Los cuatro se presentaron a la alcaldía de su pueblo para trabajar por sus vecinos y por las calles donde se curtieron desde niños. Los cuatro acaban de vivir —y padecer— uno de los episodios más tremendos al frente del bastón de mando de sus respectivos ayuntamientos, ninguno de más de 3.000 habitantes. Dos de las alcaldesas llegan de su última reunión en el Cecopi sobre el incendio más grave de la historia de España, el de Burgohondo en Ávila. Otro de los regidores baja del coche apenas unos minutos después de atender un nuevo conato en la sierra del Oeste, en Madrid. La cuarta pisa la tierra quemada con ansiedad, suplicando con la voz temblorosa que el fuego no vuelva a prender. Llenos de rabia, los cuatro regidores claman a las dos grandes fuerzas políticas, PSOE y PP, y demandan a sus máximos responsables, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, que dejen a un lado el abismo que les separa y negocien un pacto de Estado. “Que se quiten la camiseta de partido ya. O nos sentamos, o desapareceremos”, resume Vanessa Muñoz, edil socialista de 47 años al frente del Consistorio abulense de Casavieja, una de las localidades más asediadas por el infierno de las recientes llamas.Esta entrevista a cuatro voces transcurrió el pasado viernes, una semana después de que el Gobierno central declarase la emergencia nacional en Ávila y en la Comunidad por cuatro incendios paralelos en una decisión inédita. En el punto donde un vehículo ardió junto a la carretera M-501 en San Martín de Valdeiglesias, desembocando el peor incendio de la sierra Oeste y de Madrid, EL PAÍS reunió a cuatro alcaldes de los municipios afectados de distinto signo para una fotografía conjunta. Los ediles rememoran el horror y reivindican soluciones en un acuerdo de país. Son Vanessa Muñoz, alcaldesa de Casavieja (Ávila), por el PSOE; Jerónimo López, de Cenicientos (Madrid), por el PP; Lucía Moya, de Chapinería (Madrid), por un partido independiente; y Soraya Blázquez, de Mijares (Ávila), por el PSOE. La serpiente de carretera de casi dos horas que separa a los cuatro municipios se vio envuelta por las llamas durante días, arrasando con unas 70.000 hectáreas. Los cuatro fueron los jefes de la emergencia en cada una de sus localidades; los cuatro tuvieron que colaborar en el mayor desalojo registrado por un incendio simultáneamente, negándose a dejar su pueblo hasta que todos estuvieran alertados. “El último que abandona el barco soy yo”, cuenta Jerónimo López, de 64 años. Y los cuatro han tenido que poner el hombro para los lamentos de los vecinos retornados. Este periódico esperaba hablar también con Aránzazu Povedano, del PP y alcaldesa del propio San Martín de Valdeiglesias, donde se tomó la fotografía superior. Pero el ingente trabajo provocado por los fuegos le impidió responder a la cita. Mientras esta conversación transcurría, un nuevo foco se reactivó en su municipio. “Cuando caigamos, caeremos de golpe”, suspira Muñoz, de 47 años. La adrenalina ha mantenido en pie a los alcaldes, cuya principal preocupación fue en un momento salvar los municipios y luego dotar de los servicios básicos a los suyos, desde la cobertura de los móviles hasta los bocadillos para los brigadistas. La alcaldesa de Casavieja se resistió a desalojar en un primer momento porque unos 90 vecinos, entre los que estaban su marido y su hijo de 18 años, permanecieron para luchar contra las llamas a la espera de los efectivos. Con lágrimas en los ojos, Muñoz relata que estaba cerca cuando se desató el pirocúmulo —nube masiva de humo, gases y vapor de agua generada por el calor extremo de un incendio que crea su propio clima, resultando en un comportamiento del fuego imprevisible y peligroso— que amenazó con comerse Casavieja y que desencadenó el desalojo de varios pueblos más ya al otro lado de la frontera de Castilla y León, en Madrid, como el de Cenicientos.El 56% de la superficie de España es forestal y los incendios de quinta y sexta generación se vuelven inatacables. Como el resto de alcaldes, la edil socialista exige sin ambages que el PSOE y el PP encuentren en el común denominador de sus planteamientos el camino para suscribir un pacto de Estado contra los incendios. Y