Los argentinos están tan acostumbrados a las crisis y a las desmesuras que hasta lo más grave se naturaliza. Lo que ha ocurrido en estos últimos días ha confirmado esa anestesia, forjada por la historia, que transforma sucesos trascendentes en simples tropiezos cotidianos.En resumen: la vicepresidente dijo, casi directamente, que el Presidente sufre una paranoia política porque se siente perseguido por conspiraciones imaginarias, entre otras insinuaciones aventuradas. La respuesta llegó de boca del jefe de Gabinete, Diego Santilli, pidiendo la renuncia de Victoria Villarruel. Se trata de un hecho de una gravedad inusitada: en esta discusión se involucró la cúspide misma del poder.Y esto ocurre horas después de que Kristalina Giorgeva, la búlgara que maneja el Fondo Monetario Internacional, elogiara públicamente la estabilidad económica que el Gobierno está logrando.Este intercambio de acusaciones de intentos de desestabilización, conspiraciones en marcha e internas sin fin, se da en el seno del oficialismo, atrapado como está en sostener el ajuste, construir la reelección y comenzar a hacer un delicado equilibrio entre sus necesidades y apremios internacionales. Hay economistas que creen que la política, esta vez, puede afectar lo que este programa está logrando.No pasó desapercibida la declaración de Milei restándole importancia fundamental a la ayuda financiera norteamericana después de la paliza electoral de septiembre pasado. Para el Presidente no fue la ayuda del secretario del Tesoro de Trump lo que cortó la corrida sino su propia muñeca política. Pero ¿no había dicho antes que la Casa Blanca había evitado un desastre con el anuncio de una ayuda de 20 mil millones de dólares?¿Tendrá que ver con la renovación del swap con China y la concreción de una postergada visita a Beijing? ¿Qué piden a cambio los chinos? ¿Se conformarán con Karina Milei como jefe de la delegación o pedirán que sea Milei el interlocutor de Xi Jinping? El Presidente ya fue aproximadamente una quincena de veces a Estados Unidos y ninguna a China. Un cómputo que tiene peso en la diplomacia.En este contexto, el escándalo con Brasil puede ser una mezcla de desborde y de necesidad. O simplemente una tontera que hubiera podido ser evitada.Los gestos de Lula cuando se enteró de los insultos que le había dedicado Milei patentizaron que el argentino había cruzado un límite en la relación con Brasil. El brasileño volaba en la primera clase de Turkish Airlines de regreso a su país y allí se comenzó a diseñar la respuesta a lo que se consideró una provocación montada.La primera propuesta, entre varias, fue endurecer la burocracia aduanera y ajustar las condiciones estrictas que deben cumplir los productos que Argentina exporta a Brasil.Ese clima de dureza cedió un poco cuando las encuestas comenzaron a mostrar dos efectos de la incontinencia verbal de Milei. Primero, las reacciones en las redes y en la opinión pública fueron mayoritariamente contrarias a la intervención del libertario argentino. Segundo, más importante, en el lanzamiento del opositor Flávio Bolsonaro se habló más de Milei que del candidato opositor.Por una vez, el canciller Pablo Quirno comprendió también que los gestos diplomáticos tienen un peso y un alcance que los recién iniciados no ponderan. Quirno había estado en el palco festejando a Milei en São Paulo y su presencia le terminaban dando un peso institucional al acto.Tampoco hay que ser ingenuos. Lula apoyó en su momento la candidatura de Sergio Massa contra Milei, y Alberto Fernández había visitado al actual presidente brasileño en la cárcel por una condena por corrupción que luego fue revertida. Es decir que la “intromisión” es una avenida de ida y vuelta, salvo que nunca había escalado a este nivel de insulto y grosería. Milei quizá funciona como esas personas que se envalentona cuando está entre fieles que le festejan esa conducta.El canciller argentino salió por radio a decir que nunca se había considerado “una ruptura”, mostrando poca flexibilidad en su lenguaje diplomático. ¿Quién sensatamente puede haber estado pensando en una ruptura diplomática con Brasil?Sin embargo, esas declaraciones sirvieron para que en Brasilia se moderaran los ánimos -el ministro de Economía que había llamado “payaso” a Milei fue amonestado- y que el canciller Mauro Viera, que sirvió seis años en Buenos Aires, y el embajador Julio Bitelli, convocado en protesta, buscaran poner paños fríos. Bitelli volverá al palacio Pereda, sede de la embajada brasileña aquí, dentro de unos días.Para cambiar abruptamente el tema interno, Milei sacó ese insólito decreto sobre odio antiargentino que quiso, tardíamente, subirse a la espuma del Mundial perdido. Un presidente que ha declarado que todavía no se odia lo suficiente a los periodistas, hablando precisamente de odio, es una paradoja difícil de explicar.Si los insultos a Lula fueron el comienzo de la campaña de reelección de Milei, la jugada de Cristina Kirchner de recurrir a las Naciones Unidas la volvió a poner en el centro de la cancha. Le está diciendo a propios y extraños que ella es candidata y deja a Axel Kicillof en un brete: la enfrenta o se somete a la estrategia diseñada en San José 1111. No hay espacio, está diciendo tácitamente, para un peronismo sin Cristina. Si Kicillof lo intenta, con la ex presidente “proscripta”, cumplirá el papel que tuvo Vandor con el “peronismo sin Perón”.Para el peronismo, la política sigue siendo una película en blanco y negro. Hasta se metió Mario Firmenich, en su reciente autobiografía autocomplaciente plagada de graves y deliberadas omisiones sobre su responsabilidad, criticando a Cristina de haber abandonado las reformas de Néstor y ser autora de las derrotas electorales de 2015 y 2023. Además, le dice que fue leal a Isabel y José López Rega, acusación que afectará la siempre alta estima que tiene de sí misma la ex presidente.“¿Qué festejaba bailando presa en su balcón tras la derrota electoral frente a Milei?”, se pregunta el ex jefe montonero, que fuera indultado por Carlos Menem, a quien también critica a pesar de haber contribuido a su campaña.Pero volvamos a la realidad actual: la condena que purga por corrupción le prohíbe ejercer cargos públicos pero ¿le impide la actividad política?.No ha sido un movimiento menor el que hizo la ex presidente. Calza como un guante con la polarización que busca Milei para tratar de llegar sin balotaje a la reelección.La utilización de la cadena nacional, con la excusa de anunciar los cambios en el Banco Central, sobre cargó únicamente contra Cristina.Milei la quiere de contrincante principal. Cristina también desea fervientemente ese rol.