Entrevista Exclusivo suscriptores El sexólogo José Antonio Barbosa asegura que el deseo sexual no desaparece por una sola causa.El especialista José Antonio Barbosa, de Boston Medical, explica que la hiperconectividad, la rutina, las redes sociales y la ansiedad están modificando la manera en que las parejas viven su intimidad Foto: iStock / Boston Medical GroupPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD01.07.2026 17:30 Actualizado: 01.07.2026 17:30

La idea de que las parejas tienen cada vez menos relaciones sexuales ha ganado fuerza en los últimos años. Sin embargo, para el sexólogo José Antonio Barbosa, de la Clínica de Salud Masculina Boston Medical, hablar de una crisis generalizada del sexo resulta apresurado. Aunque existen investigaciones internacionales que muestran una disminución en la frecuencia de las relaciones sexuales, advierte que no es posible trasladar automáticamente esos resultados a todos los países, ya que cada sociedad vive la sexualidad de manera diferente. LEA TAMBIÉN En esta entrevista con EL TIEMPO, el especialista explica que el verdadero cambio no está únicamente en la cantidad de encuentros sexuales, sino en la forma como las personas experimentan el deseo, la intimidad y la conexión emocional. Factores como el estrés crónico, el cansancio, la hiperconectividad, el uso permanente del celular, las redes sociales y las nuevas dinámicas de convivencia están modificando la manera en que las parejas construyen su vida íntima.Barbosa también analiza el impacto de la pornografía, la rutina y las expectativas poco realistas sobre el desempeño sexual. Además, aclara por qué una relación puede atravesar periodos prolongados sin relaciones sexuales sin que eso signifique necesariamente una crisis afectiva, siempre que esa situación no genere sufrimiento o distanciamiento entre sus integrantes.El especialista José Antonio Barbosa, de Boston Medical. Foto:Boston Medical¿De verdad las parejas están teniendo menos sexo o es una percepción exagerada?Hay que ser muy prudentes antes de afirmarlo como una verdad general. Existen estudios en algunos países que muestran una disminución en la frecuencia sexual. Por ejemplo, en Estados Unidos, una encuesta nacional sobre crecimiento familiar señala que en 1990 el 55 % de los adultos entre 18 y 64 años afirmaba tener relaciones sexuales al menos una vez por semana, mientras que en 2024 esa cifra descendió al 37 %.Sin embargo, esos datos no permiten concluir que la misma situación ocurra en Colombia o en cualquier otro contexto. Cada país tiene dinámicas culturales, sociales y familiares diferentes.Además, la sexualidad no puede medirse únicamente por la frecuencia de las relaciones sexuales. También comprende el deseo, la intimidad, la conexión emocional y las distintas formas en que las personas viven sus relaciones. Lo que sí parece evidente es que la sexualidad está cambiando.La hiperconectividad, el uso constante del celular, las redes sociales, el cansancio, el estrés y el ritmo acelerado de vida influyen en la forma como las personas viven su sexualidad y se relacionan en pareja. Por eso, más que decir que las parejas tienen menos sexo, sería más acertado afirmar que la sexualidad está evolucionando y que aún se necesitan más datos para comprender cómo ocurre ese proceso en cada sociedad.¿Qué tan común es que una relación pase meses sin intimidad?Durante mucho tiempo se asumió que una relación exitosa debía cumplir con determinada frecuencia sexual. Sin embargo, no existe una fórmula universal. Cada pareja vive su sexualidad de manera diferente.Hay parejas con una vida sexual muy activa y otras con menos frecuencia que, aun así, mantienen una buena conexión y se sienten satisfechas. Todo depende del equilibrio del deseo entre ambas personas.Existen algunos datos internacionales que ayudan a entender el fenómeno. En Estados Unidos, cerca del 7 % de las personas casadas reportó no haber tenido relaciones sexuales durante el último año. Entre el 15 % y el 20 % de las parejas se encuentran en lo que algunos estudios denominan relaciones "sexless", es decir, con muy poca o ninguna actividad sexual. Además, alrededor del 25 % de las parejas tiene relaciones una vez al mes o menos.En el Reino Unido se han reportado cifras cercanas al 29 % de parejas en esa misma condición y, en Japón, algunos estudios indican que hasta el 48 % de las parejas casadas no tuvieron relaciones sexuales durante el último mes.Lo más importante es entender que la ausencia de sexo no siempre significa ausencia de amor o de conexión. Se convierte en un problema cuando genera malestar, distancia, culpa, resentimiento o una diferencia importante entre el deseo de una persona y el de la otra. LEA TAMBIÉN Las causas pueden ser muy diversas: maternidad o paternidad, estrés crónico, problemas económicos, cansancio, depresión o una sobreestimulación constante. Más que preguntarse si es normal pasar meses sin intimidad, la pregunta debería ser cómo vive esa situación la pareja y si esa dinámica les genera sufrimiento.La