Visitamos el tejar malagueño que elabora sus piezas recuperando el proceso de cocción tradicional de los suelos de barro de la zona
Pedro Rosa (Málaga, 52 años) comenzó con el proyecto de Todobarro después de lo que él llama “la travesía del fracasado”. La crisis de 2007 arrasó con los negocios que tenía de materiales rústicos para proyectos de interiorismo. “Nadie te prepara para un fracaso empresarial. Eso hay que vivirlo, por mucho MBA que se haya hecho… Me llevó unos ocho años levantarme”, relata. “Ahora
-que-se-crean-en-espana-no-llegan-a-los-tres-anos.html" data-link-track-dtm="">se habla del fracaso con mucha más naturalidad, pero hace 20 años no. Quien se ha podido dar una segunda oportunidad de este tipo a sí mismo, para mí es como de otro pedigrí. Se lo noto hasta en la mirada”.
Tras unos años amargos, con la ayuda de su familia, pero también gracias a Antonio Ruiz, dueño de un tejar, consiguió salir adelante. Fue por él que se instaló en uno de esos tejares tradicionales de Vélez-Málaga que antes se dedicaban a hacer tejas de manera artesanal aprovechando el barro rojo de la zona pero que ahora hacen pavimentos. En su trayectoria previa, Pedro Rosa se había dedicado, entre otras cosas, a la recuperación y venta de suelos antiguos de barro procedentes de casas tradicionales o de cortijos, que iban a ser sustituidos por materiales más contemporáneos. Levantarlos sin dañarlos es relativamente sencillo y conservan una pátina especial que no tienen los nuevos, muy apreciada en otros países como Francia o Estados Unidos.






