Quienes visitan la Colegiata de Toro, en Zamora, suelen pararse a contemplar los detalles de sus portadas, un conjunto escultórico excepcional de los siglos XII y XIII, cuando el primer gótico recogía el testigo del último románico. Entre las figuras más llamativas aparecen una serie de personajes —los 24 ancianos que describe el Apocalipsis de la Biblia— tocando instrumentos musicales como violas, flautas o tambores. Al observarlos, lo habitual es pensar que así eran exactamente los objetos que se utilizaban en la Edad Media para hacer música, creer que los canteros los habían copiado, literalmente. Incluso los especialistas de hace décadas podían caer en esa 'trampa'.

Los investigadores actuales, sin embargo, se muestran mucho más cautos y se plantean una duda: ¿Y si los instrumentos que aparecen en las esculturas de las portadas, las pinturas murales de las iglesias o las miniaturas de los libros medievales no fuesen como los que se utilizaban en la época? ¿Y si solo se tratara de obras de arte un tanto ajenas a la realidad?

Estas preguntas explican el origen de la aventura que el luthier griego Christos Kanellos vive estos meses, precisamente, en la ciudad de Toro. Hace veinte años, dejó su país natal para estudiar guitarra clásica en Córdoba. Cuando conoció el trabajo que había detrás de la fabricación del instrumento fetiche del sur español, Christos se dejó impresionar por el proceso. “Me enamoré de las manos del artesano, de su tacto trabajando la madera”, reconoce.