En materia de defensa, ambas partes del continente habitan mundos cada vez m�s distintos.El fin de semana pasado, cuando el presidente del Gobierno espa�ol tild� de "ego�stas" a algunos estados europeos, hasta sus aliados debieron sentir cierta incomodidad. No es que Pedro S�nchez careciera de argumentos. Algunos gobiernos propon�an aislar (literalmente) a Espa�a tras lallegada masiva de inmigrantes a Ceuta. Algunos se equivocaron en sus datos. Lo que ocurre es que muchos lo consideran un defensor a ultranza del inter�s nacional. Ha rechazado la ambici�n de la OTAN de destinar el 5% del PIB a defensa, argumentando que Rusia no "cruzar�a los Pirineos con sus tropas". Los pa�ses al otro lado de esas monta�as consideraron que la postura mostraba una falta de solidaridad.El norte y el sur de Europa habitan mundos mentales cada vez m�s distintos. El foco principal del norte es Rusia. A menos que Vladimir Putin se modere en el oto�o de su vida, esto no cambiar� pronto. El sur, menos expuesto a este problema, puede esgrimir otras prioridades. Una de ellas es el cambio clim�tico, que discrimina seg�n la latitud. S�nchez lleg� a sugerir que los esfuerzos de Espa�a contra el cambio clim�tico deber�an considerarse gasto en defensa. Los incendios forestales de este verano dificultan a�n m�s tacharlo de mero sofista.La disputa entre S�nchez y la primera ministra italiana Giorgia Meloni por Ceuta oculta las similitudes entre ambos pa�ses en materia de defensa. A principios de este a�o, Meloni descart� el env�o de tropas italianas para garantizar la seguridad de una Ucrania postconflicto. (Y, seg�n los est�ndares de la derecha de su pa�s, es una halc�n antirrusa). Al igual que Espa�a, Italia acaba de alcanzar el objetivo del 2% de la OTAN. En una encuesta reciente, los italianos fueron la �nica naci�n encuestada que se opuso a un aumento del gasto en defensa nacional.Existen excepciones, como la bien armada Grecia, y ambig�edades, como la cuesti�n de si Francia pertenece al norte o es mediterr�nea, pero los presupuestos b�sicos de defensa como porcentaje del PIB suelen ser menores en el lado sur del paralelo 45. En tiempos de paz, esto apenas importaba. En el futuro, podr�a ser determinante. Una cosa es que Europa discrepe sobre la gesti�n econ�mica, como hicieron durante d�cadas el entonces frugal norte y el endeudado sur. Otra muy distinta es discrepar sobre qu� constituye una amenaza existencial.Esto, por s� solo, bastar�a para provocar un distanciamiento entre el norte y el sur. Pero la cuesti�n migratoria agrava a�n m�s la situaci�n. Los pa�ses mediterr�neos son el punto de entrada natural para los inmigrantes irregulares procedentes de �frica. Con suerte, Europa se unir� para solucionar el problema. Imaginemos al norte subvencionando las fortificaciones fronterizas del sur y a toda Europa desempe�ando un papel activo en �frica para mejorar la vida de las personas en su lugar de origen. (Francia mantuvo una misi�n de contrainsurgencia en el Sahel hasta 2022).El problema es que incluso escribir este escenario pone de manifiesto su incre�ble improbabilidad. La tasa de fertilidad de Chad ronda los seis nacimientos por mujer; la de Espa�a apenas supera uno. La presi�n demogr�fica masiva empujar� a los africanos hacia Europa en cantidades que incluso los pol�ticos m�s brillantes tendr�an dificultades para gestionar. Si la frontera sur resulta porosa, los estados del norte podr�an exigir controles internos m�s estrictos sobre la circulaci�n de personas del sur al norte dentro de Europa. Es decir, eliminar el espacio Schengen o, lo que ser�a peor para la cohesi�n europea, fragmentarlo.La divisi�n pol�tica entre el norte y el sur est� profundamente arraigada en el mundo. Me pregunto si Kemi Badenoch tiene que contener la risa cuando Andy Burnham habla de la de Reino Unido, que es pr�cticamente inexistente seg�n los est�ndares globales. Nigeria, donde creci�, traslad� su capital de la ciudad costera de Lagos al enclave interior de Abuja, al menos en parte para salvar su brecha entre el norte y el sur, que tiene sus ra�ces en la religi�n y las diferentes experiencias del dominio brit�nico. India cambia —en ingresos, en actitud hacia el idioma hindi— a medida que te desplazas hacia el sur. Esta divisi�n est� arraigada incluso en los pa�ses que son pares de Reino Unido. Pensemos en Italia, B�lgica o Alemania. (En Los Buddenbrook de Thomas Mann, una mujer de L�beck reacciona ante M�nich como si fuera Neptuno). Estados Unidos libr� una guerra civil marcada por l�neas latitudinales. Los antiguos estados confederados siguen votando de forma diferente al noreste.El problema norte-sur se encuentra en todas partes, ya que las distintas latitudes producen climas diferentes y, por lo tanto, cultivos distintos, y la cultura es, en cierta medida, consecuencia de estas condiciones materiales. En todos los casos mencionados, existe un Estado central lo suficientemente fuerte o un sentimiento nacional lo suficientemente ferviente como para mantener la cohesi�n. Europa, como continente, carece de ambos. En 2020, su brecha entre el norte y el sur se estaba reduciendo. Los denostados "PIGS" hab�an realizado recortes presupuestarios y otras reformas que los acercaron a las econom�as del norte, como se reflej� (y se refleja) en los diferenciales de rendimiento de los bonos. La complacencia respecto a Rusia era casi pancontinental. El estallido de la guerra ha vuelto a abrir la brecha.Un continente que durante d�cadas estuvo dividido por un eje este-oeste podr�a estar volviendo a la antigua configuraci�n norte-sur, arraigada no en el antiguo cisma cat�lico-protestante, sino en las diferentes percepciones sobre las amenazas. Esto importa porque las cifras importan. Resulta reconfortante decir que la Europa democr�tica tiene m�s de 500 millones de habitantes —frente a los 145 millones de Rusia—, pero Italia y Espa�a representan m�s de una quinta parte de esa cifra. Si la UE se convierte cada vez m�s en un club de defensa, es f�cil imaginar que Reino Unido se una, pero algunos miembros actuales podr�an quedar relegados a un segundo plano.El norte elude este tema, por temor a parecer que caricaturiza a los mediterr�neos como libertinos despreocupados. El sur, por su parte, no quiere parecer antieuropeo. Pero existe una divergencia de intereses, nacida de una cruda realidad geogr�fica. Quienes aspiran a dividir el continente tienen demasiado con lo que pueden trabajar.� The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribuci�n, copia o modificaci�n. EXPANSI�N es el �nico responsable de esta traducci�n y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.