0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialSiempre fantaseo con entrar a trabajar de incógnito en un área de descanso como ésta en la que me encuentro hoy. Trabajar unos meses mientras me empapo de la melancolía de estos lugares y me invento cualquier trama con camareros y camareras, cocineros y cocineras, gente de mantenimiento y encargados. Personas que llegan hasta aquí en sus vehículos cada mañana y se marchan al acabar el turno. Mi protagonista dormirá aquí o como mucho, en algún sitio cerca. No quiero que regrese a la ciudad, que rompa la membrana de este no lugar. Pienso todo esto mientras me tomo un café con leche horrendo y frío y la luz del final de la tarde atraviesa los ventanales del local. Me pregunto cómo puedo hacerlo, a quién podría llamar para trabajar aquí cuando, de repente, suena una musiquilla. Sale de un caballito, de un autómata que funciona a euro. Lo que suena es la melodía de Bonanza . Bonanza era una serie de televisión de vaqueros que dejó de emitirse el 16 de enero de 1973. Pero en China, cuando construyen un caballo para los niños, consideran que la musiquilla de Bonanza funciona como reclamo. Es aterrador. Nunca he visto subirse a nadie a un bicho de esos en un área de descanso, pero siguen estando. Como tantas otras cosas, ocupan un espacio aquí, aunque no tengan sentido o porqué. Comprarse un libro. Solo los asesinos a sueldo de las películas se compran un libro en un área de descanso.Alguien debe de estar ganando algo con todas las cosas que se exponen para su venta en un área de descanso y que nunca se venden. Jamás he visto a nadie comprar esas navajas, los peluches, llaveros o subirse a caballitos que simularan ir al trote mientras suena Bonanza . Son como restos de cosas que un buen comercial –el mejor comercial del país, sin duda, con productos llegados desde China y desde todos los lugares del mundo– dejó en depósito y nunca vino ni a cobrar ni a por ellos. Es posible que la panza de ese caballito esté llena no solo de euros sino incluso de pesetas o doblones. El último capítulo de Bonanza lo pudo ver Franco y aún le quedaban por firmar sentencias de muerte.Alguien debe ganar algo con las cosas a la venta en un área de descanso que nunca se vendenNo sé muy bien de qué iría mi novela, pero sus protagonistas serían trabajadores del área. Una suerte de aquella película, Frankie & Johnny , y, como ellos, se enamorarían. Al principio iría todo fatal, pero acabaría bien. O sería una novela de asesinatos. Cómo desembarazarse de un cadáver en un área de descanso. Salir de noche con el cuerpo en el maletero e internarse en el campo solitario de la España vacía. Cavar una tumba es un trabajo muy duro. Hay que saber dónde cavar. Mejor dejarlo en un lugar en el que no pudieran encontrarlo con facilidad. Una pareja mata a un tercero. Al encargado. El cartero siempre llama dos veces en el área de descanso. Cuando lo asesinan se hace el silencio y, de repente, suena Bonanza . Ya casi lo tengo.Todos guardamos en nuestro imaginario cinéfilo a la camarera de las películas yanquis que viene a rellenar la taza de café, que no permite que tonteen con ella, que se apunta todo en una libreta con un bolígrafo azul. Tiene sus años la camarera y las ha visto de todos los colores. Se casó joven y se divorció dejando atrás el pequeño pueblo de Wichita donde nació. No tiene hijos o quizás una hija en el otro lado del país con la que apenas se habla. A la camarera le rompió el corazón una o dos veces un tipo como tú. Parecido a ti o sea que las manos quietas, no me toques las narices, y decide: ¿quieres o no quieres tortitas? Esas camareras siguen allí. La mutación nacional de esas camareras son mujeres duras que trabajan mucho y cobran poco, que tienen horarios extremos, es posible que con familia e hijos, pero uno tiene la sensación de que también tienen el corazón roto y que el que se lo rompió llegó un día por aquí, de hecho pasaba mucho por aquí, a tomarse un café o comer y luego se largó y dejó de pasar.Te gustaría enamorarlas. Como te hubiera gustado hacerlo con Emily Dickinson, salvar a Sylvia Plath o que se fijara en ti Lucia Berlin. No hay libros de ellas en ningún área de descanso del país. Lucia Berlin reconocería la melodía de Bonanza . Vivir en cualquier lugar de Sudamérica, sentarse en el sofá una noche calurosa al lado de Lucia Berlin y hablar de jazz, tomando limonada fresca mientras esperamos a que empiece el último capítulo en La Ponderosa. Qué cerca del Paraíso. Pillo a uno de los camareros, detrás de la barra, mirando por uno de los ventanales. Igual está pensando en la novela que escribirá o quizás, simplemente, esté que soñando con escapar hacia el horizonte. Una nueva vida. Suena Bonanza .
Perdido en un área de servicio de carretera
El autor permanece unas horas encerrado en uno de esos no lugares que, en 1992, el antropólogo Marc Augé definió como esos espacios intercambiables donde el ser humano permanece anónimo









