La sensación de tener un "nudo en la garganta" es uno de los síntomas físicos más frecuentes de la ansiedad y, por tanto, muchas personas lo conocen bien. Y aunque puede resultar muy incómoda e incluso generar miedo, no significa que exista una obstrucción real de las vías respiratorias.La psicóloga Beatriz Gil Bóveda explica que este síntoma aparece como consecuencia de la respuesta de alarma del organismo. "Cuando nuestro cerebro interpreta que estamos en peligro, activa el sistema de alarma y aumenta la tensión de la musculatura, también la de la garganta y el cuello", explica. Esa tensión es la que provoca la característica sensación de opresión o de tener un bulto en la garganta.La especialista insiste en que, pese a lo angustioso que puede resultar el síntoma, "la sensación es muy real, pero la vía respiratoria permanece abierta". Es decir, la percepción de dificultad no implica que el aire no pueda pasar o que exista un bloqueo físico. Otro aspecto importante es la reacción que suele tener la propia persona ante esa molestia. Según explica la psicóloga Gil Bóveda, "cuanto más comprobamos si podemos tragar o más nos asustamos, más se intensifica el síntoma". Esa vigilancia constante y el temor a que ocurra algo grave contribuyen a mantener el círculo de la ansiedad.Desde el punto de vista terapéutico, la psicóloga también señala que "desde la terapia cognitivo-conductual se trabaja rompiendo ese círculo: normalizando la sensación, dejando de vigilar constantemente la garganta y cuestionando los pensamientos catastrofistas". El objetivo, por tanto, es reducir la atención puesta sobre el síntoma y modificar la interpretación amenazante que hace el cerebro de esa sensación.Además, existen distintas estrategias que pueden ayudar a disminuir la activación fisiológica. "También ayudan mucho las técnicas de regulación fisiológica: respirar lentamente, relajar hombros y mandíbula, caminar a buen ritmo, hacer ejercicio físico o practicar yoga, ya que reducen la activación del sistema nervioso y favorecen que la musculatura se destense", explica la especialista, que además añade que, "si detrás hay emociones contenidas, llorar también puede aliviar porque disminuye esa tensión acumulada". Es decir, expresar esas emociones también puede contribuir a reducir el malestar físico en algunas personas.Por último, la psicóloga destaca que la evidencia científica más reciente apunta a la importancia de cambiar la forma de relacionarse con el síntoma: "Algo que sabemos gracias a las investigaciones más recientes es que cuanto menos luchamos contra el síntoma y más lo aceptamos como una respuesta temporal de nuestro cuerpo, antes suele desaparecer". En este sentido, la psicóloga concluye que "el objetivo no es eliminarlo a toda costa, lo fundamental es enseñarle al cerebro que ya no existe un peligro real".