Viajó casi 300 kilómetros para matarla. Dámaso Fernández, de 49 años, se trasladó desde Zamora hasta Llanes (Asturias) para asesinar a Laura Cruz, su exmujer y madre de sus tres hijos. Lo hizo en el cuartel de la Guardia Civil de la localidad tras romper una taquilla y robar el arma a un compañero. Conocía bien las dependencias porque ambos eran guardias civiles y él había estado trabajando allí antes de ser destinado a Zamora, tras ser condenado por violencia machista hacia ella. Ya dentro del cuartel, se dirigió al despacho en el que Laura estaba trabajando y abrió fuego.

Es uno de los dos crímenes mortales por violencia de género el pasado miércoles, ambos en menos de 24 horas y los dos perpetrados por hombres en lugares abiertos al público: el segundo ocurrió en el centro comercial Carrefour Infante de Murcia, donde un hombre mató a su expareja en la zapatería en la que él trabajaba. Tenían una hija de cinco años en común. Pasadas unas pocas horas, el Ministerio de Igualdad confirmó ambos casos, elevando a 36 el número de asesinatos machistas en lo que va de año.

Los dos crímenes han dejado a cuatro menores de edad huérfanos, algo que es habitual —en torno a la mitad de las mujeres asesinadas tenían hijos— y comparten la circunstancia de no haber sido cometidos en el hogar, a pesar de ser lo más habitual. Según el informe del Consejo General del Poder Judicial que analizó los 1.000 asesinatos ocurridos desde 2003, la inmensa mayoría se producen en el domicilio —el 75%—, pero el resto ocurren en el vehículo, el lugar de trabajo de la víctima o en plena calle.