Hay una familia en Llinars del Vallès (Barcelona) que, cuando mira a la Sagrada Família, puede reconocer la huella de su estirpe. Son los Barbany, un linaje de picapedreros que llevan más de 130 años dedicados al oficio y que, durante cuatro generaciones, han suministrado su artesanía al templo de Gaudí.

Todo empezó a finales del siglo XIX con Joan, el primer Barbany que se dedicaría a la piedra. Se formó en Marsella y, una vez de vuelta a Catalunya, en seguida se hizo un nombre. A pesar de ser nuevo en el oficio, hay iconos de Barcelona que llevan la marca de su cincel. Aunque él no esculpió para la basílica, sí suministró material de su cantera durante los primeros años de su construcción.

Las primeras piezas talladas íntegramente para la Sagrada Família en este taller familiar datan de los años 90 del siglo pasado, de la mano de los hijos de Joan: Peret y Pitu. Desde entonces, se han elaborado, entre otros centenares de piezas, las columnas de los portales de la Glòria y de la Pasión, las esculturas de los cuatro Evangelistas, la recién instalada cruz de Jesús (que ha convertido a la Sagrada Familia en el templo más alto del mundo) o las célebres escaleras de caracol del interior.