Cada vez son menos las personas que eligen dedicarse a oficios vinculados a la construcción, como plomero, electricista, albañil o carpintero. Sin embargo, el catalán Jordi Aguilera decidió seguir con el legado familiar y hoy está al frente de un taller artesanal dedicado a la fabricación manual de ladrillos. El artesano cuenta que originalmente a estos espacios se los llamaba bóbila. Sin embargo, afirma que “la palabra se ha perdido al igual que desaparece el oficio”. Aunque es la quinta generación de su familia que continúa con el negocio asegura que sostenerlo no es nada fácil. "No ha sido nada fácil, pero se consiguió", admite. Jordi Aguilera: "Todos son oficios bonitos y nunca falta trabajo""Hay que valorar muchos trabajos, no solo la cerámica o la bòbila, sino también a los carpinteros, electricistas, pintores o albañiles. Todos son oficios bonitos y nunca falta trabajo", sostiene Aguilera, quien recientemente fue distinguido como Maestro Artesano en los Premios Nacionales de Artesanía.Además, explica que, pese al avance de la tecnología, el trabajo manual con el que fabrican cada ladrillo mantiene la misma esencia de hace más de un siglo."Soy la quinta generación y seguimos prácticamente el mismo proceso de hace 150 años. Trabajamos con el mismo horno, que es un agujero en la montaña. Está excavado en la montaña y construido con bóveda catalana de ladrillo", detalla."Seguimos haciendo las cosas como siempre se han hecho aquí. Mantenemos el oficio y la tradición fabricando ladrillos, baldosas o adobes", agrega.Por otro lado, el artesano asegura que nunca sintió la obligación de continuar con el negocio familiar, sino que fue una decisión que tomó de manera natural."Para mí la bòbila nunca ha sido un negocio. Venía desde pequeño, siempre he estado aquí. Pero en ningún momento pensé: 'Tengo que seguir porque soy la quinta generación'. Lo he hecho porque me gusta", afirma.Incluso recuerda que su padre prefería que se dedicara a otro rubro: "Mi padre tenía más ganas de que lo dejara".Sin embargo, aunque disfruta de su trabajo, reconoce que mantener un emprendimiento artesanal implica afrontar constantemente desafíos.Jordi Aguilera: "El trabajo no es fácil y lo más normal es no continuar"A pesar de que es un oficio que ama y que elige cada día admite que no es fácil. "Mi hermano trabajó aquí durante muchos años y fue fantástico. Pero el trabajo no es fácil y lo más normal es no continuar; ahora trabaja como peón", cuenta.En esa misma línea, contó la situación se repite cada vez más. "Estoy rodeado de amigos cuyos padres tenían negocios familiares y muy pocos han seguido con ellos", asegura.Por eso, cree que el futuro de muchos oficios tradicionales está en peligro. "Creo que acabará siendo más un hobby que un negocio. No soy negativo, soy realista. La gente que conozco lo hace como afición. Fabrican baldosas o algún jarrón, pero luego son profesores o trabajan en otra cosa", sostiene.Por último, remarca que si se quiere preservar la artesanía es necesario generar condiciones para que estos emprendimientos sean viables."Querer recuperar pequeños negocios o artesanos a última hora y con prisas no sirve de nada. Primero hay que facilitar que sean rentables. Como mínimo, una empresa artesana no puede estar sometida al mismo nivel de exigencia que una compañía con 50 trabajadores", concluye.