Enclavado entre el mar y la Serra de Tramuntana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, Sóller es uno de los municipios de Mallorca que con mayor intensidad sufre los efectos de de la presión turística, la proliferación de pisos de alquiler turístico, la escalada de los precios de la vivienda, la especulación inmobiliaria y la saturación de las carreteras. Este sábado, apenas dos semanas después de la multitudinaria -e histórica- protesta llevada a cabo en Palma contra la turistificación, los ciudadanos se han echado a las calles de esta localidad para denunciar las dificultades de los residentes para acceder a una vivienda, defender el comercio local y reclamar una mejora de la calidad de vida. La manifestación ha reunido a unas 2.500 personas, según los organizadores -unas 1.000, según la Delegación del Gobierno-.
Bajo el lema “Sóller al límit”, la marcha ha recorrido el centro histórico con la vivienda como una de sus principales reivindicaciones, pero también con el comercio de proximidad, la saturación turística y la pérdida de espacios para los residentes en el centro del discurso. Los convocantes sostienen que el acceso a un hogar se ha convertido en uno de los principales problemas derivados del actual modelo económico y que ya no afecta únicamente a los jóvenes que intentan emanciparse, sino también a trabajadores y familias que encuentran cada vez más dificultades para permanecer en el municipio.












