerveza con ellos y les sacas lo mejor. Si tratas bien a la gente, la gente te trata bien”. Y de este modo al final de cada jornada la gente hasta le ayuda a recoger su peculiar terraza y se marcha encantadísima de formar parte de algo tan bonito. A veces hasta sacan la basura. Porque encima lo que sirve está bueno y sale a cuenta. Cenar en el Five Guys, por poner un ejemplo es más caro, y ahí en sus hamburguesas no te ponen ni queso de cabrales ni sobrasada ni miel... Francesc también sirve una barbaridad de platos y tapas.Los productos del país son los grandes protagonistas de esta hamburgueseríaMiquel GonzálezFrancesc tiene 70 años, y siempre se dedicó a esto. Primero, con su padre, en la bodega de la familia en el barrio de El Congrés i els Indians. Su padre siempre fue un hombre muy trabajador, subraya él mismo. Luego, cuando apenas tenía quince años, trabajó como aprendiz en el Cosmos de la Rambla, en aquellos tiempos en los que atornillaron los taburetes al piso para que no los emplearan como armas arrojadizas en las peleas entre marineros norteamericanos, proxenetas del Chino y otros noctámbulos. También trabajó en el histórico Buenavista de la ronda de Sant Antoni. “Con guantes blancos”, puntualiza.Aquí la relación con los clientes es muy especialMiquel González“Luego ya me establecí por mi cuenta. El primer negocio que llevé fue un Frankfurt muy pequeñito en la plaza Sant Jaume, en el 76, y ahí sigue... Y luego monté un sitio de bocadillos en la calle Ciutat, y después lo convertí en una pizzería. Luego abrí otro restaurante en la calle Consell de Cent. Yo llegué a tener dos restaurantes y un bar. En temporada alta podía tener más de 30 empleados. Pero aquello era muy estresante, tanto que me puse malo y el médico me dijo que tenía que rebajar el ritmo, plantearme las cosas de otra manera, mucho más despacio... Que no tenía otro remedio. Así que lo traspasé todo”.Lee tambiénRollito slow , que dicen ahora los foodies y demás personajes que todo lo reinventan. Que menos es más. “Hombre, yo si pillara un buen traspaso a lo mejor me jubilaba... es que este trabajo está cada día más complicado. Los alquileres están imposibles. La verdad es que lo de salir adelante cada vez se hace más difícil. Así que si me hacen un poco de publicidad tampoco me voy a quejar”.Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.