Cambiar de ciudad sin perder la identidad es probablemente el mayor desafío al que puede enfrentarse un festival de música. Durante meses, el traslado del Low Festival de Benidorm a Torrevieja alimentó dudas, nostalgias y no pocas incógnitas. ¿Seguiría siendo el mismo festival? ¿Respondería el público? ¿Conseguiría mantener esa personalidad que lo ha convertido en una de las citas imprescindibles del verano para los amantes de la música alternativa?PublicidadDos días después de bajar el telón, la respuesta parece bastante clara. El Low sigue siendo el Low. No porque el nuevo recinto haya convencido ni porque todo funcionara como estaba previsto. Sigue siéndolo porque conserva algo mucho más difícil de construir: una comunidad fiel, un público dispuesto a abrazar el cambio y una programación que volvió a demostrar un equilibrio admirable entre nombres consolidados y algunas de las propuestas más estimulantes del panorama actual.Precisamente por eso resulta inevitable marcharse con una sensación contradictoria. Musicalmente, esta ha sido una de las ediciones más inspiradas de los últimos años. Técnicamente, en cambio, el festival dejó un amplio margen de mejora que en demasiados momentos terminó condicionando la experiencia.El nuevo recinto ferial de Torrevieja cumplió con su función, pero todavía transmite la sensación de ser un espacio prestado. Funcional, sí, pero lejos de poseer una personalidad reconocible o una atmósfera capaz de convertirse en parte de la experiencia del festival, como sí ocurría en Benidorm. Sin embargo, el principal problema no fue estético.La gran asignatura pendiente fue el sonido.La cercanía entre escenarios provocó constantes filtraciones entre conciertos. En demasiadas ocasiones resultaba imposible disfrutar plenamente de una actuación sin que aparecieran de fondo las guitarras del escenario contiguo o la electrónica procedente de otro espacio del recinto. Una circunstancia que terminó afectando tanto al público como a los propios artistas, obligados en ocasiones a convivir con sonidos completamente ajenos a sus actuaciones.PublicidadLa propuesta electrónica tampoco terminó de despegar. Presentada como una gran experiencia inmersiva en formato 360º, ofreció una puesta en escena bastante más discreta de lo esperado y una programación incapaz de convertirse en ese espacio diferencial que se había anunciado. Tampoco ayudó una zona gastronómica donde la concentración de puestos hacía que el intenso olor a comida acompañara constantemente uno de los principales lugares de descanso del festival.Sería injusto, sin embargo, exigir que una primera edición en una nueva ciudad funcionara con la precisión de un festival asentado durante tantos años en Benidorm. Los problemas de adaptación forman parte de cualquier traslado de esta magnitud y, de hecho, prácticamente todos los artistas nacionales hicieron referencia durante sus actuaciones a esta nueva etapa.Hubo bromas, comparaciones inevitables con Benidorm y constantes guiños al reto que suponía levantar una nueva casa para el festival. El momento más celebrado llegó de la mano de Ojete Calor, que rebautizó Torrevieja como "Torreviejoven", provocando una de las mayores carcajadas del fin de semana.PublicidadTambién llamó la atención la frecuencia con la que varias bandas aprovecharon el micrófono para lanzar mensajes de contenido político. Love of Lesbian, La Paloma, Parquesvr u Ojete Calor ironizaron sobre la actualidad madrileña y criticaron algunas de las polémicas que rodean al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, reclamando un panorama político más sereno y menos marcado por la confrontación. Comentarios que fueron recibidos con una ovación prácticamente unánime y que recordaron que el escenario sigue siendo, para muchos artistas, un lugar desde el que dialogar con la realidad que les rodea.Bastaba con que se apagaran las luces y sonara la primera canción para que todas esas dudas quedaran, al menos durante un rato, en un segundo plano. Porque, al fin y al cabo, el verdadero corazón del Low siempre ha estado sobre sus escenarios.Si hubiera que escoger un gran triunfador del fin de semana, probablemente sería León Benavente. Ni el calor abrasador de primera hora de la tarde consiguió rebajar la intensidad de un directo sencillamente extraordinario. Con especial protagonismo para las canciones de Nueva sinfonía sobre el caos, sonaron con enorme fuerza A la moda, La aventura o El festín, perfectamente integradas junto a clásicos imprescindibles como Ser Brigada o Ayer salí. Un comienzo de festival que dejó claro, desde el primer momento, el nivel que iba a ofrecer esta edición.A un nivel muy similar se movió Rufus T. Firefly, que volvió a firmar uno de esos conciertos donde todo parece fluir con absoluta naturalidad. Su mezcla de psicodelia, sensibilidad y precisión instrumental convirtió su actuación en uno de los momentos más elegantes y emocionantes del fin de semana, confirmando una vez más que pocas bandas nacionales cuidan el directo con semejante mimo.En el extremo opuesto apareció Parquesvr, protagonistas de una descarga de energía, ironía y actitud que terminó convirtiéndose en uno de los conciertos más divertidos del festival. Su capacidad para combinar humor, crítica social y contundencia sobre el escenario volvió a demostrar que siguen siendo una de