El olor a salitre y la arena pegada al pelo. Correr por las dunas de la playa y remojarte en el mar. Esto lo vivimos nosotros, pero no solo. También lo hacen nuestros compañeros perrunos. Disfrutan del agua, juegan con las algas y se refugian en la toalla. "Llegas al último rincón de la playa, los sueltas sabiendo que ya no los vas a coger más, y solo con verlos correr libres a orilla del mar merece la pena", apunta la escritora, traductora y editora Elvira Sastre, que este verano ya ha llevado a Viento y Ramiro, sus perros, a la costa.Publicidad"Nuestras vacaciones son limitadas, siempre vamos a los mismos sitios porque en verano no hay opciones, pero es cierto que las ciudades y los pueblos son cada vez más receptivos y eso es un gusto", asegura la poeta. Sastre lleva varios años viviendo retirada del centro de Madrid, en un lugar donde sus animales pueden pasear sin correa y donde tienen un poquito de esa libertad de la que disfrutan en la playa: "Mi plan favorito es ir al lago con ellos o a algún bosque en primavera u otoño y sentarnos bajo la sombra de algún árbol a ver el tiempo pasar, aunque sea solo un rato".Viento y Ramiro no han sido los primeros en unirse a la familia de Elvira Sastre. El primogénito fue Tango, que le "enseñó a amar a todos los animales" y el que le quitó el miedo a sus padres, quienes le habían dicho esa frase parental manida "cuando tengas tu casa, tendrás un perro". La poeta recuerda a Tango como "pura elegancia y protección". "Su enfermedad y muerte con tres años fue horrible, pero también me enseñó a perderle el miedo y a no rendirme nunca con los animales. Viento llegó para cuidarme y salvarme y acompañarme", rememora Sastre.La pérdida de Tango fue muy dura para la escritora y buscó en la literatura un salvoconducto. "A mí, para transitar la muerte de mis seres, me ha ayudado mucho la poesía y también la narrativa. Pienso en Días azules, por ejemplo, de Joan Didion. Esos libros me llegaron en un punto importante". Por eso, cuando Tango enfermó escribió un poema titulado A los perros buenos no le pasan cosas malas, que terminó convirtiéndose en un cuento infantil: "Era una frase que le decía mi chica todos los días y que se quedó dentro de mí. Cuando falleció, me llegó la propuesta de publicación y decidí no tocar el poema, a pesar de que no estaba concebido para público adulto. Y es uno de mis libros que más funcionan. Los niños son sabios y entienden, y es importante hablar de la muerte de nuestros animales porque por desgracia estamos destinados a sobrevivirlos".PublicidadAyudar a curar a los perros que el ser humano ha dañadoTras la muerte de Tango llegó Viento porque Sastre "necesitaba un animal donde colocar todo el amor que teníamos Tango y yo". Después, apareció La Loba, a quien rescató una amiga de la poeta "en condiciones deplorables" y más tarde, con la nieve de enero y la muerte de La Loba, llegó Ramiro, quien tenía los ojos verdes de la última. "Todos mis animales tienen algo de los anteriores", explica la escritora."Es importante hablar de la muerte de nuestros animales porque por desgracia estamos destinados a sobrevivirlos"Los cuatro perros de Sastre han sido adoptados y además han pasado por su casa algunos de acogida. "Me da mucha bronca cuando veo a personas comprando perros de raza y mostrándolos al mundo con orgullo", dice la poeta, que desea suerte en la vida a todos los perros con los que se cruza y que cree que "los perros, por regla general, nos quieren". "Por eso es importante ayudar a curar a los que el ser humano ha dañado, para que recuperen esa capacidad que es solo suya. Y por eso es más importante aún quedarse al lado de los que no lo consiguen".Publicidad"Hay que presionar y hay que concienciar", apunta la escritora, que cree que "estamos lejos de darnos por satisfechos y por vencidos" en la lucha por los derechos de los animales. "A nivel legislativo las cosas no están bien todavía. Se han dado pasos, pero se ha dejado mucho fuera, como la protección y defensa de los perros de caza", recuerda.Además, hay ciertas luchas dentro de este activismo que le han tocado muy de cerca, como la que batalla el sector veterinario para que puedan prescribir medicamentos sin trabas burocráticas. "Pienso en La Loba, que necesitaba medicación diaria y con la que sufrimos varios ingresos. Con esta norma habría sido imposible. Es una barbaridad", explica Sastre.