Para 4 4€/pers. 180kcal/100gIngredientes1,5 kg de mejillones frescos1 cebolla2 dientes de ajo1 rama de apio150 ml de vino blanco1 hoja de laurel1 cucharada de mantequilla1 cucharada de aceite de olivaPerejil frescoSal1 kg de patatas para freírAceite de oliva suave o aceite de girasol
En Bélgica, una olla de mejillones y un plato de patatas fritas no se miran como dos cosas separadas. Los moules-frites belgas se sirven juntos, se comen sin demasiada ceremonia y tienen bastante más sentido de lo que parece al leer el nombre: marisco abierto al vapor, caldo aromático en el fondo y patatas crujientes al lado.
La receta no tiene una salsa espesa ni una elaboración larga. Aquí el sabor sale de los propios mejillones, de la cebolla, el ajo, el apio, el laurel y un poco de vino blanco. El apio no está puesto por capricho: aparece en muchas versiones belgas y le da al caldo un aroma muy reconocible, más fresco que el de una simple base de cebolla y ajo.
También hay que entender las patatas. No son una guarnición puesta para llenar el plato, sino parte de la gracia de comer moules-frites. Se cortan en bastones gruesos y se fríen en dos tiempos para que queden tiernas por dentro y doradas por fuera. Luego ya cada uno decide si las moja en el caldo, las toma con mayonesa o las va alternando con los mejillones.







