Los saltos acrobáticos para atrapar una pelota, la emoción por zambullirse en las olas del mar y el meneo de cadera al recibir besos y elogios por su robusta figura son algunos de los hermosos recuerdos que los hermanos Alessandro y Mateo comparten de su amada Mammutt Anaksunamun.La bautizaron así en diciembre de 2018, cuando llegó a su hogar siendo una juguetona cachorra, de pelaje blanco y manchas atigradas, de dos meses de edad. Desde ese momento, Mammutt fue la consentida de la familia, pero en especial de Alessandro, entonces de 10 años. Su “gordita chanchulia”, como la llamaba de cariño, lo recibía con brincos a su llegada del colegio, lo perseguía para jugar y no se despegaba de él en lo que restaba del día. Al anochecer, cuando ya tenía sueño, se ubicaba en la cabecera de la cama para acurrucarse sobre su almohada. Alessandro, en cambio, la alcanzaba con las manos para acariciarla hasta quedarse dormido.Publicidad‘Nos llegan hasta quince animales de compañía con cáncer al mes’: conozca los signos de alarma y cuidados que debe seguir si tiene una mascota geriátricaEse ritual nocturno lo compartieron durante ocho años, hasta hace poco más de un mes, cuando aceptó la sugerencia veterinaria de aplicarle la eutanasia. “Tuve que dejarla ir, ya no quería verla sufrir”, dice Alessandro, hoy de 18 años, quien atraviesa junto con su familia la dolorosa ausencia de su primera mascota. Este procedimiento, de acuerdo con el artículo 25 de la Ordenanza que Regula la Protección, Tenencia y Control de la Fauna Urbana en el Cantón Guayaquil, es el único método permitido y aprobado para provocar la muerte de un animal cuando sea necesario evitar que se vulnere su bienestar o para precautelar la salud pública o la integridad de los ecosistemas. Un médico veterinario lo debe administrar a través de un método humanitario indoloro y solo se podrá considerar la eutanasia en los siguientes casos, detalla el Centro de Bienestar Animal Municipal de Guayaquil:PublicidadPublicidadCuando el animal presente una enfermedad terminal incurable que le provoque un sufrimiento intenso y permanente, sin posibilidades de tratamiento efectivo.Cuando el animal se encuentre en un estado de sufrimiento irreversible, ocasionado por alteraciones morfológicas, fisiológicas, mentales o neurológicas que comprometan gravemente su bienestar.Cuando el animal haya sido diagnosticado como impetuoso, haya recibido rehabilitación sin resultados favorables y no sea posible obtener un certificado de inocuidad, conforme a lo establecido en la ordenanza y con la autorización correspondiente.Cuando el animal sea portador de una enfermedad zoonótica o epizoótica que represente un riesgo para la salud pública, otros animales o la biodiversidad y no exista un tratamiento técnicamente viable.Para Fabricio Zamora, propietario de la Veterinaria Zamora, es un procedimiento médico para “quitarle la vida a un ser sin dolor y por compasión”. “Porque el paciente está sufriendo, porque el paciente tiene una enfermedad terminal, porque ya no hay nada que hacer y su condición de vida ya no es, diría yo, humana”, agrega.Con él coincide Éricka Morán, directora de la Veterinaria MM, quien considera que “la eutanasia únicamente debe considerarse cuando existe un sufrimiento irreversible y no hay posibilidades razonables de recuperar una calidad de vida adecuada”.Morán sostiene que jamás debe ser una decisión basada en la edad del animal: “En la práctica clínica, conversamos ampliamente con la familia, evaluamos la calidad de vida y agotamos las alternativas terapéuticas antes de tomar esta decisión”.‘Los primeros meses de vida son fundamentales para su futura salud’: conozca los cuidados que debe seguir con sus cachorros caninos y felinosZamora destaca que se aplica un protocolo farmacológico, en el que lo único que le duele al animal de compañía es la pinchada de la aguja. Esto lo corroboró Alessandro el pasado 27 de junio. “Le pusieron dos líquidos, el primero la relajó y el segundo la durmió, mientras una parte de mí murió con ella”, declara este joven, que aún deja libre la zona que ocuparía Mammutt en la cabecera de su cama. Alessandro asegura que ese espacio representa el doloroso vacío que dejó en su corazón su “gordita chanchulia”, quien padeció los últimos meses por un osteosarcoma, un cáncer agresivo que se manifestó con un tumor en la pata izquierda. “Pensamos que le había picado algo porque era como una herida abierta que no se curaba. Le recetaron medicinas para la piel, pero no mejoró. La masa creció rápidamente y ella empezó a dejar de apoyar su pata al caminar”, cuenta este joven, quien, meses después de visitar a veterinarios, finalmente obtuvo el diagnóstico de su mascota cuando ya era tarde: “Me dijeron que tenía cáncer terminal y que ya no se podía hacer nada”.PublicidadTras el procedimiento, la familia de Alessandro contrató un servicio de cremación para la mascota. Ahora, sus restos los mantiene en su habitación, cerca de su cama. “Su ausencia duele, pero sé que siempre estará conmigo”, afirma este joven, que aún al llegar a casa repite: “Ya llegué, mi gordita chanchulia”. (I)