Establecer límites claros y consistentes desde corta edad o premiar las conductas adecuadas, y no solo complacer los deseos, evita dificultades en la adquisición de habilidades de autorregulación y tolerancia a la frustración

Un menor que consigue siempre lo que quiere a cualquier precio, sin tener en cuenta la voluntad de los padres, lo logra a través de la manipulación emocional. “Se trata del niño que siempre recibe el juguete que pide en el supermercado, incluso cuando tiene una rabieta, o aprende que llorar es una forma eficaz de conseguir lo que quiere”, explica Alba María García, psicóloga experta en infantojuvenil. Un menor consentido no respeta los límites que le marca su entorno de adultos, lo que crea dificultades en la convivencia familiar y también dificulta su proceso de desarrollo emocional.

“Si las necesidades y deseos del niño se priorizan de forma constante sobre las normas y expectativas sociales, se dificulta la adquisición de habilidades de autorregulación y tolerancia a la frustración”, asegura García. Los padres que consienten a sus hijos suelen tender a evitar el conflicto con ellos. “Ceden para evitar llantos o rabietas. Confunden el amor con la complacencia, porque creen que decir sí siempre es sinónimo de afecto”, afirma la psicóloga. “Compensar en exceso por culpa, falta de tiempo o experiencias propias muestra una actitud que suele estar ligada a estilos parentales permisivos, donde hay afecto, pero escasa disciplina”, aclara. “Por ejemplo, un padre que por trabajar muchas horas dice: ‘No puedo jugar contigo ahora, pero te compro una tablet’, transmite que el cariño se sustituye por objetos”, matiza.