Cuenta la leyenda que los piratas del Mediterráneo escondían sus tesoros en las cuevas de Formentera y que muchos de aquellos botines jamás fueron recuperados. Pero el verdadero tesoro de Formentera está en el fondo de su mar y bajo la tierra de sus huertos.La más pequeña de las Baleares habitadas no tiene aeropuerto. Se llega en barco desde Eivissa cruzando un canal de un turquesa tan irreal, que parece pintado. Y es que el agua de Formentera es transparente porque bajo la superficie crece una inmensa pradera de posidonia, un bosque marino milenario que filtra el mar y lo vuelve de cristal, y gracias a ser patrimonio de la humanidad. A Formentera se llega en barco desde Eivissa cruzando un canal de un turquesa tan irreal que parece pintadoPuedes bañarte en Ses Illetes, elegida una y otra vez entre las mejores playas del mundo; nadar sobre praderas de posidonia con cien mil años de antigüedad; asomarte al faro que Julio Verne situó en el fin del mundo; descender a una cueva abierta sobre el acantilado, o rebuscar en un mercado hippy. Y todo en esta isla tranquila en la que hay que perderse, por lo menos, una vez en la vida.Sobre dos ruedasEl viaje empieza en el puerto de La Savina, la única entrada a Formentera, un pequeño muelle donde se alquilan bicicletas y motos, que son los mejores medios de transporte con los que recorrer una isla que apenas mide 19 kilómetros de punta a punta. Frente al puerto, encontramos el Estany des Peix, una laguna de aguas quietas donde el sol se derrama al caer la tarde. Y a solo tres kilómetros, aparece Sant Francesc Xavier, la capital, un pueblo blanco de calles tranquilas que gira en torno a su plaza y a su iglesia. La iglesia de Sant Francesc Xavier servía también de fortaleza para defender la isla de los piratasIrene GonzálezLa iglesia de Sant Francesc Xavier, terminada en 1738, no es un templo al uso porque se construyó también como fortaleza. Sus muros gruesos y su aspecto casi macizo respondían a la necesidad de defenderse de los piratas berberiscos que asaltaban la isla, y por eso llegó a tener troneras y cañones en su tejado. Al lado, en la plaza de la Constitució, la vida transcurre sin prisa entre terrazas y el mercado que se instala cada día en las calles de Jaume I e Isidor Macabich. Y muy cerca, se esconde la capilla de Sa Tanca Vella, una diminuta ermita del siglo XIV que fue el primer lugar de culto de la Formentera repoblada. Los sábados por la noche, la plaza de la iglesia se llena de música en directo, y entonces el pueblo entero sale a la calle.En Formentera, la más tranquila de las Baleares, la vida transcurre con calmaIrene GonzálezSes Illetes y el sueño de S'EspalmadorAl norte, un dedo de arena se adentra en el mar y dibuja una de las playas más bellas del Mediterráneo, Ses Illetes, dentro del parque natural de Ses Salines. El agua es tan clara y tan calma que cuesta creer que sea real, y la arena, blanca y finísima, casi parece harina. Se llega en bici desde La Savina por un camino que pasa por Es Cavall d'en Borràs, entre pinos y dunas, y merece la pena seguir a pie hasta el extremo de Es Trucadors, donde la lengua de arena se estrecha hasta casi desaparecer.El color de las aguas de Ses Illetes parece irrealGetty ImagesAl otro lado hay un islote virgen, S'Espalmador, separado por un brazo de mar de apenas cien metros, Es Pas, que antaño se vadeaba a pie con la marea baja. Hoy cruzarlo andando está prohibido por las peligrosas corrientes y solo se llega en barco. En S'Espalmador no hay nada, y ese es justamente su tesoro: playas desiertas, silencio y una charca de barro que durante décadas fue un ritual para quienes buscan sus supuestas propiedades, aunque hoy el baño en ella no está permitido.Cap de Barbaria, 'Lucía y el sexo'En el faro de Cap de Barbaria se rodó 'Lucía y el sexo' de Julio MedemIrene GonzálezDesde Sant Francesc, una carretera estrecha conduce al sur y va perdiendo los muros de piedra seca y los pinos hasta desembocar en un paisaje árido y casi lunar. Es Cap de Barbaria, un promontorio pelado a más de setenta metros sobre el mar que mira de frente a las costas africanas, de donde le viene el nombre y su memoria de piratas. Y al final del camino, aparece el faro de Barbaria, blanco y solitario, inaugurado en 1972 y al que en verano solo se puede llegar en bici o a pie. El resto es accesible en coche. Es, probablemente, el faro más famoso de España, porque aquí Julio Medem rodó Lucía y el sexo. Y su carretera larga y recta que conduce hasta el faro se ha convertido, casi, en un icono de la isla. Pero Barbaria guarda más secretos porque a pocos metros se encuentra la Cova Foradada, una cueva a la que se baja por una rústica escalera de madera apoyada en la pared y que se abre de golpe en un balcón natural asomado al acantilado y al vacío azul. Y muy cerca está la torre des Garroveret, una de las viejas atalayas defensivas de la isla. Lee tambiénAl atardecer, cuando el sol se hunde en el Mediterráneo, Barbaria se convierte en uno de esos lugares donde siempre querrías estar. Y para entender el pasado más remoto de Formentera, en Cap de Barbaria se conserva un asentamiento megalítico con varios yacimientos que se remontan a la edad de bronce, que son auténticas huellas de los primeros pobladores que eligieron esta tierra