El ovillo lo empezó a deshilar Vanuatu, una pequeña república insular del Pacífico de apenas 320.000 habitantes. Amenazada por el aumento del nivel del mar, sus representantes jurídicos presentaron a principios de esta década una demanda ante el Tribunal Internacional de Justicia de Naciones Unidas (TIJ) para aclarar la responsabilidad de los países en la batalla por frenar el calentamiento global. Hace justo un año, los 15 jueces del máximo tribunal de la ONU concluyeron por unanimidad que no luchar contra el calentamiento suponía una violación del derecho internacional. También que los Estados más afectados por los daños que acarrea la crisis climática —menos responsables por sus bajas emisiones— están habilitados a exigir reparaciones en los tribunales.

En aquella histórica opinión consultiva, los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania y Rusia, señalados como principales responsables del nuevo —y peligroso— clima se defendieron argumentando que hasta finales de la década de los 80 no tuvieron conocimiento de los peligros del cambio climático provocado por los combustibles fósiles. Sin embargo, el archivo científico —una cronología publicada en una investigación que acaba de ver la luz— contradice esta tesis.