A los pies del macizo de las Gavarres, en Girona, el Baix Empordà concentra la mayor comunidad de artesanos del barro de Cataluña. Una tradición alrededor de la cocción de la proverbial arcilla roja, con epicentro en La Bisbal
“Es mi faena y mi vida”. Hace 25 años, prácticamente la mitad de su existencia, Josep Matés hundió sus manos en el barro rojo del Baix Empordà y no ha vuelto a sacarlas de ahí. “Es lo que me da sentido: territorial, cultural, patrimonial, tecnológico y estético”, proclama. Y, añade, no por casualidad: “Lo que hacían los íberos no era casual, lo que hacían los romanos no era casual y lo que hago yo, tampoco. Si es así desde hace miles de años, será por algo”....
Matés se explica como un docente (lo fue casi una década, de hecho), suena a historiador, a arqueólogo y a etnógrafo, pero es alfarero ceramista. Por elección. Y no pretende ser otra cosa. “No soy académico, nunca ha sido mi trabajo, aunque cada vez dedico más tiempo a la investigación”, admite. “Aquí hay mucha tradición transmitida durante generaciones, una información oral no aprendida en escuela alguna. Intento buscar la fuente humana antes que la del archivo, ir a aquellas personas que si no lo han hecho, han visto cómo se hacía. Gente que sabe cosas que solo conocen ellos y de las que ya ni se habla. Recuperar esta memoria me parece muy enriquecedor, ya sea un vocabulario, una práctica o una tecnología, pero visualizando la actividad, es decir, reproduciéndola y trayéndola a nuestros días, no para que acabe en una publicación más o menos erudita”, continúa. La genuina misión de rescate de la artesanía va a ser esta.