dura y hermosa para quedarse.La Mola, el balcón donde nace el sol, y el faro de Julio VerneEn el otro extremo de la isla se levanta la meseta de La Mola, donde hay que detenerse en El Pilar de la Mola, un pueblo diminuto que conserva el Molí Vell, un molino de viento del siglo XVIII que aún gira, y sobre todo su mercado artesano, corazón de la herencia hippy. Porque Formentera fue en los años sesenta refugio de una generación que buscaba paz y libertad, y de aquella época quedan las leyendas de Bob Dylan tocando en la isla. El Faro de la Mola, en el punto más alto de Formentera, inspiró a Julio VerneIrene GonzálezTras El Pilar de la Mola se llega a la zona más alta y salvaje de Formentera, un altiplano de campos, muros de piedra y molinos que termina en un acantilado vertiginoso. Allí está el faro de la Mola, el más antiguo de la isla y en pie desde 1861. Construido sobre más de cien metros de precipicio, es un lugar sobrecogedor. Julio Verne quedó tan fascinado por este lugar que lo citó en su novela Héctor Servadac. Viajes y aventuras a través del mundo solar, como un fin del mundo. Si Barbaria es el faro del ocaso, la Mola es el del amanecer, porque aquí el sol sale directamente del mar.Migjorn y Es Caló'Escars' de Es Caló de Sant Agustí, rampas de madera para las barcas que conservan el sabor de la auténtica Formentera marineraIrene GonzálezLa costa sur de la isla es la playa de Migjorn, cinco kilómetros de arena y roca salpicados de calas y chiringuitos donde el móvil y el reloj no tienen sentido. Y escondido entre acantilados aparece Es Caló des Mort, una cala pequeña y perfecta para desconectar. Hacia el este, está Es Caló de Sant Agustí, que conserva el sabor de la Formentera marinera, con sus escars, esas rampas de madera donde se guardaban las barcas, encajadas en la roca como si formaran parte del paisaje, y con los pescadores remendando sus redes.Estany Pudent y la sal que dio nombre a Ses SalinesLas salinas fueron en su día una de las fuentes de riqueza de la islaFormentera huele a mar y a sal. El parque natural de Ses Salines guarda las antiguas salinas que durante siglos fueron la principal riqueza de la isla, un mosaico de estanques rosados y blancos donde todavía se aprecia el oficio de la sal. Junto a ellos se extiende el Estany Pudent, una laguna que es un paraíso para las aves, y que acoge una de las mayores poblaciones de Europa de zampullín cuellinegro. Aquí hay que recorrer sus orillas en bicicleta al atardecer, cuando el cielo se tiñe y los flamencos se recortan sobre el agua.Destino StarlightFormentera es el edén de los viajeros que disfrutan observando las estrellas porque su bóveda celeste es increíble para conectar con el universo. Aquí la inmensidad del cosmos se contempla de maravilla porque desde hace muchos años, la isla se ha tomado muy en serio la preservación del medio ambiente, un empeño que le valió en mayo de 2023 la certificación de Destino Turístico Starlight. La zona de Cap de Barbaria, los alrededores del famoso faro de la Mola y al norte Can Marroig, son los lugares más especiales porque el cielo es muy limpio. Desde aquí se pueden ver otras galaxias como Andrómeda y maravillosos cúmulos de estrellas. Así que el Consell organiza observaciones gratuitas en el Molí Vell de la Mola y en Can Marroig. Precisamente, coincidiendo con el eclipse solar del 12 de agosto, ha anunciado un gran encuentro de observación en el faro de Cap de Barbaria.La recomendaciónLa isla ofrece 32 recorridos verdes, más de cien kilómetros señalizados, para disfrutar despacio, a pie o en bici. Hay que empezar la jornada muy temprano en el faro de la Mola para ver salir el sol del mar, y cerrarla en el faro de Cap de Barbaria viendo cómo desaparece en el horizonte. Entre medias es imprescindible probar el vino de la isla en alguna de sus bodegas, porque la Formentera vitivinícola es una sorpresa que poca gente espera.Dónde dormirGecko Hotel & Beach Club (Playa de Migjorn). Un hotel boutique a pie de arena, y miembro de Small Luxury Hotels of the World, ideal para quien busca intimidad frente al mar. Hotel Cala Saona & Spa (Cala Saona). Justo delante de una de las pocas calas de arena de la costa oeste, con spa y con uno de los mejores atardeceres de la isla desde la habitación.Dónde comerCocina de mar y de tierra, su gran emblema es el peix sec, el pescado secado al sol y al viento, que se desmiga en la deliciosa ensalada payesa. Además, la caldereta, la frita de langosta, los arroces, y el bullit de peix, brillan como joyas. Y los dulces de siempre, el flaó, una tarta de queso fresco y hierbabuena, y la greixonera son sensacionales. Y más que interesante es la sal natural líquida de Formentera.Es Molí de Sal (Ses Illetes). En un antiguo molino salinero restaurado, con vistas a Illetes por un lado y a La Savina por el otro. Los arroces, la caldereta de langosta y los pescados frescos son imprescindibles.Es Còdol Foradat (Playa de Migjorn). Un chiringuito a pie de playa que prepara algunos de los mejores arroces de Formentera.Beso Beach (Playa de Cavall d'en Borràs). Cocina mediterránea con acento vasco frente al mar. Al caer la tarde el local se transforma en un animado beach club con música. Sus parrilladas de pescado y arroces se disfrutan con los pies casi en la arena.