Toda acción genera una reacción y al incuestionable impulso de la inteligencia artificial le sigue, tres pasos por detrás, una ola que busca recuperar la conexión con el mundo físico. Vuelven las cámaras analógicas, los vinilos y los objetos artesanales. Es una moda pero también una declaración de principios. Al menos así, como un manifiesto ante la vorágine, lo han tomado Gonzalo García Barcha y Felipe Restrepo, que comienzan su andadura con un pequeño refugio de papel, la revista Ideal. “El mundo digital es bastante monótono en el sentido sensorial”, justifica el primero, diseñador gráfico e hijo del premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez. Es en la casa-museo del aclamado escritor, reconvertida, por momentos, en oficina de trabajo, donde transcurre la conversación. Ellos querían un producto que se pudiera recorrer con la vista y con el tacto, que sonara al hacer las páginas pasar. Y tomaron el nombre de uno de los proyectos que Gabo imaginó pero no terminó de poner en marcha, un periódico de análisis político que proyectara la imagen de un lugar donde surgen las ideas, como la caña brota en el cañaveral.Ha cambiado mucho desde que el colombiano jugó y experimentó con distintos proyectos que buscaban a tientas un espacio para la prensa alternativa, crítica con los Gobiernos de la época, que dominaban el espectro informativo. Hoy “las opiniones se ofrecen a la carta”, dicen los fundadores, y más bien echan en falta un espacio que se aleje del “bombardeo cotidiano” de información o desinformación y que le dé al lector “una oportunidad de apagar el teléfono y de no estar tomando decisiones políticas todo el tiempo”. “Es una especie de respiro”, plantea Restrepo, periodista y editor, cuyo padre, Jorge Restrepo, fue compañero de redacción de Gabo. Hoy los hijos retoman de algún modo el impulso creativo y crítico que tuvieron sus progenitores con una publicación trimestral que esta semana comienza a ser distribuida por los Fondos de Cultura Económica (FCE) de Ciudad de México. 02:45La ideal: La revista que soñó Gabriel García MárquezCarátula de la revista 'Ideal'.Foto: Aggi Garduño | Vídeo: EPVAnte todo, si algo comparten, es la vocación de dejar “un testimonio del tiempo” en el que viven. “Esa es una de las funciones importantes de las publicaciones periódicas. Dejar de alguna manera constancia de qué es lo que estaba sucediendo en ese momento”, agrega García Barcha. Los textos van de lo periodístico a lo narrativo, pasando por la poesía o la crítica de cine y de arte, intercalados por imágenes e ilustraciones de algunos de los creadores contemporáneos que ya están consagrados o que están marcando el paso en el continente. El cuidadísimo primer número combina las fotografías de la premio Princesa de Asturias Graciela Iturbide, con un relato de Yásnaya Elena A. Gil o la lírica de María Baranda, entre otros. Corona en la portada una pintura desplegable del artista brasileño Eduardo Berliner. “Es una suerte de mirada poliédrica de lo que ocurre”, apostillan, que pretende “no entregarle al espectador una visión demasiado digerida”. Se trata de estimularlo, más que de dirigirlo, sintetizan. Cada uno de los dos fundadores aporta al proyecto una dimensión ligada a su trayectoria. Si sobre Restrepo pivota la parte escrita, sobre García Barcha lo hace la visual. Él comenzó haciendo libros de literatura con una editorial, explica, y muy pronto le empezó a interesar el diseño de fuentes tipográficas. “Ese es el viento que me ha llevado a desarrollar una fuente que es el primer pilar de la revista”, completa. Es un trabajo que lleva desarrollando más de 30 años y está basado en las impresiones del México de los siglos XVI y XVII. “Los tipógrafos hablábamos en el siglo XX de que si a alguien lo tiraran en un paracaídas en cualquier lugar de Europa, esa persona sabría en qué parte está por la tipografía que lo rodeaba”, relata sobre su pasión. “Había unas características nacionales en cada país. Hay una definición cultural en las formas de las letras que uno escoge”, agrega. Luego se empezaron a “neutralizar” hasta que dejaron de llevar consigo una personalidad. Los amigos han querido recuperar el cuidado y el carácter que imprimen los objetos artesanales. Ahora se enfrentan al desafío de la distribución. “A menos que sea una lavadora o un secador de pelo, te encuentras con toda clase de limitaciones. No estamos tan bien comunicados”, bromean. “Cuando uno vive en América Latina siempre tiene la sensación de que debe pasar por grandes operadores, generalmente norteamericanos”, agregan. Por eso el proyecto, de momento, comienza a repartirse primero en la capital mexicana. Más tarde viajará a la capital colombiana, y ya buscan quien lo distribuya, para este verano, en España. La idea, finalmente, es crear una comunidad en torno a la creación en español. “Las revistas importantes en nuestro idioma y en otros idiomas que han sido míticas han servido de unión de gente que hace y propone cosas, que tiene ideas”, desarrolla Restrepo, autor de seis libros y exdirector de la revista Gatopardo. “Los medios han tenido muchas transformaciones y muchas de esas publicaciones han ido desapareciendo o perdiendo su calidad”, concluye. En esa unión de creadores destaca claramente el potencial latinoamericano, pero no quieren limitarse a quienes residen en el continente. “En nuestra próxima edición vamos a tener un texto de una colombiana que vive en Irán, Catalina Gómez, que acaba de ganar el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabo”, ejemplifican. Hay mucha gente que no está trabajando en Latinoamérica, dicen, pero que “lleva a los latinoamericanos a otros lugares lejanos”. Ellos quieren, a cambio, llevar lejos su trabajo, “contribuir a profesionalizarlo” y combatir la precariedad que generalmente rodea el universo cultural. La tarea es titánica y también los obstáculos, pero a esa empresa romántica dedicarán sus esfuerzos Restrepo y García Barcha: a dejar que suba y baje la marea y acercarse, después, a ver qué queda en la orilla que merezca la pena contar.
‘Ideal’, lectura lenta contra la tiranía del clic
El diseñador gráfico Gonzalo García Barcha, hijo de Gabriel García Márquez, y el periodista Felipe Restrepo apuestan por el refugio del papel con una revista cultural que revive los proyectos inconclusos del Nobel de Literatura







