¿Le atás los cordones porque es más rápido? ¿Le resolvés un conflicto con un compañero antes de que intente hacerlo solo? ¿Le hacés la tarea o el bolso para que no se olvide de nada? Esos son algunos gestos que, cuando se vuelven una constante, pueden dar lugar al estilo de crianza “snowplow” o “quitanieves”.El término surgió en Estados Unidos como una evolución de los "padres helicóptero". La metáfora proviene de los vehículos que "barren” la nieve antes de que pasen los autos: en este caso, describe a los adultos que intentan quitar del camino de sus hijos cualquier obstáculo o frustración antes de que ellos mismos puedan enfrentarlos. Sin embargo, especialistas advierten que esa sobreprotección puede producir el efecto contrario."Muchas veces los padres creen que proteger es evitar sufrimiento. Actualmente el 'no quiero traumar a mi hijo' es una frase que se sostiene. Pero la verdad es que el desarrollo psíquico necesita pequeñas frustraciones para crecer", explica la psicóloga especializada en crianza Deborah Bellota a Clarín.Qué consecuencias trae la crianza "snowplow"Bellota (@debbellota) explica que cuando un adulto busca resolver todo, los chicos pierden la posibilidad de desarrollar herramientas propias para enfrentar los desafíos. "Resolver todo implicaría fomentar una baja autoestima y cierta dependencia emocional. Se puede volver dependiente, tener baja tolerancia a la frustración, imposibilidad de esperar, sentirse inseguro frente a distintos desafíos o necesitar continuamente el rescate de afuera, incluso la validación de un otro", advierte.También agrega que el impacto también puede verse en distintos ámbitos de la vida. En lo social, puede haber dificultades para negociar, aceptar un "no" o resolver conflictos con otros chicos. En lo académico, la frustración puede llevar a abandonar rápidamente aquellas actividades que requieren esfuerzo y constancia."El objetivo quizás no es que los chicos no sufran, sino que aprendan que pueden atravesar las dificultades que se les van presentando a lo largo de la vida. Primero acompañados por sus padres y después de manera autónoma e independiente", resume.La psicóloga Marisa Factorovich coincide y agrega: "Las consecuencias de una crianza en la cual los adultos vivan la vida por el hijo y resuelvan todo por ellos pueden ser variadas y ninguna feliz: comenzando por un hijo que será inmaduro, vulnerable y poco fortalecido. Seguramente le falte viveza y templanza e incluso recursos para entender y también enfrentar los problemas".Incluso, advierte que esa dependencia puede extenderse hasta la adolescencia. "Nada contradice que al llegar la adolescencia tenga actitudes de rebeldía extremas por necesidad de tener ese aire, esa libertad que aún no habrá experimentado", sostiene.¿En qué momento acompañar deja de ser ayudar?Claro que no siempre es fácil distinguir el límite entre acompañar a un hijo y resolverle la vida, ya que detrás de muchas de esas conductas suele haber una buena intención. Sin embargo, Bellota propone hacerse una pregunta antes de intervenir: "¿Lo estoy ayudando porque él realmente lo necesita o porque a mí me cuesta verlo frustrarse, angustiarse o sufrir?".Para la psicóloga, muchas veces la sobreprotección nace más de la ansiedad de los adultos que de una necesidad real del niño.Entre las señales que pueden indicar que un padre está excediéndose menciona resolver problemas que el niño ya podría intentar solucionar por sí mismo, hablar por él constantemente, intervenir antes de que pida ayuda, evitar cualquier conflicto o hacerle tareas que ya son acordes a su edad."Si yo le hago todo, ese niño no solamente se queda en una posición de comodidad, sino que va incorporando la idea de 'no puedo'. El error no es un enemigo del desarrollo, sino una de las formas más importantes de aprender", sostiene.Factorovich agrega que los propios chicos también pueden dar señales de que esa forma de crianza está teniendo efectos en su desarrollo: "Los niños pueden mostrar angustia ante cualquier situación que no sea para tanto, dependencia extrema, dificultades para estar solos, mucha intolerancia a la frustración o miedo de probar algo nuevo, aunque sea sencillo", explica. Claves para fomentar la autonomía sin sobreprotegerPara las especialistas, el objetivo no es que los chicos enfrenten las dificultades completamente solos, sino que los adultos cambien de lugar: pasar de resolver a acompañar. "La clave es pasar de ser quien resuelve todo a ser quien acompaña", resume Bellota.Eso implica permitir que hagan por sí mismos aquellas tareas que ya pueden realizar según su edad, esperar antes de intervenir cuando aparece una dificultad y valorar más el esfuerzo y la perseverancia que el resultado. La psicóloga también recomienda validar las emociones sin intentar eliminarlas inmediatamente: "Si mi hijo se angustia, la idea es transitar la angustia juntos y no decirle 'no te angusties'. Se puede decir: 'Entiendo que estés frustrado, pensemos juntos qué podemos hacer'. Las emociones se transitan, no hay que eliminarlas". En la misma línea, Factorovich sostiene que el desafío consiste en encontrar "la distancia óptima" entre la presencia del adulto y la autonomía del hijo."Si el adulto siente que todo el tiempo tiene que mirar y hacer por su hijo, debe tomar conciencia de que, sin darse cuenta, puede estar aplastando su deseo y su autonomía, generando que siempre deba necesitarlo", advierte.Por último, ambas especialistas coinciden en que criar no implica despejarles el camino a los hijos, sino ofrecerles un entorno seguro para que puedan enfrentar distintas situaciones y ganar confianza en sí mismos. Como resume Factorovich: "Los niños aprenden de lo que les decimos y de lo que hacemos. No son nuestra propiedad, aunque sean nuestros hijos. Los estamos educando para la vida".
Cómo son los padres y madres "snowplow", el estilo de crianza que libera los obstáculos: por qué "proteger no es evitar sufrimiento"
El término describe a los adultos que intentan resolver problemas y evitar cualquier frustración en la vida de sus hijos.Qué consecuencias puede tener este estilo de crianza y cómo fomentar la autonomía sin caer en la sobreprotección.






