Isabel Díaz Ayuso recorría hace apenas una semana la Sierra Oeste de Madrid alentando a la lucha contra el fuego, daba la mano y trabajaba junto al presidente del Gobierno, consolaba a los vecinos que veían las llamaradas en sus casas e incluso se emocionaba al ver su pueblo evacuado. La imagen de la presidenta estaba saliendo mejor parada de lo que parecía apuntar la enésima crisis de su Ejecutivo, ocasionada esta vez por unos incendios que la Comunidad de Madrid tiene el deber de extinguir y, sobre todo, prevenir.
Todo cambió el miércoles. Con los bosques aún humeantes, El País apuntaba otra llamarada al informar sobre una compra sospechosa por parte del Gobierno regional: un ático de 485 metros cuadrados en una de las zonas más caras de Madrid, con 200 metros de terraza situado enfrente de la casa familiar de Ayuso. Un pisazo cuya compra era difícil de justificar, tal y como se fue comprobando después.
Las explicaciones con las que respondió la Comunidad de Madrid resultaron primero confusas y equívocas: sus responsables aseguraron que el lugar iba a ser utilizado como oficina en un lugar donde la normativa municipal impide estos usos y que el traslado se haría durante unas obras en la Puerta del Sol, a pesar de que no están planificadas en ningún contrato del Gobierno regional. Luego se supo que la casa en la que actualmente vive fue puesta a la venta por su pareja en un portal online, justo después de la compra del ático chamberilero.