demandan que se incluya en la mesa de negociación a los propios alcaldes, además de otros actores no políticos. Sánchez ofrece un acuerdo contra “la emergencia climática” y Feijóo contrapone su propio plan contra el fuego sin visos de entendimiento. Más en un año con unas elecciones generales en el horizonte. “La política debe estar para cambiar las cosas. La política no se puede basar en los egos”, sentencia Muñoz.Cambio climáticoEntre qué pesa más, si el cambio climático o la comúnmente conocida como limpieza de los bosques, las tres alcaldesas coinciden en que concurren ambas causas. “Antes, el calor era de virgen a virgen”, señala Lucía Moya, de 66 años. La regidora de Chapinería alude así a las respectivas fechas festivas del 16 de julio y del 15 de agosto, período entre el que se concentraba el bochorno, según sus recuerdos. “Ahora, el calor abarca más tiempo”, añade la edil por un partido independiente. Por contra, López, del PP, no le da tanta importancia al calentamiento global y achaca el agravamiento del problema más a la despoblación y a una gestión forestal deficiente. “Un gran problema de nuestros pueblos es que no hay relevo generacional en la ganadería ni en la agricultura”, indica el alcalde Cenicientos. “La política ecológica falla, porque a los pueblos nos meten leyes, pero no nos dotan de presupuesto para cumplir esas leyes”, remacha el edil del municipio madrileño, quien además considera que hay mucha “prohibición” en las normativas de las zonas protegidas y demasiadas exigencias a la hora de presentar proyectos de poda. Todos coinciden en que la resolución de determinados expedientes administrativos para acometer mejoras suele ser lenta.Limpieza de las fincasBuena parte de la gestión de los bosques es de competencia autonómica. Sobre la limpieza del espacio que les corresponde, los pequeños ayuntamientos imploran por más medios porque les falta “capacidad” logística y económica. Eso sí, más del 70% de la superficie forestal española es de propiedad privada. Es ahí donde los alcaldes se topan de bruces con la dejadez de algunos, según denuncian, porque los ayuntamientos no pueden entrar a limpiar en los dominios de los vecinos. “Tú vienes a demandar al Ayuntamiento porque la finca de tu vecino no se limpia. Y que la Junta te limpie el monte porque no lo limpia, pero esa finca es tuya, ¿por qué no la limpias tú el primero? Justicia, pero no por mi casa”, relata al respecto Soraya Blázquez, de Mijares, de 56 años. “Los ciudadanos estamos en qué hay de lo mío, y tienen que ser conscientes de que empieza por uno mismo”, añade Muñoz. Hay posibilidad de multar, pero en algunos casos no saben quién es el dueño de la finca porque vive fuera, porque hay varios herederos o porque no están identificados, agregan. “Le digo al vecino que desbroce y que, si no desbroza, lo voy a hacer yo como Ayuntamiento y le voy a poner yo una multa, ¿qué juez me autoriza a mí a invadir una propiedad privada?”, apunta la alcaldesa de Chapinería. La de Mijares asegura incluso que su Consistorio tiene un pleito abierto con un vecino que denunció porque desbrozaron en suelo suyo. Aun así, el alcalde Cenicientos ha tomado riendas en el asunto después de lo sucedido y ante lo que pueda venir en lo que queda de verano. “Hoy he dado orden a mi gente de limpiar todos los solares, digan lo que digan, y si me quieren denunciar, que me denuncien”, cuenta López.—¡Te van a denunciar! —se desgañitan al unísono las tres alcaldesas.Los cuatro ediles también censuran que, en muchas ocasiones, los vecinos solicitan licencia de casa de aperos para levantarlas en sus fincas en medio del bosque y que, una vez concedida la licencia, luego construyen “una casa que ríete tú del palacio del Vaticano”. Con el consiguiente peligro que ello conlleva, al estar rodeado de vegetación sin el margen adecuado que haga de cortafuegos. “Como llegue el incendio y te la queme, resulta que el papá Estado no ha estado ahí y no ha habido medios”, censura la alcaldesa de Mijares. “Ahora papá Estado que me lo pague, verás ahora los follones..., ¿y a quién van a ir? A ti”, se exaspera Blázquez.Respecto a la gestión autonómica, las opiniones van por barrios, o más