vida sexual cambia bajo presión. Foto:iStock¿Cuál es hoy la principal causa de la pérdida del deseo en las parejas?No existe una única causa. La pérdida del deseo suele obedecer a una combinación de factores.En la experiencia clínica de Boston Medical y en estudios recientes, se observa que el creciente consumo de pornografía y las interacciones digitales pueden influir directamente sobre el deseo sexual. Tanto las redes sociales como la pornografía generan expectativas poco realistas acerca de cómo debería desarrollarse un encuentro íntimo.A esto se suman las dificultades propias de la vida cotidiana: el estrés, la dinámica de la relación de pareja, la falta de comunicación o una comunicación poco efectiva. Todos estos elementos terminan afectando el deseo sexual.¿El estrés y el cansancio están afectando más la vida sexual que antes?Sin duda. Hoy son dos de los principales inhibidores del deseo sexual, especialmente en las parejas estables.No solo disminuyen las ganas de tener relaciones, sino que también aumentan la irritabilidad, reducen la energía mental, limitan la disponibilidad emocional y disminuyen la espontaneidad.Todo esto está relacionado con un estado permanente de hiperconexión, el exceso de información, las preocupaciones económicas y las exigencias del mundo actual.Desde el punto de vista biológico, el estrés crónico mantiene al organismo en un estado permanente de supervivencia. Cuando el cortisol permanece elevado durante mucho tiempo puede alterar la producción de testosterona, afectar la respuesta vascular necesaria para el desempeño sexual y dificultar la erección en los hombres.También puede generar alteraciones en la eyaculación, tanto precoz como retardada. En las mujeres puede afectar la lubricación, bloquear la excitación e incluso dificultar el orgasmo.Por eso, el abordaje no debe limitarse a identificar un problema físico. Es fundamental comprender la dinámica de la relación, el contexto en el que vive la pareja y ayudar a romper el círculo de ansiedad que termina alimentando estas dificultades.La falta de actividad sexual puede causar efectos en su salud mental y física. Foto:iStock¿Las redes sociales y el celular están matando la intimidad?Es un fenómeno relativamente reciente y todavía estamos comprendiendo su impacto, pero sí observamos un desplazamiento de muchas interacciones físicas hacia las digitales.El sexting, el acceso permanente a la pornografía desde los teléfonos celulares y la idealización de las relaciones de pareja o de los estándares físicos generan expectativas poco realistas sobre el sexo.Muchas personas terminan creyendo que todo encuentro sexual debe cumplir determinadas condiciones o producir determinados resultados, lo que genera frustración cuando la experiencia real no coincide con esas expectativas.Además, vivimos en un entorno altamente sobreestimulante. Las redes sociales ofrecen recompensas inmediatas que pueden convertirse en verdaderas trampas de dopamina y terminar desensibilizando a las personas, dificultando una conexión más auténtica y profunda con la pareja.Desde Boston Medical hemos desarrollado una aplicación apoyada en inteligencia artificial para acompañar procesos de desintoxicación del consumo de pornografía. Consideramos que ofrecer herramientas y fortalecer la educación sexual hace parte de la responsabilidad de promover una vivencia más saludable de la sexualidad. LEA TAMBIÉN ¿Qué impacto tiene la rutina en el deseo sexual?Muchas veces la convivencia moderna está orientada a sostener la vida cotidiana más que a alimentar el erotismo.Las parejas terminan convirtiéndose en administradores del hogar, padres, compañeros de trabajo o apoyo económico mutuo. Sin embargo, el deseo necesita otros ingredientes: individualidad, novedad, creatividad, juego, tensión positiva e incluso cierto misterio.La convivencia prolongada puede favorecer la predictibilidad, los roles demasiado rígidos y una comunicación limitada a resolver asuntos prácticos. Al comienzo de las relaciones predominan la novedad y la exploración; con el tiempo aparece una etapa de mayor estabilidad, en la que el apego prioriza la seguridad y la continuidad.El reto consiste en no dejar de descubrir al otro. Es posible construir un equilibrio entre estabilidad y deseo mediante la disposición, la comunicación y la búsqueda consciente de nuevos espacios de intimidad.Las relaciones de pareja son dinámicas y atraviesan distintas etapas. Así como pueden experimentar momentos de menor conexión, también pueden fortalecerse y recuperar su vida sexual.El rosa en el sexo evoca ternura y romanticismo. Foto:iStock¿La convivencia prolongada reduce inevitablemente el deseo?No necesariamente. Las relaciones de pareja pueden evolucionar de muchas maneras y seguir siendo satisfactorias para ambas personas. La convivencia prolongada puede convertirse en un riesgo para el deseo, pero no significa que inevitablemente vaya a desaparecer.Para evitarlo es importante conservar espacios para la creatividad, el juego y el redescubrimiento del otro. La intimidad consolidada también ofrece oportunidades para fortalecer el vínculo, siempre y cuando la pareja no dé por sentado que esa conexión se mantendrá por sí sola.El verdadero desafío consiste en mantener viva la curiosidad por la otra persona y entender que el deseo también requiere atención y construcción permanente.