6 de agosto, 2026 - 07h30Por envío de una querida exalumna que vive en Alemania, me entero de la existencia de este libro. Mi versión es de 2002 y trae un prólogo del pensador Erzensberger, que da cuenta de algunos datos que tienen que ver con sus peculiares ediciones. Hasta esa fecha siempre se publicó como anónimo, desde que en 1954 salió a la luz en inglés, por traducción. ¿Qué hizo que su autora se escondiera de su comunidad y hasta de su idioma nativo? Un desgarrador testimonio del hecho de estar viva en un barrio de Berlín, cuando llegó el ejército ruso, a la caída del poder nazi, y ser mujer, víctima de la ola de violaciones que siempre los vencedores desencadenan entre la población femenina. Impresionan en el libro varios rasgos: primero, que sea de una escritura directa, incisiva, sin autojustificaciones, que llevó a un crítico alemán, años después, a afirmar que la escritora “ofendía la moral de las alemanas”; segundo, que en momentos de desesperada sobrevivencia se escriba para atrapar la Historia. Anónima borroneó con lápiz su cuaderno mientras bombas caían sobre su refugio o inmediatamente después de bochornosas reuniones de rusos, en su casa.Fechado como un diario que va del 20 de abril al 22 de junio de 1945, desgrana las experiencias de bajar precipitadamente a los refugios, ir perdiendo los rezagos de sociedad organizada –agua, electricidad, alimentos, prensa– hasta pasar a ser meros sometidos al poder que ingresaba a las casas y tomaba lo que quería, más que nada el cuerpo de las mujeres. Asentados en las calles, los soldados rusos tocaban o reventaban las puertas y organizaban francachelas que permitían “el reposo del guerrero”. Lo irónico era que llevaban consigo lo que más necesitaban los forzados compañeros de las fiestas: comida y bebida, aunque fuera vodka y vino rusos, junto con escasa música, tomando o formando pareja con las aterradas mujeres.Anónima, que es una mujer inteligente, conoce a los europeos y sabe algo de ruso, se da cuenta de que es preferible ser violada por un solo hombre que estar al alcance de cualquiera; por eso prefiere la compañía de un oficial que impone su autoridad y la reserva para él, creando una pasajera relación de intimidad y confidencias. En tanto, trata de proteger a jóvenes de su edificio que permanecen ocultas y restituir un remedo de vida común, mientras los invasores ingresan sin permiso y pululan en todas partes. Todo esto hasta que las tropas se fueron y Berlín se dividió entre los vencedores.Debemos el conocimiento del libro a un editor alemán, amigo de la autora, que la convenció de publicarlo en EE.UU., donde tuvo mucho éxito y los llevó a circularlo en alemán, en Suiza, 1959. Allí sí fue atacado con saña e incomprendido. La autora impidió que volviera a imprimirse hasta después de su muerte, en 2001, cuando solo la viuda de su editor sabía de su identidad. Con esa mirada contemporánea que todo lo escruta, hoy se puede afirmar que la periodista Martha Heller es la escritora que huyó de sus propias palabras y tal vez hasta de sus recuerdos, permaneciendo en una vida invisible, donde no se le arrostrara la condición de víctima del oprobioso ataque que sufren las mujeres solo por el hecho de serlo. (O)