La mexicana Carissa Véliz, profesora en el Instituto para la Ética de la Inteligencia Artificial y miembro del Hertford College de la Universidad de Oxford, ha pasado del anonimato a ser mundialmente conocida. Desde que Privacidad es poder (Debate) fuera elogiado por The Economist como uno de los mejores ensayos del año, Véliz se ha convertido en una referencia en todo lo relacionado con la vigilancia digital. Ahora colabora con The New York Times, The Guardian, The Independent o Nature, entre otros medios. Según esta nieta de exiliados españoles, proteger la privacidad implica pensárselo dos veces antes de compartir cualquier cosa, no publicar fotografías de otras personas sin pedirles antes su consentimiento, optar por dispositivos “tontos” en lugar de inteligentes siempre que se pueda (“una tetera inteligente no supone necesariamente una mejora respecto a una tradicional y sí representa un riesgo”, advierte) y dejar de utilizar Google como navegador principal.Empezaría por usar apps respetuosas: Signal en vez de WhatsApp; DuckDuckGo en lugar de Google; Proton Mail, y no GmailCarissa VélizFilósofa y experta en privacidadCarissa Véliz, fotografiada en La Llotja del Mar, Barcelona.Nacho VeraHasta no hace tanto, los británicos presumían de no querer que nadie mirase por el ojo de la cerradura (el “an Englishman's home is his castle” o “la casa de un inglés es su castillo”, podría traducirse como la irritación británica ante el fisgoneo). Usted que reside en Oxford, ¿cuánto diría que queda de aquella legendaria discreción british?¡Queda muy poco! Tampoco tengo claro cómo de arraigado estaba este sentimiento y si era sincero. También durante mucho tiempo existió la leyenda de los espías y el agente 007. Antes de la llegada de la tecnología digital, Inglaterra fue de los países que primero cedieron su privacidad a cambio de la ilusión de seguridad que supuso la instalación de cámaras en las calles, algo que es también muy inglés. Me decepciona y preocupa la reciente costumbre de poner cámaras dentro de los bares, las tiendas, etc. como si se tratara de bancos.Señala que muchos adolescentes ni siquiera alcanzan a imaginar cómo es vivir con privacidad. Ilumínelos…Es una sensación de libertad, de relajación, de hacer las cosas por uno mismo porque no hay nadie que te esté viendo, es una oportunidad de autenticidad y de poder vivir el momento.Lee tambiénAhora mismo estamos conversando, a propuesta suya, a través de Signal, una aplicación de mensajería gratuita que no vende datos personales. ¿Qué la hace diferente de WhatsApp?WhatsApp tiene como dueño a Meta, una empresa cuyo modelo de negocio está basado en la vigilancia, por lo cual intenta recolectar cualquier metadato. Por ejemplo, con quién te mensajeas, cuántas veces lo haces al día, cómo son de largas tus interacciones y otras informaciones muy reveladoras, mientras que Signal solamente recolecta dos datos, tu número de teléfono y la última vez que te conectaste.¿A qué tecnologías de vigilancia deberíamos de temer más? ¿Al reconocimiento facial? ¿A los asistentes personales como Alexa? ¿A robots aspiradores como Roomba?En primer lugar, a cualquier tipo de recolección de datos que robe el anonimato: no importa mucho que se te esté identificando por tu cara, por el modo en el que caminas o por tu frecuencia cardiaca. En segundo lugar, pondría a las tecnologías diseñadas para obtener el mayor número de datos posibles a fuerza de hacer irrelevante la encriptación como están haciendo ahora, por ejemplo, los agentes de inteligencia artificial que están aparecido. Tal vez el aspirador Roomba no entraría en ninguna de estas dos categorías, pero no es una tecnología que recomiende porque recolecta muchos más datos de los necesarios.¿Por dónde habría que empezar a cuidar la privacidad?Por bajarse aplicaciones que sean respetuosas: en vez de utilizar WhatsApp, pasarse a Signal; en lugar de usar Google como navegador, decantarse por DuckDuckGo o Qwant; en vez de Gmail quedarse con Proton Mail y ese tipo de cosas.Sostiene que la privacidad es una forma de poder. ¿Cómo se lo explica a los alumnos?En mis clases explico que la privacidad nos protege, precisamente, de posibles abusos de poder, porque, cuanto más sepa alguien sobre ti, más vulnerable eres.En Alemania el recuerdo de la Stasi sigue estando fresco, lo que hace que los ciudadanos se tomen la privacidad mucho más en serio que otros paísesCarissa VélizFilósofa y experta en privacidad¿Cómo predica usted con el ejemplo? ¿Dispone de teléfono inteligente, hace llamadas por Zoom, está presente en alguna red social?No se trata de llevarlo todo al blanco o negro. ¡Claro que utilizo Zoom cuando no me queda otra, aunque no me haga gracia! La gente se sorprendería del gran efecto que tiene hacer pequeños cambios de cara a la privacidad, aunque no seas perfecto. Es