Barnices, lápices, bisturíes y gubias, entre otras herramientas, se hallan sobre las mesas de trabajo de los talleres de lutería —el oficio de construir o reparar instrumentos de cuerda—, a la espera de las manos expertas que las usarán.

El oficio se remonta a la Edad Media, con los artesanos dedicados a fabricar ese tipo de instrumentos y que, siglos después en Cremona, Italia, con Antonio Stradivari, tiene a uno de los grandes exponentes de este arte. A la fecha, aún se investiga el método artesanal de fabricación de los violines Stradivarius que, según datos de la Universidad de Texas A&M, por su calidad y sonido, pueden alcanzar un precio de hasta US$10 millones.

En Guatemala, los artesanos dedicados a este oficio, llamados lutieres, han seguido la tradición de aprenderlo en talleres o en empresas especializados en la comercialización de instrumentos musicales. En la medida en que las oportunidades y el presupuesto lo permiten, buscan capacitarse con maestros internacionales.

Así lo refiere Luis López Quin, propietario de Lutheria Studio, un taller que recibe alrededor de 300 instrumentos al año, para diferentes trabajos, donde las flautas y violines son los más usuales. El lutier recuerda que su formación se inició en el Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara, y su interés por la lutería lo llevó a capacitarse en EE. UU. inicialmente, y después con maestros internacionales —como Claudio Amighetti (Italia) y Luis Gilberto Lavalle (México)—.