Hay un festival para cada estilo, y no solo hablamos de música. Podemos bailar con nuestro artista favorito en jardines urbanos, corear los últimos himnos indies frente al mar, sacudirnos hasta el suelo a ritmo de reguetón o perdernos en una rave en el medio del desierto. El mapa de festivales es tan amplio y diverso —se estima que, tan solo en España, la oferta alcanza los 1.000 eventos veraniegos—, que la elección ha trascendido del cartel para convertirse en una experiencia completa: una combinación de música, gastronomía, tecnología, sostenibilidad y diseño. Desde propuestas íntimas a producciones experimentales, todos comparten, sin embargo, un rasgo en común: el afán de pasárselo bien.
“Llevamos casi 25 años apostando por la música en directo porque creemos en su poder para inspirar, conectar y transformar”, reconoce Marta Moreno, responsable de marca en Heineken® España. Con más de 150 años de historia y presencia en 190 países, la compañía no solo ha sido pionera en apoyar este fenómeno, ha llevado su filosofía gezelligheid al corazón de cada uno de los festivales que llevan su nombre, como el Tomavistas, Festival de les Arts, Kalorama Madrid, Holika Fest, Startlite o Monegros. Pero, ¿qué significa todo esto exactamente?







