8 de agosto, 2026 - 06h30Hay en Estados Unidos consultoras de privacidad. Miden qué tan expuesta está la vida privada de los ciudadanos, más aún en tiempos en que el desarrollo tecnológico permite, ya desde hace algún tiempo, exponer voluntaria o inconscientemente la vida en tiempo real, con restricciones que no siempre resultan efectivas. Como la consolidación del Gran Hermano global, en el cual nos observamos unos a otros de manera ansiosa.Vuelve entonces la privacidad a la cancha (nunca debió irse) y, al parecer, lo hace para recuperar la supremacía entre los derechos individuales. Y saltan al ruedo, con ella, las consultoras de privacidad, como Incogni, de EE. UU., que comienzan a tomarle el pulso a esa esquizofrenia de publicarlo todo en redes sociales.Ellos han estudiado el comportamiento en plataformas virtuales de mil personas en los Estados Unidos; y, como la influencia de esa sociedad es indiscutiblemente fuerte en Latinoamérica, vale revisar los resultados de lo que han dado en llamar “agotamiento digital”, que estaría impulsando ese reencuentro con la privacidad. Aquí yo agregaría un “¡Al fin!”.¿Qué encontraron? Que el 55 % de las personas afirma publicar menos contenido en redes sociales que hace cinco años. Una de cada dos ha bajado su exposición frenética. Los millennials y la generación Z son los grupos que experimentan mayor cansancio mental y presión al mantener su perfil en línea, impulsando el retiro gradual de la vida pública digital.Esto, se espera, tiene que derivar en un aumento de la privacidad: la mayoría de los usuarios (53 %) ha comenzado a restringir quién puede ver sus publicaciones y perfiles para evitar la sobreexposición pública, lo cual, debo decirlo, es como la vuelta a la cordura social.Y esto se pone mejor: más de la mitad de los encuestados siente que mantener una presencia en línea es como tener una jornada laboral no pagada más que como tiempo dedicado al ocio, al entretenimiento. Una especie de autoexplotación laboral. Y en la generación Z es donde más ocurre.Pero estas acciones, detectadas en la muestra de mil personas, son también provocadas por el mal manejo del estrés y salud mental. Casi uno de cada dos usuarios ha llegado a eliminar o pausar alguna red social o aplicación de mensajería debido al estrés, la saturación de contenido político, el acoso o el doom scrolling, aquel hábito compulsivo de pasar horas pegados al relato de tragedias, lo que sería incluso causa de ansiedad y angustia. Se evidencian también otras razones para el destete de plataformas con mucho contenido no usualmente verificado y contrastado. La hostilidad y las discusiones políticas están entre sus motivos principales para alejarse de las plataformas digitales.¿Resulta fácil desconectarse, para quienes han tenido la fortaleza para hacerlo? Hay un costo de impacto emocional: un 27 % experimenta paz o tranquilidad, mientras que un 29 % siente cierta ansiedad o FOMO (miedo a perderse algo).Que la privacidad esté recuperando su corona es una gran noticia. Habrá que crear rutinas y acciones para que quienes saltaron a la vida adulta sin valorarla aprendan a respetarla. (O)