bien por comunidades y partidos. Las alcaldesas socialistas de Casavieja y Mijares afirman que la Junta de Castilla y León presidida por el popular Alfonso Fernández Mañueco no limpia como debiera. “El monte está muy abandonado”, indica Muñoz. El regidor de Cenicientos, en Madrid, del PP, no opina igual sobre la Comunidad de Isabel Díaz Ayuso, donde la mayoría de municipios de la Sierra Oeste tienen alcaldes del Partido Popular. También difieren sobre los medios durante la gestión de la emergencia. Las primeras denuncian que estuvieron prácticamente solas, según su relato. No así los regidores de Cenicientos ni de Chapinería, que han mantenido interlocución constante con las instancias superiores, indican.Redes socialesOtro escollo con el que se han topado los ediles es el de las redes sociales. Primero, porque tenían que combatir bulos como el que circulaba sobre la quema de monte para instalar placas solares que, “aunque se lo pusieras ante notario”, no te creían, o los mensajes que se difundían sobre el estado del municipio mientras los censados estaban desalojados y a cobijo en los albergues y centros improvisados en otras localidades, de las cuales no tienen más que buenas palabras en señal de agradecimiento. Todo lo contrario de las quejas vertidas contra quienes difundieron imágenes. “Quiero hacer una crítica horrorosa a la gente que se ha quedado en el municipio, que ha tenido la desfachatez de grabar viviendas quemadas y partes quemadas del pueblo y ha sido capaz de colgar esas imágenes”, subraya enfadada la alcaldesa de Chapinería, donde las llamas entraron en un par de fincas del pueblo. “Y los propietarios de esas viviendas no lo sabían y se han enterado por redes sociales. “Me encontré a una persona llorando, destrozada porque lo había visto por redes sociales”, relata Moya. La edil por un partido independiente apercibe de otro de los peligros digitales: las llamadas a saltarse las normas. “Las redes sociales lo único que han hecho es daño, han invitado a que la gente vaya al pueblo desalojado con la poca vergüenza de decir que ‘no hay policía en la rotonda’. Restaurar los suministrosLos alcaldes andan ahora tratando de reconducir a sus municipios a la normalidad. En algunos, como los dos pueblos de Ávila, sigue habiendo problemas de cobertura. Aunque, según confiesan sus alcaldesas, es algo que pasaba de cuando en cuando con anterioridad. También ha habido falta de suministro de agua en algunas localidades y tienen que gestionar en paralelo el shock emocional de sus vecinos, con hogares rodeados de ceniza. Para la alcaldesa de Chapinería, como ejemplo, lo peor que ha llevado fue regresar tras el desalojo con sus vecinos penando por lo que se iban a encontrar: un entorno calcinado que ella ya había inspeccionado previamente. Durante la emergencia, los alcaldes fueron el interlocutor clave para sus vecinos. “Un día recibí 1.003 llamadas”, rememora el alcalde de Cenicientos, que recomienda sin parar a sus compañeras adquirir un servicio de internet por satélite, por lo que pueda volver a pasar. Ahora, los regidores han instalado oficinas de atención al ciudadano y dejado en suspenso sus propias vacaciones para atender las necesidades emergentes. Entre otros quebraderos de cabeza se encuentra también la compleja decisión de si celebrar o no las fiestas patronales venideras. “No estamos para fiestas”, suspira Muñoz, de Casavieja. “Si pudiera desconectarme, me desconectaría. Pero el principal dolor de cabeza, ante todo, es que el fuego no vuelva a reproducirse. “Esto no va a parar”, se lamenta Blázquez, de Mijares. Mientras hablan, una columna de humo se vislumbra de repente a lo lejos. La alcaldesa de Chapinería da un brinco y grita.—¡Es mi pueblo!El edil de Cenicientos coge el móvil y no para de hacer llamadas, mandar WhatsApp. A otros alcaldes, a conocidos de la zona. Finalmente, el veredicto: el foco no es de Chapinería, sino del propio término municipal de San Martín de Valdeiglesias, donde transcurre esta conversación y cuya alcaldesa no pudo responder a esta conversación por el ingente trabajo fruto del fuego. Al poco, un hidroavión aparece en escena. Moya se sienta y se tranquiliza. Pero por cuánto tiempo.