La pol�mica por las g�rgolas �sodomizadas�, �empaladas�, �ensartadas�... y todo el ingenioso cat�logo de apodos que se han ganado las piezas del Hostal de los Reyes Cat�licos, frente a la Catedral de Santiago, tras la incorporaci�n de unos alargados ca�os de cobre para evacuar el agua de lluvia, ha desbordado hace tiempo el mero debate arquitect�nico. Del simple revuelo en redes y el cuchicheo compostelano ha saltado incluso a las p�ginas de The Times, convertida ya en una acalorada disputa sobre los l�mites de la restauraci�n y la forma en que una sociedad contempla su patrimonio. ��Ve una g�rgola sodomizada? Entonces necesita un psiquiatra�, titul� el diario brit�nico.La frase sali� de la conferencia que el propio arquitecto responsable de la intervenci�n, Fernando Cobos, mantuvo hace unas semanas en el Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG). M�s de una hora y media dedic� a defender que la actuaci�n era �la mejor soluci�n� para preservar la fachada, aunque pronto dej� las cuestiones t�cnicas para situar el foco en lo que, a su juicio, explica el origen de todo el revuelo. �Los ca�os insertados en las g�rgolas de la parte occidental llevan casi un a�o a la vista de todos y no pas� absolutamente nada. La pol�mica surge despu�s, cuando se descubre la parte derecha. �Por qu�? Porque hay un culo�, resumi�.Para Cobos, las cr�ticas nacen de un malentendido: muchos ven en esos a�adidos una ruptura con la tradici�n medieval de las piezas cuando sucede exactamente lo contrario. ��Qu� significa un culo?�, pregunt� ante un auditorio repleto de arquitectos y expertos en patrimonio. Una cuesti�n que, a simple vista, podr�a sonar m�s a una desafortunada broma de sobremesa que a una reflexi�n sobre historia del arte, pero que le sirvi� para reivindicar una �poca que conviv�a con absoluta naturalidad con la s�tira, la burla y la provocaci�n; un esp�ritu �burl�n y festivo� que ya estaba presente en la g�rgola mucho antes de la restauraci�n y que las nuevas lanzas no han hecho sino preservar.Con esa idea, defendi� que la intervenci�n no resulta m�s extravagante que muchas de las representaciones que la propia Edad Media leg� a la historia del arte. Cit� entonces a los llamados �culos trompeteros�, esas figuras grotescas y burlonas, frecuentes en la iconograf�a medieval, que expulsan aire o tocan instrumentos con las nalgas. Record� incluso que uno de los ejemplos m�s c�lebres aparece en El jard�n de las delicias de El Bosco.En el tr�ptico favorito de Felipe II, conservado durante a�os junto al lugar desde el que escuchaba misa en El Escorial, un personaje toca una flauta con el trasero. Y, llevado por esa misma l�gica, lleg� a plantear que si aquello hac�a m�s digerible la intervenci�n a ojos de sus detractores, podr�a sustituirse el pol�mico a�adido por una trompeta. La pieza seguir�a cumpliendo su funci�n, asegur�, pero adem�s acentuar�a todav�a m�s �el esp�ritu l�dico� de la escultura: ��Por qu� vamos a quitarle el ca�o del culo? �Qu� explicaci�n le vamos a dar a la gente? �Qu� la sociedad de Santiago del siglo XXI no era capaz de soportar una broma de un cantero de 1507?�.En las �ltima semana, adem�s, la pol�mica ha entrado en una nueva fase. Turespa�a, responsable de la intervenci�n, ha comenzado a estudiar una posible modificaci�n de los tubos despu�s de que la Direcci�n General de Patrimonio Cultural de la Xunta reclamase revisar la soluci�n adoptada. Su final parece, por tanto, m�s cerca que nunca. Pero quiz� en aquella pregunta de Cobos est� la verdadera cuesti�n de fondo. �Estamos ante un disparate patrimonial que su autor trata de apuntalar con piruetas intelectuales m�s o menos ingeniosas? �O ser� que la paradoja es otra y que