Este martes se han cumplido 500 años de la muerte de Juan Sebastián Elcano, el 4 de agosto de 1526, aunque la fecha que se le recuerda al marino vasco, porque le metió de lleno en la historia, es la del 8 de septiembre de 1522, cuando al mando de la nao Victoria arribó a Sevilla un lustro después de que partieran los cinco barcos de la que se bautizó como Armada de la Especiería al mando de Fernando de Magallanes rumbo a las Molucas. Su llegada a la capital hispalense significaba que acaban de dar lo que fue la primera vuelta al mundo, pero cuatro años después el protagonista de aquella expedición moría en medio del Pacífico muy probablemente tras comerse un pez que bien podría ser una barracuda.
Cinco siglos después de este final tan poco glorioso de uno de los grandes hitos de la iconografía imperial española, la misma Sevilla que le vio salir y regresar ha organizado una sencilla exposición pero cargada de piezas muy significativas. La muestra puede verse hasta finales de septiembre en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, que custodia documentos relacionados con el marino nacido en Guetaria, como las disposiciones personales y económicas adoptadas –y rubricadas– por el propio Elcano, el 1 de agosto de 1519, pocos días antes de la salida de la Armada de la Especiería.











