La particular historia de David contra Goliat que está protagonizando Vanuatu en el seno de Naciones Unidas ha añadido un nuevo capítulo este miércoles en Nueva York. 141 países han apoyado una ambiciosa resolución en la Asamblea de la ONU que, entre otras cosas, insta a dejar atrás los combustibles fósiles y abre una ventana —aunque incierta y no vinculante— a que los Estados que incumplan sus obligaciones de lucha contra el cambio climático ofrezcan una reparación a las naciones más golpeadas por el calentamiento. La resolución impulsada por Vanuatu ha conseguido salir adelante a pesar de las presiones en contra ejercidas por la Administración de Donald Trump y de un grupo de petroestados encabezados por Arabia Saudí. Vanuatu, una pequeña república insular del Pacífico de apenas 320.000 habitantes, es uno de esos países que se lo juegan todo cuando se habla de luchar contra el cambio climático. Porque el aumento del nivel del mar amenaza simplemente su existencia. Además de formar parte del grupo de Estados insulares que históricamente aprietan más en las cumbres climáticas para aumentar la ambición de los tratados, a principios de esta década decidió emprender una carrera ante el Tribunal Internacional de Justicia de Naciones Unidas (TIJ) para que aclarara la responsabilidad de los países en frenar el calentamiento. Y en julio del pasado año sus 15 jueces, por unanimidad, concluyeron que no luchar contra el calentamiento suponía una violación del derecho internacional. Aquel pronunciamiento no tenía un carácter vinculante pero, en opinión de muchos de los expertos en litigios climáticos, sí allana el cambio para que otros tribunales puedan exigir responsabilidades a los países y empresas que más contribuyen al cambio climático. Tras aquel dictamen Vanuatu siguió el recorrido hasta la Asamblea de la ONU, donde se sientan los representantes de 193 países. Y preparó una resolución para que aquel dictamen se acogiera —la fórmula empleada en la diplomacia de la ONU para tomar nota oficialmente de la existencia de un texto— el pronunciamiento del TIJ. El primer texto que preparó Vanuatu junto a otros países era muy ambicioso e incluía la creación de un registro internacional de daños atribuibles al cambio climático y un mecanismo de reparación. Estados Unidos, como ha hecho ya en otros asuntos relacionados con el cambio climático, puso en marcha a su maquinaria diplomática para impedir que ese texto saliera adelante. El actual Gobierno de Trump no ha dudado en otras ocasiones en amenazar con sanciones y aranceles a las naciones que aprobaran medidas para frenar las emisiones como, por ejemplo, las de la navegación internacional. EE UU ha vuelto a manifestar su rotunda oposición tanto a la resolución como al pronunciamiento de hace un año del tribunal de la ONU.Las referencias a la creación del registro acabaron eliminándose de una resolución que ha llegado hasta la asamblea con “75 copatrocinadores”, como explica a EL PAÍS Lee-Anne Sackett, la enviada especial de justicia climática de Vanuatu. Entre esos países copatrocinadores figuran España, Alemania, Francia, Países Bajos, Colombia y México. En el último momento, según explicó esta abogada, el “grupo afín liderado por Arabia Saudí” incluyó algunas enmiendas que intentaban rebajar todavía más la resolución y que no han salido adelante. Chipre, en nombre de la Unión Europea durante la sesión de la Asamblea que ha aprobado el texto este miércoles ha recordado que la resolución se ha negociado durante cinco meses, por lo que ha criticado las enmiendas de última hora impulsadas en el último momento por Arabía Saudí. Entre esas enmiendas figuraba una que pedía eliminar el punto que establece que se realice un seguimiento de la aplicación del pronunciamiento del TIJ de julio del pasado año. Pero, finalmente, la resolución ha salido adelante como estaba previsto y sin eliminar las referencias claras a la necesidad de que los países abandonen los combustibles fósiles y supriman los cientos de miles de millones de dólares de ayudas que anualmente dan al carbón, el gas y el petróleo. Hacer estas menciones a los combustibles fósiles, que son los principales responsables del cambio climático, se ha convertido en una tarea imposible en las cumbres del clima de la ONU por las presiones fundamentalmente de los petroestados. En ese caso el problema reside en la forma en la que se adoptan los acuerdos, por consenso, lo que permite que cualquier Estado un texto. Sin embargo, la resolución en la Asamblea de este miércoles solo requería de una mayoría simple, el 51% de los países. Arabia Saudí ha reiterado este miércoles en la sede de la ONU en Nueva York en la necesidad de que las políticas sobre cambio climático “siempre se adopten por consenso”. La resolución ha salido con los mencionados 141 votos a favor, además de 28 abstenciones y 8 votos en contra. En este último grupo se situaron Israel, Rusia, Estados Unidos, Arabia Saudí e Irán. Además de mencionar directamente a los principales culpables de esta crisis climática, la resolución también apunta a que la inacción de los países frente al cambio climático puede tener “consecuencias jurídicas” como “la concesión de una reparación íntegra a los Estados lesionados en forma de restitución, indemnización y satisfacción”. Aunque añade que para activar esa compensación se debe “demostrar un nexo causal suficientemente directo y cierto entre el hecho ilícito y el perjuicio”. Esta resolución, al igual que el pronunciamiento del TIJ, no tiene un carácter vinculante. Pero en el texto se señala que el secretario general de la ONU deberá presentar en el próximo periodo de sesiones de la Asamblea, que arrancará a finales de este año, “un informe en el que se expongan formas de promover el cumplimiento de todas las obligaciones en relación con las conclusiones” de ese tribunal. Además, los expertos apuntan a que es una baldosa más en el camino que se intenta abrir para la justicia climática, es decir, que los países y compañías que más emiten compensen a aquellos que más sufren los efectos del calentamiento pese a tener menos culpa. Pero más allá de sus posibles efectos prácticos, la aprobación de esta resolución tiene un importante carga simbólica en un momento de crisis del multilateralismo. Y en un momento de duras embestidas de Trump contra la ciencia climática. El presidente de EE UU ha aprovechado en los últimos días la revisión que los científicos están realizando de los escenarios de trabajo sobre la evolución sobre el cambio climático para abonar sus conocidas tesis negacionistas. El mismo mandatario que ya en 2017, durante su primer mandato, retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, decisión que volvería a tomar el año pasado tras volver a la Casa Blanca, ha sembrado en numerosas ocasiones las dudas sobre algunas verdades que los científicos consideran demostradas. “Después de 15 años en los que Dumocrats [traducible como los tontomócratas] nos prometieron que el cambio climático iba a destruir el planeta, ¡el principal comité climático de Naciones Unidas acaba de admitir que sus propias previsiones erróneas, erróneas, erróneas”, escribió en su red social Truth, la semana pasada. A lo que se refería Trump en realidad era a la actualización que está acometiendo un grupo de científicos de una serie de escenarios sobre la evolución del calentamiento en función de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esos escenarios datan de 2011 y estos expertos consideran ahora que el más pesimista, conocido por las siglas RCP8.5 y que contemplaba un incremento de la temperatura de hasta 5 grados Celsius a finales de siglo, es improbable ya. Pero no porque no exista el cambio climático, sino porque ese escenario de hace 15 años partía de que las emisiones siguieran aumentando al mismo ritmo que en la primera década de este siglo, algo que no ha ocurrido. Ha sido precisamente el avance de las renovables, principal arma contra el cambio climático, la que lo ha impedido. Sin embargo, el presidente de la mayor potencia mundial sigue animando el uso de las energías fósiles —“perfora, niño, perfora” era uno de los lemas más coreados en sus mítines de campaña— frente a las renovables.