Las revistas están vivas. Algunas están incluso mejor que en la década pasada, cuando se auguraba la muerte inminente del papel. Hablamos con los editores de cinco éxitos fraguados en España que han encontrado sus nichos: el fútbol, el campo, el vino, el arte… La fatiga digital ha convertido lo analógico en un placer irresistible

“Imprimes lo que quieres que dure. Lo que quiero guardar, lo imprimo. Lo otro entiendo que está destinado a desaparecer por exceso. Tengo demasiados discos duros y esos discos duros un día morirán y yo ni me enteraré. Lo que tiene que durar se tiene que imprimir”. Esto lo dice Nacho Alegre, uno de los fundadores de Apartamento, que aún hoy, 18 años después de su nacimiento, es la revista de arte y diseño con raíces españolas de mayor prestigio internacional....

El principio es ese y es el mismo ahora que hace 50 o 100 años. También lo era en 2005, cuando el mundo empezó a ser otro, cuando las revistas, esos artefactos que durante décadas habían vertebrado comunidades, hitos periodísticos y carreras millonarias, empezaron a recibir el certificado de defunción; cuando las pantallas empezaron a vertebrar comunidades y lanzar carreras millonarias mucho mejor y más rápido que el papel. Según el Estudio General de Medios, el 53,8% de la población española leía revistas entonces y, según la Oficina de la Justificación de la Difusión, había 285 cabeceras en quioscos. Aquel año, la prensa impresa se nutrió de 647,5 millones de euros en ingresos publicitarios, dice el libro European Media Governance: National and regional Dimensions. “El periodo entre 1995 y 2005 fue el pico de la influencia impresa, cuando internet aún no producía ingresos sustanciales y las ventas en quiosco no habían empezado a desplomarse, como ocurrió después”, apunta Eduardo Suárez, jefe editorial del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford. “Ese mundo saltó por los aires”.