Paloma Palomo | Mérida (EFE).- ‘Cómicos de Roma’ ha propuesto un homenaje satírico y mordaz al oficio del actor y a las trampas del azar en la Roma imperial para recordar que esta profesión ha sido, desde la antigüedad, un permanente ejercicio de supervivencia frente a la tiranía y los deseos del poder.
Bajo la premisa de David Mamet, el director José Pascual, ha mezclado el enredo clásico con la acidez contemporánea con el objetivo de contar la historia de una humilde compañía al borde de la ruina que, tras un cúmulo de desaciertos, termina entre rejas militares.
Con un elenco encabezado por Fernando Tejero en el papel de Strabo, el espectador ha bailado con el contraste entre la libertad creativa de los cómicos y la brutalidad de la autoridad romana. Situación que el intérprete ha sintetizado sobre las tablas al confesar que solo son actores y su vida “en el mejor de los casos, es una serie de engaños”.
A este personaje, en horas bajas y arruinado, le mueve su amor incondicional por la profesión y su gente, especialmente el cariño que le tiene a su pupilo Philius.
Advierte de este romance Pelargón, interpretado por Rafa Castejón, antiguo compañero de escena y de vida del cabeza de la compañía, que -con acierto- en medio de una conversación le recalca: “el chico no se acostará contigo”.








