El calor extremo que azota Europa no ha perdonado tampoco a Gran Bretaña: tras el mes de julio más seco de la historia la mitad de Inglaterra y todo Gales se encuentran oficialmente en sequía, la tercera de los últimos cinco años.

Gran parte de la campiña inglesa, esa “verde y agradable tierra” según el famoso poema de William Blake, es ahora un erial que deja irreconocibles los paisajes más emblemáticos del país.

En Inglaterra, las lluvias de julio fueron solo el 7% del promedio histórico, y en el sur del país, aún más bajas, de solo el 1%, el nivel más bajo desde se empezaron a medir, en 1836. La sequía también ha reducido el caudal de ríos y lagos: el Támesis, a la altura de Reading, está registrando su nivel más bajo de la historia.

Más allá de su impacto visual, la falta de lluvia ha provocado un número inusual de incendios forestales, 393 solo en julio, y está causando grandes pérdidas en las explotaciones agrícolas y un daño incalculable a la fauna local.

Las compañías de agua no prevén que esté en riesgo el suministro de agua potable, ya que los embalses están llenos tras un invierno donde no faltó la lluvia. Pero han prohibido a 23 millones de personas en Inglaterra y Gales que usen las mangueras para regar sus jardines.