0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLas carreteras son instrumentos para llevarnos al destino. Damos un vistazo distraído mientras contamos los kilómetros que faltan. Pero, de vez en cuando, hay algunas que justifican el viaje sólo para recorrer su trazado. Las colecciono desde pequeña, cuando las costas del Garraf, la forma más rápida entonces de llegar al pueblo del abuelo, Vilanova i la Geltrú, me aterrorizaban y me fascinaban por igual. La sensación de peligro con el coche colgado sobre el acantilado, con la frágil protección de una valla, se unía a la belleza del mar acompañándote en cada curva. LVAllí se debió plantar en mi el interés por las carreteras perdidas que los nuevos trazados acostumbran a dejar en el olvido. Inolvidable, por ejemplo, la entrada en Asturias por el puerto de Pajares, una mañana de verano, con una densa niebla que iba destapando el verde reluciente de las montañas y el sonido de los cencerros que anunciaban unas vacas surgiendo de la nada. Extraterrestre la experiencia de asomarse al inmenso desierto interior de Islandia, con el glaciar Vatnajökull al fondo, parando en un alto cuando la carretera –única– que bordeaba la isla no estaba ni asfaltada.Mi favorita, colgada sobre el mar entre viñas verdes, sale de Portbou y te lleva hasta BanyulsNo todo son caminos menospreciados por la velocidad que se requiere hoy. La carretera que se adentra, saliendo de Nápoles, hacia la costa amalfitana es toda una aventura: por su belleza, instagrameable diríamos ahora, pero también por ser una experiencia comparable a competir en Le Mans debido a las formas de conducir de los locales. Concurrida como la mítica carretera, la Highway 1, bajando desde San Francisco hasta Los Angeles por la costa pacífica de California, asomándote en cada giro a las olas inmensas del océano.Pero de todas las carreteras que he ido guardando en el álbum de los recuerdos, la primera y la favorita continua siendo la que, saliendo de Portbou, te lleva hasta Banyuls. Colgada sobre el mar, con las viñas verdes que describe Josep Maria de Sagarra, contemplar el verde y el azul bajo el sol siempre estará asociado para mi al verano de 1971, cuando Serrat publicó Mediterráneo y mi padre compró el casete para escuchar en el coche. Canción, mar y viñedos en la mejor carretera del mundo.
Carreteras infinitas, por Glòria Serra
Las carreteras son instrumentos para llevarnos al destino. Damos un vistazo distraído mientras contamos los kilómetros que faltan. Pero, de vez en cuando, hay algunas que justifican el viaje sólo para recorrer su trazado. Las colecciono desde pequeña, cuando las costas del...







