Una de las obras más difíciles de clasificar de Andy Warhol son las cápsulas del tiempo. Durante su vida, llenó más de seiscientas cajas de cartón con objetos del día a día, que se acumulaban en su estudio o que compraba y metía en una de ellas sin llegar a utilizar jamás. El objetivo era que, abiertas el día de mañana, cada una de ellas diera cuenta de cómo era la vida en el momento en que se sellaron. No cabe duda de que los objetos de plástico irían aumentando en estos pequeños sarcófagos de lo cotidiano, sobre todo las que correspondían al verano.PublicidadPara el escritor Guillemo Alonso, la estación más cálida del año huele a este derivado del petróleo. "El plástico es superveraniego. Pienso en todas las cosas hinchables, en los cubiertitos de plástico que me llevo a la playa, a la tartera con un bocadillo de filete empanado dentro. También en las sombrillas, en las sillas, las neveras, todas esas cosas que nos rodean en verano de colores vivos, tan fotografiables y tan bonitas", enumera con aire soñador. Si la España de su infancia se resumiera en una de aquellas cápsulas del tiempo, sin duda encontraríamos en ella un balón de Nivea."Me encanta el plástico, celebro que la evolución humana nos haya llevado hasta la capacidad de fabricar cualquier cosa, con cualquier forma y color, y todo con el mismo material", prosigue. El autor de El efecto deseado, nacido en Pontevedra, siente una "fascinación casi infantil" por este material, porque sus posibilidades son infinitas. Con objetos de plástico puedes matar a alguien y puedes salvar vidas: "Con una bolsa podrías asfixiar a una persona, pero un airbag de plástico la salva en un accidente de coche".Quizás sea en la infancia donde encontremos la génesis de este delirio multicolor. "De pequeño abrieron cerca de mi casa un todo a cien, que entonces todavía era algo exótico, casi futurista. ¡Una tienda donde todo vale cien pesetas! ¡Allí cualquiera era el rey! Y claro, era todo basura de plástico que me parecía lo más". La obsesión llegó a tal punto que su madre tuvo que pedirle que dejara de acumular cosas en su cuarto. "Tenía teléfonos de plástico, miniventiladores… Aquel establecimiento me hacía sentir rico porque me podía permitir comprar cualquier cosa".Ahora, todas estas tiendas que "tenían el encanto de lo cutre", son franquicias que "están en todas partes y en todas partes son iguales. También venden mierdas de plástico, pero no les veo la gracia". Pero aún quedan rincones que le sulibeyan. "Hay una tienda de plásticos increíble en Madrid, fui a comprar redes para las ventanas, de las que se ponen para que no se caigan los gatos, y mi novio me llamó después de una hora para ver dónde estaba, porque seguía fascinado con todos los tipos de plásticos que tienen allí. Todos los tamaños, todos los grosores, todos los colores… me pasé allí la tarde entera. Mi novio se pensaría que me había ido de cruising, pero son mucho mejor los plásticos".PublicidadDesde luego, nuestra relación con esta sustancia no puede ser la misma que hace treinta años. "Soy el primero que sabe que es muy contaminante, y su obtención un asunto conflictivo". En un mundo que sobreexplota hasta el último de sus recursos, incluso el que parece más básico debe empezar a preocuparnos. "Me encanta cuando el personaje de Blanca Portillo en Volver, hablando de su madre hippy, dice: Mira qué joyas, ¡un plástico buenísimo! Quizás incluso el plástico de antes era mejor porque desde luego la calidad de todo ha ido empeorando con los años".Lo que desde luego está empeorando es el planeta, cada vez más asfixiado con este material. "De una manera un tanto literaria, el plástico se está vengando de nosotros. Empezamos a explotarlo sin ningún miramiento, hemos llenado la naturaleza de plástico, y ahora se ha dado la vuelta, porque hemos llegado al punto de que incluso dentro de nuestro organismo ya hay microplásticos". El pontevedrés cita un un estudio "en el que encontraron microplásticos en el cien por cien de los testículos humanos que estudiaron. Así que nosotros hemos llenado el mar de plástico, y la naturaleza nos está llenando el escroto para que no nos reproduzcamos. Quizás sea una buena noticia".No es el único conflicto reciente alrededor de su material favorito. Donald Trump convirtió las pajitas de plástico en un asunto político de primer orden en las últimas elecciones de Estados Unidos, hablaba todo el rato de ellas durante su campaña electoral, y llegó a decir que las pajitas de papel explotaban. "Y sí, todos sabemos que las pajitas de papel son peores para el usuario, pero obviamente es mucho mejor que sean de un material que contamine menos y que no se vaya a quedar en el mar durante milenios", reconoce Alonso, pero al tiempo recuerda con cariño "la leyenda urbana de que si bebías con pajita te emborrachabas más. Quizás fuera solo en Pontevedra, que ahí nos tenías bebiendo con tres pajitas".PublicidadAunque confiera que durante "el año soy muy buenecito, porque reciclo y uso el transporte público". Este verano, la mitad del podcast Arsénico Caviar va "a contaminar muchísimo, porque me voy de viaje largo. Como decía Nova cuando insultó a Amor Romeira: hoy me lo voy a permitir, señores". Le esperan Filipinas y Corea del Sur. De Seúl espera que se parezca a Tokio: un paraíso para amantes del plástico. "Hay unas tiendas muy famosas, curiosamente llaman Don Quijote, que entras y te da un ataque epiléptico. Hay plástico en todas las formas pensables". Pero "demasiado paraíso se transforma en un infierno, y acabas con un ataque de ansiedad buscando a la desesperada la salida".Durante estas semanas, Guillermo Alonso trabaja en una nueva novela y disfruta hasta cierto punto del calor, porque "hace que el mundo funcione a cámara lenta, y a esa velocidad puede que seamos mejores personas. Cuando vas a insultar a alguien, no lo haces para no acalorarte y sudar más". Pero no nos podemos despedir sin saber: ¿qué objeto de plástico estima más el escritor? "Unos cuenquitos que me trajo una amiga de una tienda de Lisboa, que sirven para todo y son preciosos. Es que esta amiga tiene una galería de arte, así que tiene muy bien gusto". Ya saben lo que encontrarán en su cápsula del tiempo.