las propuestas más personales de la música alternativa española.La excelente salud de la escena nacional quedó igualmente reflejada en conciertos tan sólidos como los de Alcalá Norte o La Paloma, dos bandas que confirmaron que están preparadas para ocupar un lugar protagonista dentro de los grandes festivales durante los próximos años.PublicidadSi hubo un grupo capaz de convertir un concierto en un espectáculo completo, ese fue The Hives. Pelle Almqvist volvió a demostrar por qué continúa siendo uno de los mejores frontman del rock actual, enlazando bromas, provocaciones y constantes llamadas al público sin permitir que la energía decayera ni un solo instante. Himnos como Enough Is Enough, Come On!, Tick Tick Boom o la imprescindible Hate to Say I Told You So —que el propio cantante presentó entre risas asegurando que les había hecho ganar "muchísimo dinero"— desataron una auténtica celebración colectiva.También brillaron con luz propia Kasabian, protagonistas de uno de los conciertos más celebrados del festival. Los británicos demostraron que siguen dominando como pocos el equilibrio entre la electrónica, el rock y la épica festivalera, firmando un directo sólido, repleto de himnos y con una conexión inmediata con un público entregado de principio a fin.PublicidadA su lado, los siempre infalibles Editors volvieron a demostrar por qué rara vez ofrecen un mal concierto. Munich, Call It In, adelanto de su próximo disco, o la siempre emocionante Papillon sostuvieron una actuación elegante y poderosa, aunque quedó la sensación de que habría ganado todavía más fuerza con alguna incursión en su faceta más electrónica. Canciones como Heart Attack o Picturesque se echaron especialmente de menos.El broche final del sábado llegó de la mano de unos siempre divertidísimos Cycle, quienes celebran su gira 20 aniversario, capaces de transformar el cansancio acumulado de toda una jornada en una última gran celebración gracias a esa mezcla de electrónica, rock y actitud que continúa funcionando tan bien como el primer día.El domingo también dejó uno de los momentos más simpáticos y espontáneos del festival gracias a Sidonie. La banda catalana volvió a demostrar por qué mantiene una conexión tan especial con el público del Low y terminó convirtiendo buena parte de las primeras filas en una gigantesca conga que recorrió el recinto entre risas, abrazos y un público completamente entregado. Una escena tan sencilla como efectiva que resumió a la perfección ese espíritu festivo y despreocupado que siempre ha acompañado al festival.PublicidadLa gran sorpresa de la edición llegó, sin embargo, desde Reino Unido. The Molotovs protagonizaron una de las actuaciones más estimulantes del festival gracias a un post-punk urgente, explosivo y cargado de personalidad que terminó conquistando a buena parte del público. De esas bandas que muchos descubren casi por casualidad y abandonan el escenario convertidas en uno de los grandes descubrimientos del verano.No todas las actuaciones consiguieron mantener el mismo nivel. Paradójicamente, dos de las propuestas con mayor poder de convocatoria fueron también las que menos invitaron a quedarse. La de Iván Ferreiro resultó irregular en cuanto a ritmo y emoción, mientras que la de Dani Fernández, del que apenas permanecimos unos temas, nos pareció una propuesta demasiado previsible para un festival que precisamente brilló cuando apostó por artistas con una personalidad mucho más definida.También hubo tiempo para tomar decisiones. La coincidencia de horarios nos llevó a prescindir del concierto de Fangoria, una banda a la que hemos visto en numerosas ocasiones y cuya propuesta continúa girando sobre una fórmula prácticamente inalterable desde hace décadas. En un cartel tan rico en descubrimientos y actuaciones estimulantes, preferimos invertir ese tiempo en seguir explorando otras propuestas.Y quizá ahí resida la mayor virtud de esta edición.Porque, pese a los problemas de producción, a un sonido que todavía necesita una profunda revisión, a un recinto por pulir y a una experiencia que aún busca su propia personalidad en Torrevieja, la conversación terminaba regresando una y otra vez a la música. A los conciertos. A las bandas. A los descubrimientos. A esa programación que volvió a demostrar que el Low continúa teniendo uno de los criterios más interesantes de la música alternativa española.PublicidadEl Low ya ha aprobado el examen más difícil: demostrar que su identidad nunca dependió de un código postal. Ahora solo queda que Torrevieja termine de crecer junto al festival, que el recinto encuentre su personalidad y que la experiencia esté a la altura de unos conciertos que este año volvieron a justificar por sí solos el viaje. Porque cuando uno regresa a casa recordando actuaciones como las de León Benavente, Rufus T. Firefly, Parquesvr, The Hives, Kasabian, Editors, Cycle, Sidonie o la inesperada sacudida de The Molotovs, significa que, pese a todo, el corazón del Low sigue latiendo exactamente donde siempre ha estado: delante de sus escenarios.
El Low cambió de ciudad, pero fueron las bandas quienes evitaron que perdiera su esencia
El estreno del festival en Torrevieja confirmó que su identidad sigue intacta gracias a una programación sobresaliente, aunque el nuevo recinto todavía tenga mucho trabajo por delante para estar a ...