¿Qué diferencias ve entre hombres y mujeres cuando desaparece el deseo?La principal diferencia está en la manera como se procesa y se manifiesta esa pérdida del deseo.En los hombres suele existir una mayor presión relacionada con el desempeño sexual. Cuando el deseo disminuye, con frecuencia aparece ansiedad sobre el rendimiento, lo que puede terminar afectando aún más la respuesta sexual.En las mujeres, el deseo puede estar más relacionado con la calidad del vínculo emocional o con sentirse deseadas dentro de la relación.Sin embargo, estas características no son excluyentes. Tanto hombres como mujeres pueden experimentar cualquiera de estas situaciones. Lo verdaderamente importante es que exista comunicación, que ambas personas puedan expresar cómo están viviendo ese cambio y comprendan que las relaciones no son estáticas.En Boston Medical acompañamos a los hombres para que recuperen la confianza en sí mismos y puedan reencontrarse con una vida sexual satisfactoria. El objetivo no es patologizar automáticamente estas situaciones, sino comprenderlas en su contexto y brindar las herramientas necesarias para reconectar con la pareja y con la propia sexualidad.¿Las nuevas generaciones tienen menos interés en el sexo?Más que afirmar que las nuevas generaciones tienen menos interés en el sexo, diría que su relación con la sexualidad es diferente a la de generaciones anteriores.Hoy los jóvenes están expuestos a múltiples formas de conexión y a una enorme cantidad de estímulos digitales, lo que puede desplazar parte de las interacciones presenciales.Eso significa que la manera como se acercan al deseo, al interés por el sexo y a las relaciones íntimas está cambiando. No necesariamente existe un menor interés, sino formas distintas de aproximarse a la sexualidad.Estrés, pantallas y rutina: razones por las que cada vez más personas ven afectada su vida sexual. Foto:iStock LEA TAMBIÉN ¿Cómo afecta la ansiedad o la salud mental la vida íntima?La ansiedad y el estrés tienen un impacto directo sobre la vida sexual. Cuando una persona permanece durante largos periodos bajo presión o en un estado constante de preocupación, disminuyen la energía emocional, la espontaneidad y la disposición para el encuentro íntimo.Ese estado permanente de alerta genera un círculo que termina alimentando nuevas dificultades sexuales. El aumento sostenido del cortisol puede alterar procesos biológicos relacionados con el desempeño sexual y favorecer problemas como las dificultades de erección, alteraciones en la eyaculación y disminución del deseo.En las mujeres también puede afectar la lubricación, bloquear la excitación y dificultar el orgasmo.Por eso es indispensable comprender la salud sexual desde una perspectiva integral. No basta con identificar una alteración física; también es necesario analizar el contexto emocional, la dinámica de la pareja y los factores cotidianos que están influyendo en la sexualidad.Romper esos ciclos de ansiedad representa uno de los primeros pasos para recuperar una vida íntima saludable.¿Qué papel juega la pornografía en esta "crisis del deseo"?La pornografía tiene varios efectos que pueden influir en el deseo sexual.En primer lugar, idealiza el sexo y crea expectativas irreales sobre el desempeño, la apariencia física y la forma en que deberían desarrollarse los encuentros sexuales. Cuando las personas comparan esas imágenes con la realidad, es frecuente que aparezca frustración.En segundo lugar, favorece sistemas de recompensa inmediata. La búsqueda constante de estímulos visuales explícitos y de gratificación rápida puede desensibilizar a algunas personas y dificultar que encuentren excitación en las experiencias reales compartidas con su pareja.Es importante entender que la pornografía ha existido de diferentes formas a lo largo de la historia. El problema no es su existencia, sino el consumo compulsivo, que hoy resulta mucho más fácil y discreto gracias a los teléfonos inteligentes e internet.La dificultad aparece cuando la pornografía se convierte en el principal modelo para construir la identidad sexual. En esos casos, no solo puede afectar el deseo, sino que también se ha asociado con algunas disfunciones sexuales, como la disfunción eréctil o la eyaculación precoz.En últimas, aprender sobre sexualidad únicamente a través de la pornografía es comparable con querer aprender a volar después de ver una película de Superman. La educación sexual, el pensamiento crítico y el acceso a información confiable siguen siendo fundamentales para construir una sexualidad sana y una relación de pareja satisfactoria.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Salud en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.