Ferran Dalmau, ingeniero forestal y técnico de emergencias y protección civil, desplegado en el incendio de Ávila, el peor de la historia de España tras arrasar 50.000 hectáreas, lo tiene claro. Una enorme finca, que perteneció a Felipe II y que en el siglo XIX fue considerada una de las casas de campo más lujosas de Europa, ayudó a reducir la intensidad de las llamas y evitó que el fuego siguiese avanzando sin control.
“La gestión agroforestal de este terreno fue clave para contener el avance del incendio. Nos tiene que servir de lección. Ya no podemos seguir confiando únicamente en la extinción. Y no se trata de ”limpiar el monte“, sino de gestionar estratégicamente el combustible en áreas específicas para que los incendios encuentren discontinuidades y pierdan intensidad”, explica este experto.
La finca El Quexigal, de 1.200 hectáreas, ubicada en el municipio de Cebreros, conserva un palacio que fue construido en 1563 por Juan de Herrera, el mismo arquitecto que diseñó la obra maestra de El Escorial. Adquirida por el rey Felipe II para destinarla a actividades recreativas de la Casa Real, la finca estaba a cargo de monjes jerónimos. En ella producían aceite, vino, miel y alimentos, además de madera procedente de la abundancia de árboles, entre ellos el quejigo, que dio nombre a la parcela.







