NoticiaSudar y dar vueltas en la cama: así son las noches de calor sin descanso Foto: IAANALISTA SEO02.08.2026 14:49 Actualizado: 02.08.2026 14:49
Irse a la cama al final de la jornada representa un descanso reparador para algunos, mientras que para otros se transforma en un periodo de constante frustración al no lograr conciliar el sueño.La velocidad con la que el cuerpo pasa del estado de vigilia al reposo aporta información valiosa sobre el funcionamiento del organismo y el estilo de vida de cada persona. Dormir mal, menos rendimiento laboral. Foto:Imagen generada por IA.El lapso que transcurre desde que se apaga la luz hasta que se logra dormir se conoce en la medicina como latencia de sueño. De acuerdo con María José Martínez Madrid, coordinadora del Grupo de Cronobiología de la Sociedad Española de Sueño (SES), este indicador refleja la relación entre dos factores esenciales: “la presión de sueño, es decir, las ganas de dormir que acumulamos durante el día, y nuestro reloj biológico”. LEA TAMBIÉN Un análisis de la Sleep Foundation categoriza los tiempos de inicio del descanso en tres rangos específicos para evaluar el estado general del cuerpo: Tardar más de media hora en conciliar el sueño suele vincularse con episodios de ansiedad, estrés o insomnio. Conciliar el sueño en un lapso de 15 a 20 minutos se sitúa dentro del rango considerado normal. Caer dormido en menos de cinco minutos se asocia con un cuadro de agotamiento crónico. Al evaluar estos parámetros, la especialista de la Sociedad Española de Sueño (SES) aclara en las declaraciones recogidas sobre el tema: “En adultos sanos, una latencia de aproximadamente 15 a 20 minutos suele considerarse normal. No significa que si una noche tardamos 30 minutos tengamos un problema, ni que dormirnos en dos minutos sea algo positivo”. La experta enfatiza la necesidad de revisar estos tiempos de manera constante y en conjunto con otros factores cotidianos, como la presencia de despertares nocturnos, la calidad general del descanso y el nivel de energía durante el día. “En medicina del sueño, rara vez interpretamos un único dato de forma aislada”, agrega Martínez Madrid. El estrés y el no dormir las horas suficientes son causas frecuentes de pérdida de memoria. Foto:iStockNi demorarse en quedar dormido, ni caer fundido de inmediato es bueno. Cuando la dificultad para quedarse dormido se extiende por más de 30 minutos de forma recurrente durante varias noches a la semana y a lo largo de varios meses, suele ser una manifestación clara de malos hábitos, estrés acumulado o trastornos como el insomnio. Por otra parte, quedarse dormido casi de inmediato tampoco constituye un indicador de bienestar. Al respecto, Martínez Madrid detalla que quedar dormido en menos de cinco minutos “con frecuencia, indica que el organismo está acumulando una importante deuda de sueño o presenta una somnolencia excesiva que merece estudiarse”. En ocasiones se presenta un fenómeno paradójico en el cual un nivel elevado de fatiga impide conciliar el descanso. La explicación a esta condición reside en que “existe un tipo de cansancio que no es solo físico, sino también mental y emocional. Cuando llevamos un día con mucho estrés, preocupaciones o una gran carga cognitiva, el cuerpo puede estar agotado, pero el cerebro continúa en un estado de alerta”, recalca la vocera de la SES. Este estado de hiperactivación equivale a intentar estacionar un vehículo cuyo motor se mantiene acelerado. Ante niveles altos de tensión, el sistema nervioso simpático se activa y se libera una mayor cantidad de cortisol, dos respuestas biológicas que bloquean el inicio del reposo y provocan que la mente no logre desconectarse a pesar del cansancio corporal. La posición al dormir revela muchas cuestiones Foto:IstockEl tiempo requerido para quedarse dormido varía de forma considerable en cada individuo debido a factores genéticos, la edad, la exposición a la luz solar, el cronotipo, el nivel de estrés y el estado general de salud. Para optimizar la higiene del sueño y facilitar el descanso nocturno, la experta sugiere poner en práctica las siguientes recomendaciones habituales: Reservar la cama únicamente para dormir, evitando realizar tareas laborales o consultar el celular durante periodos prolongados. Evitar las cenas copiosas, el consumo de alcohol y las dosis elevadas de cafeína durante las horas de la tarde. Disminuir la exposición a las pantallas y a la luz intensa durante la hora previa a acostarse. Recibir luz solar en las primeras horas de la mañana con el fin de sincronizar el reloj biológico. Conservar horarios regulares para acostarse y levantarse. Evitar la obsesión por lograr el sueño de forma inmediata. Levantarse de la cama si transcurren entre 20 y 30 minutos sin poder dormir, realizar una actividad relajante con iluminación tenue y regresar a la habitación únicamente cuando reaparezca el cansancio. *Artículo desarrollado con apoyo de IA y revisado por un periodista. LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.









