Imagina un perro trapecista. Mejor. Imagina un perro que hace malabares. Todas las mañanas antes de levantarse, Sabina Urraca (Donostia, 1984) llama a Murcia (Murcia, 2016) para que suba junto a ella y a su pareja a la cama. Sin embargo, la perra no obedece a un tono cursi o tajante, sino que necesita que su dueña lo diga con melodía circense. Así, los días de la escritora comienzan a grito de: "Con todos ustedes la perrita Murcia".PublicidadMurcia, Mur, como le llama cariñosamente Urraca, es una perra marrón cuyo nombre toponímico es lo único que queda de su errante vida. Apareció en mitad de una carretera de Sangonera la Seca, a las tres de la mañana, mientras los coches cruzaban a su lado. Sabina Urraca no pudo dejarla atrás y la llevó consigo para buscar a su dueño al día siguiente, sin saber que había sido la perra quien le había elegido a ella como su compañera. De esto hace una década.Ahora Murcia lleva otra vida: roba sándwiches a manos que no sujetan la comida con ganas, es amiga de sus amigos y mueve la cola contra el radiador convirtiéndose en la alarma de sus dueños. "Para mí lo más doloroso de la vida de escritora es que muchas veces tengo que estar de viaje y no puedo siempre llevar a Mur. Está estupenda, pero tiene diez años, y yo no quiero estar separada de ella tanto tiempo, para mí es importante estar casi todo el tiempo con ella. Vivir cosas con ella es siempre más divertido que vivirlo sin ella", explica Sabina Urraca, quien acaba de regresar de unos días de viaje en los que su perra ha disfrutado más de la naturaleza que ella, que estaba trabajando.Murcia ha visto mucho mundo. Ha vivido en Estados Unidos, viaja con frecuencia a Tenerife y le encanta visitar las casas de las amigas de su humana, a quien siempre tiene vigilada. "Ella cuida a su manera en el sentido de que, o sea, a ver, es egoísta como casi todos los perros y esto es así. Yo siempre digo que los perros son de derechas. Pero viene a verme, ¿no?... Como ¿Dónde estás? ¿estás aquí?", dice la escritora. PublicidadEn la última novela de Sabina Urraca, El celo (Alfaguara), uno de los personajes protagonistas es una perra y la idea del libro se le ocurrió, precisamente, porque Murcia comenzó a menstruar. Aunque difiere en muchas cosas la perra ficticia de la real, sí que le ayudó a pensar en el instinto: "Hubo algo que me llamó mucho la atención que era que habíamos generado un vínculo muy fuerte y de pronto lo hormonal la hacía como olvidarse de mí. Había una fuerza superior a la de la supervivencia que había descubierto conmigo que era la de reproducirse"."Era una fuerza que ella casi no entendía, pero que la llevaba hacia delante como si fuese, pues eso, un animal. Y entonces me puse a pensar en cómo las personas también nos conducimos de esa forma a veces", reflexiona la escritora.PublicidadPreguntada por la relación entre ambas, Urraca explica que es una gran compañía y que incluso comparten una misma mirada: "Ella tiene esa curiosidad por el mundo que yo también tengo. La suya, claro, no pasa por lo oral, que para mí eso es muy importante, ni por lo lingüístico, ni por lo escrito, para mí es muy interesante que ella sea analfabeta. Es una cosa completamente diferente: son gestos, actitudes. Es lo táctil, es lo animal, es el olor, casi lo hormonal, diría a veces, entonces es muy interesante".Durante todo este tiempo la relación entre Urraca y Murcia ha ido cambiando, aunque tal vez ahora haya llegado al culmen del enamoramiento: "Ahora mismo estamos en un momento maravilloso, increíble, pero porque también a medida que se hace mayor se va haciendo una persona más interesante, más curiosa, con diferentes manías, detalles, ¿sabes? Cada vez yo la conozco más y cada vez me conoce más".
Sabina Urraca y su perra rescatada de una carretera: "Vivir cosas con ella es más divertido que sin ella"
La escritora de 'El Celo' se encontró a su compañera abandonada en una carretera.








