Actualizado 09/08/2026 - 00:09h.

No se equivocó Carlos Zúñiga en sus predicciones: cuatro paseíllos de Morante y cuatro vendavales en la taquilla. Se colgó el ansiado cartel de 'No hay billetes' también en el festejo que menor interés había despertado, y entiéndase lo de menor, comparándolo con ... la locura del resto de tardes. Volvían a encontrarse en los ruedos el de La Puebla y El Juli, este como ganadero. Y ya de primeras ofreció un material que, pese a su salida suelta y su falta de chispa, tuvo clase y buena condición, exprimidas por el cigarrero desde que flotó literalmente en un trébol de chicuelinas, con una media de excelsa hondura. Andándole al toro, por trincherazos, se lo sacó a los medios, con un cambio de mano de categoría. Vendedor, de amable presencia, casi planeaba por el zurdo, y por ahí cosió naturales sobre una moneda de un céntimo, vertical y roto. Y más roto aún en esa trinchera allende los mares. En aquellos zurdazos ya debió arrancar la banda, pero se hizo de rogar hasta que cogió la derecha, por donde el del Freixo lucía menos recorrido. Viró a babor e intercaló después la mano de la cuchara como el famoso estribillo de Luis Fonsi: «Despacito, despacito». Y así lo mató. Suya fue la primera oreja.