En uno de los muros de la iglesia de Arbulo, un pueblo alavés de apenas un centenar de habitantes, aparecen pintadas varias figuras esquemáticas (cruces, ruedas de ocho radios) junto a ingenuos animales, como jabalíes, diversas aves enfrentadas o un pavo real. No siguen ningún orden lógico, están “como flotando” en la pared, son de un color rojo ligeramente apagado, y su antigüedad se remonta al siglo XII. El historiador del arte Gorka López de Munain, natural de la zona, conoce el templo de siempre. Pero es ahora, cuando, tras una reciente restauración se han descubierto estos dibujos en la pared más antigua del edificio, le da vueltas (y más vueltas) a su posible significado en una concienzuda investigación.

Hasta ahora, el profesor de la Universidad del País Vasco ha encontrado algunas respuestas —como el hecho de que no se trata de un ejemplo aislado, sino de un “fenómeno cultural” presente en otros templos medievales—, pero aún hay muchos interrogantes. ¿Qué sentido tienen estos dibujos en una iglesia pretendidamente cristiana? ¿Se hicieron a espaldas de la religión dominante? Y, sobre todo, ¿qué nos quieren contar?

Hasta ahora, de este tipo de pinturas —esquemáticas y de color rojo— apenas se tenía información. “No las habíamos estudiado porque estaban fuera del canon histórico-artístico”, explica el historiador. Es decir, al margen del arte que solemos asociar al catálogo de los siglos XII y XIII, de esas imágenes frontales y colores variados tan características del románico, a las más expresivas del gótico. Siempre con la religión cristiana como tema dominante.