un poco como que puedes ser vegano, si así lo deseas. Pero… incluso si no eres vegano y consumes menos carne, eso ya tiene un efecto.Estudió Filosofía en la Universidad de Salamanca, donde existe un refrán que dice que ´lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta´. Es decir, que acudir a una de las universidades más antiguas de Europa no sirve de nada si uno anda corto de luces. Llevada esa idea al terreno colectivo: ¿diría que si una sociedad no valora culturalmente la privacidad, ninguna ley de protección de datos, por sofisticada que sea, conseguirá 'prestársela' después?Sí, completamente. La cultura no solo determina en qué leyes nos basamos sino, también, cómo las llevamos a la práctica. Hay países donde, sobre el papel, las leyes acerca de la privacidad son bastante buenas pero que cuando observas lo que pasa en la realidad, resulta muy decepcionante. Y también al contrario: hay países donde las leyes son en teoría peores pero que tienen detrás una cultura más sólida.¿A qué países se refiere?Un ejemplo podría ser México, un país que teóricamente tiene una buena ley para proteger la privacidad pero que, a la hora de la verdad, no sirve de gran cosa, y lo mismo diría de Inglaterra. Un ejemplo de lo contrario es Alemania cuyas leyes van más allá del reglamento europeo de protección de datos por su cultura y por una hipótesis que me parece bastante plausible: el recuerdo de la Stasi (la temida policía secreta de la extinta República Democrática Alemana) sigue estando fresco, lo que hace que los alemanes se tomen la privacidad mucho más en serio que otros países.¿Qué cree que están recomendando a sus vástagos en relación a la privacidad quienes mueven los hilos de la tecnología?Muchísima más privacidad de la que les dan a los hijos de los demás. En las altas esferas del poder se controla muchísimo la privacidad de adolescentes y niños. En Silicon Valley sigue estando muy de moda mandar a los hijos a escuelas donde no se usan las pantallas.Cuando te pregunten si disponemos de suficiente libertad como para poder cambiar el futuro, la respuesta adecuada es: ¿tenemos alternativa?Carissa VélizFilósofa y experta en privacidadHace unos años el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, insinuó que proteger la privacidad había dejado de ser una “norma social” ya que, gracias a Dios, habíamos “evolucionado”…No da la sensación de que Zuckerberg fuera muy sincero, ya que compró las cuatro casas que había alrededor de la suya para poder disponer de mucha mayor privacidad. Para ganar dinero, Zuckerberg está dispuesto a decir lo que sea necesario y a cambiar de opinión tantas veces como haga falta, en función de quien mande en EE.UU. Es importante recordar que la empresa de Zuckerberg surgió tras robar la base de datos de Harvard para clasificar a las mujeres en función de si eran guapas o no.La inmensa mayoría de la población está tan entregada a la digitalización que le importa un pepino cuanto de malo pueda decirse de ella. ¿Por qué deberíamos, entonces, proteger la privacidad?Porque sin ella no hay democracia. No proteger la privacidad implica que otros sepan cuál es tu dieta, cuánto dinero ganas, tu nivel de educación, tus preferencias sexuales, tus tendencias políticas o tus miedos, y todo eso se utiliza para saber qué te hace vulnerable para poder explotarlo.Titula su último libro Profecía (Debate) para alertar de que el lugar que ocuparon en la Antigüedad los astrólogos lo ocupan en la actualidad los algoritmos. Anímese a lanzar una profecía: ¿cuándo vaticina que la fe ciega en la IA dará lugar a una visión más crítica?¡No la haré! ¡Soy anti-oráculos! En todo caso, es algo que depende de nosotros: cuando queramos estar bien informados, cuando queramos responsabilizarnos más por nuestras democracias, entonces tendremos una visión más crítica. Me pregunta si esto pasará alguna vez, y le respondo que la historia es maravillosamente impredecible.En “Profecía” también recuerda que en la Edad Media era el bufón de la corte quien tenía el privilegio de decir verdades por la que otros habían sido castigados. ¿Cómo le gustaría despedirse con sentido del humor de nuestros lectores?Me gustaría despedirme con un par de comentarios. El primero es que muchas veces nos tomamos demasiado en serio cosas que dice gente a la que clarísimamente le falta un tornillo. En segundo lugar, cuando alguien pregunte si disponemos de suficiente libertad como para poder cambiar el futuro, la respuesta adecuada es: ¿tenemos alternativa?
Carissa Véliz, filósofa: “La privacidad es una forma de poder, y estamos renunciando a ella”
Referencia mundial en vigilancia digital, advierte que ceder datos personales no es inocuo: “Si más saben sobre ti, más vulnerable eres”, y que en Silicon Valley los directivos mandan a sus hijos a escuelas sin pantallas








