La Tierra Indígena Haliti Paresi, en el norte del estado de Mato Grosso, lleva organizándose desde la pandemia para recibir turistas de forma regulada, con visitas previstas en el plan de gestión del territorio y autorizadas por la Funai. La aldea Katyalarekwa, una de las cinco abiertas al turismo, fue adaptada con el apoyo de Vivalá, una agencia especializada en turismo sostenible, para conciliar las necesidades de anfitriones y visitantes.Una de las hatis, las viviendas tradicionales del pueblo paresi, fue equipada con tiendas de campaña para alojar a los turistas, además de construirse dos baños. El agua de la ducha es fría, ya que el suministro eléctrico es todavía limitado. La aldea se encuentra a 360 km de Cuiabá y a 110 km de Tangará da Serra. Es posible visitarla en grupos organizados por Vivalá, con un paquete completo de 3.980 reales por persona, o por cuenta propia a través de la agencia indígena Menane Haliti, con un programa de dos días por 800 reales por persona.

Los visitantes son recibidos con danzas tradicionales y participan en una ronda de presentaciones. Por la noche, se reúnen alrededor de la hoguera para escuchar historias del pueblo paresi, como el mito del héroe ancestral Wazáre. También aprenden sobre las flautas sagradas, que solo pueden tocar los hombres, y reciben clases de la lengua paresi, perteneciente a la familia arawak, impartidas por el profesor Salomão Nezokemazokai. "Explicar a los turistas también es explicarles a los niños", afirma Pedro Kezowe, secretario de la asociación indígena Arara Azul.