La tragedia del Domenech de Varó ha marcado el calendario de la memoria marinera de Cádiz durante más de medio siglo de silencio y misterio absoluto. El fatídico seis de febrero de 1973, este pesquero portuense desapareció en las bravas aguas de Lanzarote, dejando tras de sí un rastro de dolor e incógnitas que solo ahora, cinco décadas después, empiezan a despejarse finalmente para sus seres queridos. Tras cincuenta años de incertidumbre, la esperanza ha renacido al haberse recuperado los restos de tres de sus tripulantes que ya han podido ser localizados con certeza. La reciente intervención en el cementerio de Arrecife representa todo un paso para cerrar la herida.
Aquel invierno de 1973, el barco de casco de madera y 18 metros de eslora partió desde El Puerto de Santa María con doce tripulantes. Sin embargo, un fallo mecánico en la culata del motor obligó a la embarcación a buscar un refugio urgente en la costa de Lanzarote para realizar reparaciones. La fortuna les dio la espalda cuando un temporal de viento del este, acompañado de una densa niebla y calima, empujó al buque contra las afiladas rocas de Mala. A la una de la madrugada, el impacto seco contra el fondo marino selló el destino de diez de sus hombres, mientras el oleaje barría la cubierta con fuerza implacable.







