Hemos aprendido a hablar de sexualidad como si revis�ramos una anal�tica: �Cu�ntas veces tienes sexo?, �cu�nto dura?, �llegas al orgasmo?, �deseas lo suficiente? Pero, cuando el placer se convierte en examen, deja de ser placentero.

Hasta La revuelta ha convertido el n�mero de relaciones sexuales en un marcador casi social; pero no s�lo contamos los encuentros, tambi�n los jerarquizamos. Parece que un coito vale m�s que otras pr�cticas y que acumular experiencias concede poder o estatus. Es la l�gica del rendimiento, muy ligada a la masculinidad normativa, aplicada a la intimidad. Mientras sumamos puntos y nos comparamos, olvidamos la pregunta importante. �Realmente nos ha gustado?La trampa de confundir conducta con bienestarUna de las grandes confusiones en sexualidad es creer que lo que una persona hace explica c�mo lo vive. Desde fuera vemos frecuencia, pr�cticas, juguetes, orgasmos o deseo aparente. Pero la salud sexual no est� solo en lo que hacemos, sino en desde d�nde lo hacemos.Puede haber mucho sexo vivido desde la desconexi�n y menos encuentros vividos con m�s libertad y deseo real. Tambi�n puede haber orgasmos sin disfrute profundo y experiencias placenteras sin orgasmo. Es importante que podamos pedir, parar, decir que s�, sin culpa, y que no sin miedo.El orgasmo no deber�a ser una pruebaDurante d�cadas, el placer femenino ha sido ignorado o colocado en un lugar secundario y la sexualidad se ha narrado desde un guion estrecho. Deseo, penetraci�n, orgasmo masculino y final; Mientras lo dem�s quedaba como preliminar o complemento.Pero el orgasmo femenino carga con una paradoja. Durante mucho tiempo fue silenciado, y ahora, en algunos discursos, parece una nueva obligaci�n. Antes muchas mujeres sent�an que deb�an fingir. Ahora algunas sienten que deben llegar y disfrutar con naturalidad.Y es que cambiar el mandato no es lo mismo que liberarse de �l. Porque el placer no necesita otra exigencia, pero s� darse el permiso.La tecnolog�a tambi�n ha abierto una conversaci�nLa pel�cula El placer es m�o, inspirada en la historia de Michael y Brigitte Lenke, creadores del primer estimulador de cl�toris mediante ondas de presi�n de aire o Pleasure Air, recuerda un hito en la historia del placer femenino; la creaci�n del primer succionador de cl�toris, aun sin succionarlo, ni tocarlo directamente. La tecnolog�a que dio origen a Womanizer no solo introdujo una nueva forma de estimulaci�n, tambi�n ayud� a situar en el centro al cl�toris, �rgano central del placer femenino, y durante demasiado tiempo, ignorado por el guion tradicional.Actualmente, existe una amplia gama de jugueter�a sexual, y aunque la tecnolog�a �ntima no resuelve por s� sola nuestra escasa educaci�n sexual, puede ayudarnos a conocernos, ampliar posibilidades y vivir el placer con autonom�a.Tambi�n puede ser divertido jugar con la frecuencia o buscar nuevas intensidades, pero el problema aparece cuando confundimos el juego, con una medida de calidad. Ni el n�mero de relaciones sexuales, ni la rapidez con la que llega un orgasmo, nos dicen si hubo deseo, conexi�n o placer real.El derecho al placer tambi�n es saludHablar de placer no es hablar de frivolidad, es hablar de salud sexual. Y esta no consiste solo en ausencia de dolor o disfunciones, pues implica vivir la sexualidad de forma segura, libre, consentida, consciente y satisfactoria.Muchas mujeres llegan a la vida adulta sabiendo cuidar el deseo del otro, pero con poca pr�ctica en preguntarse qu� quieren ellas. Se nos ha educado m�s para complacer o resultar deseables, que para sentirnos deseantes. Al igual que para vigilar c�mo se ve nuestro cuerpo, en lugar de c�mo me siento en �l y en cada situaci�n.Pasar de objeto de deseo a sujeto no es solo una frase bonita, es una revoluci�n �ntima.De tener sexo a estar en el sexoCuando hablo de Mindfulsex�, no hablo de hacer sexo lento, bonito o perfecto; sino de presencia. De estar dentro de la experiencia en lugar de evaluarla desde fuera.Porque muchas dificultades sexuales no empiezan en el cuerpo, sino en la mirada que ponemos sobre �l. La mente se coloca como espectadora, juzgando si lo estar� haciendo bien, le gustar� o cuestionando si mi cuerpo se ver� raro. Y mientras la cabeza examina, el cuerpo se aleja cada vez m�s del presente; de mi placer.Es cierto que la presencia no garantiza el placer, pero s� puede crear las condiciones para que pueda aparecer. Cuando estoy presente, en mindfulness, puedo notar si hay deseo o s�lo inercia, darme permiso para cambiar el ritmo, o no convertir cada encuentro en una prueba.La sexualidad mejora cuando dejamos de vivirla desde el miedo, la obligaci�n, la prisa o la comparaci�n; pero tambi�n cuando dejamos de perseguir el orgasmo, como �nica prueba de que algo ha merecido la pena.El orgasmo puede ser maravilloso, pero no deber�a funcionar como un sello de calidad. Adem�s, reducir el placer al orgasmo es como reducir una conversaci�n a la �ltima frase.Quiz� necesitamos una conversaci�n sexual menos obsesionada con los n�meros y m�s atenta a la experiencia. M�s interesada en poder ser coherente con lo que siento y soy; en escucharme, en elegir, en reconocer la seguridad y su ausencia, en consentir, de verdad, y sin miedo.Nunca el placer deber�a servir para demostrar nada; es solo una forma de estar en el cuerpo. Sin duda, la mejor de todas.Pero el placer, cuando es de verdad, no se mide. Se vive.