nosotros, tan orgullosos de nuestra modernidad, nos escandalizamos por algo que aquellos hombres de hace cinco siglos representaban con absoluta naturalidad, sin necesidad de convocar una comisi�n de crisis cada vez que la piedra se permit�a una obscenidad?El catedr�tico de Historia del Arte de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), Juan Manuel Monterroso, es m�s partidario de esta segunda tesis. M�s all� de explicar que la propia naturaleza de las g�rgolas era la de �provocar una reacci�n�, muchas veces desde lo grotesco o lo obsceno, matiza que los mencionados �culos trompeteros� no son una extravagancia aislada, sino un ejemplo de todo un universo iconogr�fico conocido como marginalia.El t�rmino hace referencia a las escenas que los monjes dibujaban en los m�rgenes de biblias, breviarios y manuscritos medievales despu�s de pasar largas horas copiando una y otra vez los mismos textos sagrados. En aquellos peque�os espacios en blanco daban rienda suelta a su imaginaci�n: demonios burlones, animales imposibles, cl�rigos ridiculizados y, sobre todo, referencias sexuales y bromas escatol�gicas: �Era una manera de abrir un espacio para la s�tira y la burla muy cerca de lo sagrado. Son im�genes escondidas del discurso oficial�.Una tradici�n que con el tiempo lleg� tambi�n a la escultura, la literatura y la cultura popular. �Nadie se escandaliza de que Dante cierre uno de los cantos m�s c�lebres del Infierno con el demonio Barbariccia dando la se�al de marcha a los diablos con un sonoro ‘Ed elli avea del cul fatto trombetta’, es decir, ‘Y hab�a hecho de su culo una trompeta’�. Recuerda tambi�n que el mismo verso reaparece siglos despu�s en Ulises, de James Joyce, y que ese imaginario grotesco puede rastrearse incluso en Sopla, uno de los Caprichos de Goya, donde una bruja aviva una llama con la ventosidad de un ni�o al que utiliza como si fuera un fuelle.�Son im�genes con las que convivimos desde hace much�simo tiempo. Quiz�, vistas con los ojos del siglo XXI, puedan resultar algo chocantes, pero no deja de sorprender que, con todos estos antecedentes a nuestras espaldas, hoy estemos librando una batalla cultural por un simple conducto que asoma del trasero de una g�rgola�, defiende.A su juicio, buena parte del problema reside en que, dentro del mundo del patrimonio, las explicaciones suelen llegar cuando la intervenci�n ya est� hecha. Eso dificulta que la ciudadan�a comprenda los proyectos, participe en ellos o se sienta escuchada. Aun as�, reconoce que est� �encantado� con la discusi�n porque �demuestra hasta qu� punto los compostelanos sienten el patrimonio como algo propio�.Sin embargo, nada de esto convence a la Asociaci�n para la Defensa del Patrimonio Cultural Gallego (Apatrigal). A la entidad le interesa poco si las nuevas lanzas encuentran precedentes en los �culos trompeteros� o en otras representaciones medievales. Para ellos, el problema no est� en la iconograf�a, sino en el procedimiento. �De poco sirve explicar un proyecto cuando la obra ya est� ejecutada�, sostienen. Las explicaciones posteriores pueden justificar una decisi�n, pero �ya no permiten corregirla ni someterla a un verdadero debate previo�.Sea como fuere, la pol�mica parece cerca de su final. Todo apunta a que, cinco siglos despu�s de que un cantero ense�ara un culo al Obradoiro, ser� el ca�o, y no la g�rgola, el que escandalice lo suficiente como para desaparecer.
De las "g�rgolas sodomizadas" a los "culos trompeteros": la obra m�s pol�mica de Santiago encuentra su defensa en el arte escatol�gico medieval
La pol�mica por las g�rgolas «sodomizadas», «empaladas», «ensartadas»... y todo el ingenioso cat�logo de apodos que se han ganado las piezas...






