En los últimos años se ha desarrollado en España un nuevo concepto de turismo denominado 'slow driving', que consiste en disfrutar sin prisa y con calma de las carreteras secundarias que presentan trazados con curvas, paisajes espectaculares y la posibilidad de apoyar al turismo local. Actualmente, en nuestro país nos encontramos con varias carreteras que cumplen con estos estándares, que hacen el placer, sobre todo para los motoristas. Una de ellas es la GI-682, que presenta un trayecto por la Costa Brava entre Blanes, Lloret de Mar, Tossa de Mar y Sant Feliu de Guixols, todos municipios situados en la provincia de Girona. En definitiva, esta vía que atraviesa el espacio natural del macizo de Cadiretes propone una experiencia con montaña, naturaleza y mar en un solo trayecto.¿Qué características tiene esta carretera? La GI-682 destaca principalmente por el tramo de 21 kilómetros que conecta Tossa de Mar con Sant Feliu de Guíxols, un trazado que encadena 365 curvas. Históricamente, fue uno de los proyectos más complejos de la red viaria catalana debido a la dificultad orográfica del terreno, lo que provocó que el tramo entre Tossa y Sant Feliu no se finalizara totalmente hasta el año 1931. A nivel técnico, se define por ser una vía estrecha que serpentea por un terreno abrupto que ofrece constantes cambios de rasante y pendientes que exigen la máxima concentración del conductor.Más allá de su diseño vial, la carretera invita a la conducción relajada gracias a una serie de señales pensadas para el disfrute calmado. Además, el trazado ha sido escenario de numerosos rodajes y campañas publicitarias. Asimismo, es un recorrido muy apreciado por ciclistas profesionales que eligen sus curvas para entrenar durante el invierno, atraídos por la suavidad del clima y la ausencia de tráfico pesado.¿Qué paradas y puntos de interés no deben faltar en un viaje por la GI-682? El viaje comienza en Tossa de Mar, donde es imprescindible visitar su recinto amurallado medieval, la Vila Vella, y el imponente castillo que vigila la playa Grande. Ya en ruta, la carretera da acceso a algunas de las calas más exclusivas y salvajes de la Costa Brava, como Cala Bona, Cala Pola y Cala Giverola, famosas por sus aguas transparentes. Otros enclaves naturales destacados son la Playa de Can Dell, Cala Joana y las calas de Vallpresona y Senyor Ramon en el entorno de Santa Cristina d'Aro.Asimismo, durante el trazado te encontrarás con miradores estratégicos, destacando el mirador de Pedra Polida, uno de los puntos más icónicos de la red vial catalana. Al final del recorrido, en Sant Feliu de Guíxols, aguarda un patrimonio cultural de primer nivel con su monasterio benedictino y el Espai Carmen Thyssen.Otras carreteras de España para disfrutar del slow driving España ofrece alternativas excepcionales para los amantes de las rutas panorámicas. En el interior de Teruel sobresale la Ruta del Silencio (A-1702), un recorrido de 63 kilómetros reconocido como la mejor ruta nacional en 2022. Este trazado serpentea por el Maestrazgo y permite descubrir parajes geológicos únicos como los Órganos de Montoro y pueblos con encanto medieval como Cantavieja. Al igual que la vía catalana, destaca por su aislamiento y la espectacularidad de sus formaciones calcáreas plegadas.Otra opción destacada es la Ruta del Valle del Jerte en Cáceres, a través de la N-110, famosa mundialmente por la floración de sus cerezos y sus miradores en la Sierra de Gredos. Asimismo, la Ruta de la Herencia del Califato (N-432), que une Córdoba y Granada a lo largo de 174 kilómetros, permite un viaje en el tiempo entre fortalezas medievales y pueblos blancos como Zuheros.