Noticia Exclusivo suscriptores La saliente administración pasará a la historia por los continuos choques con otras ramas del poder. Apostó por desinstitucionalizar. El presidente Gustavo Petro en Cali. Foto: AFPPERIODISTA06.08.2026 18:50 Actualizado: 06.08.2026 18:50
Hasta el último día en la presidencia, Gustavo Petro se mantuvo en su discurso polarizador y de choque con la institucionalidad. Ningún mandatario en los últimos 35 años había puesto tan a prueba el principio de la cooperación armónica consagrado en la Constitución. Una de las principales características de su cuatrienio fue la pugnacidad con la que llevó sus relaciones con el Congreso, las altas cortes, el Banco de la República y hasta la Registraduría. LEA TAMBIÉN Si bien es cierto que en gobiernos anteriores hubo choque de trenes con otros sectores de la institucionalidad (Uribe y las cortes, Duque y la JEP, Pastrana y el Congreso, entre otras), los cuatro años que culminan el día de hoy no tienen antecedente: se caracterizaron por las tensiones continuas desde el día uno –con el tema de la espada de Bolívar– y que se terminaron prolongando hasta el último momento, con la insistencia, sin fundamento alguno, en un supuesto fraude electoral. Petro sale del poder con un discurso polarizador que buscará mantener para ser el principal líder de la oposición en el país. Sin embargo, llegó a superar cualquier límite conocido en el país, pues no solo puso en duda el resultado de los comicios, sino que es la hora en que no ha reconocido la victoria del nuevo mandatario, al que incluso bautizó en su último discurso como ‘Abelardo, el breve’, ante la supuesta ilegitimidad de su mandato. Esto llevó a que el miércoles el registrador Hernán Penagos volviera a mostrar que no hubo irregularidad alguna en el proceso electoral en el que Abelardo De La Espriella se impuso por poco más de 250.000 votos. “Quiero invitar con mucho respeto a que no se manipulen los datos electorales, porque esta circunstancia está generando lenguaje de odio y amenazas contra la infraestructura de la Registraduría y contra el talento humano de miles de personas que han trabajado de manera muy juiciosa durante todo este año electoral”, advirtió Penagos en una rueda de prensa a dos días de la posesión presidencial de Abelardo De La Espriella. LEA TAMBIÉN Ante estos extremos, expertos han dicho: “El ocaso del gobierno Petro ha develado su verdadera naturaleza; desafiante contra la institucionalidad, montado en pobres y poco sustentadas teorías de un fraude electoral y desconociendo el rol de los organismos electorales y de la justicia. Un libreto que no sorprende, dado que ya en el pasado había también desconocido y desafiado al Congreso y a las cortes, advirtiendo un supuesto golpe blando”, afirmó Gabriel Cifuentes, columnista de EL TIEMPO y analista. Pero no solo fue al final del gobierno Petro. Desde el primer semestre, los roces con las otras ramas y la institucionalidad se dieron de forma esporádica, pero la verdadera ruptura comenzó cuando el propio presidente decidió romper la coalición de gobierno. Desde entonces, hubo múltiples episodios de crisis en la institucionalidad. Con cada rama se puede hacer un resumen de las salidas de tono de Petro. A finales de 2024, cuando las comisiones económicas del Congreso negaron de forma unánime la reforma tributaria que presentó para cubrir el déficit con el que venía el presupuesto de la vigencia del siguiente año, que también había sido negado por las células legislativas, Petro dijo que ‘rompía’ con las comisiones económicas, algo que finalmente no pudo materializar, porque tuvo que presentar nuevos presupuestos y reformas tributarias. Incluso, a pocos días de finalizar su mandato, volvió a presentar una propuesta fiscal para buscar más recursos ante el déficit en las arcas de la nación. LEA TAMBIÉN El choque más duro llegó cuando el presidente Gustavo Petro desconoció a mediados de 2025 la decisión del Senado de rechazar la convocatoria de una consulta popular por la reforma laboral y de la salud. En respuesta, sacó lo que se conoció como el ‘decretazo’, con el que pretendió llevar a las urnas al país a pesar del pronunciamiento inicial del Congreso. En ese mismo tono, a finales de 2025, trató de saltarse la voluntad del Congreso de no aprobarle una nueva reforma tributaria. En respuesta, emitió una emergencia económica y social para emitir los impuestos que no pudo sacar por la vía legislativa. Como era de esperar, la Corte Constitucional la tumbó tan pronto como la tuvo en el orden del día. La mayor muestra de su desconocimiento sobre la voluntad del Congreso se retrató en sus varios intentos de convocar a una asamblea constituyente. “En mi gobierno estamos abiertos al diálogo, pero sin ingenuidad. Si la posibilidad de un gobierno elegido popularmente no puede aplicar la Constitución porque lo rodean para no aplicarlo, entonces Colombia tiene que ir a una asamblea nacional constituyente. Colombia no tiene que arrodillarse, el triunfo de 2022 se respeta y la asamblea debe transformar las instituciones para que le obedezcan al pueblo su mandato de paz”, dijo el saliente mandatario desde Cali en marzo de 2024. Al final, nunca se materializó su propuesta, pero sí dejó ver el intento de saltarse la institucionalidad establecida para aplicar su agenda. LEA TAMBIÉN Con las altas cortes también hubo choques. Cada decisión adversa a sus deseos significó duros ataques y reclamos que incluso terminaron con una dura movilización que bloqueó por varias horas el Palacio de Justicia. Asimismo, llegó a decir que lo censuraban cuando el Consejo de Estado le puso límite a sus alocuciones. Ahora, recientemente, la Corte Constitucional se hizo objetivo de la ira presidencial cuando tumbó la declaratoria de emergencia por el déficit fiscal. El Banco de la República también fue blanco del ataque a la institucionalidad del saliente presidente. Además de criticar las posturas del Emisor, Petro ordenó romper con este cuando mantuvieron la subida de las tasas de interés. “El choque institucional es una manera de degradar la democracia y sus instituciones, y está asociado a formas de gobierno de corte populista autoritario como lo fue el gobierno de Petro. El autoritarismo no es solo el desconocimiento de las diversas formas de pensamiento, es también una degradación del diálogo institucional”, de esta forma resumió Gonzalo Araujo, de la firma analista Orza, lo ocurrido en este cuatrienio.Fin del gobierno Petro Foto:JUAN SEBASTIÁN LOMBO DELGADORedacción política Sigue toda la información de Política en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.













