El sentimiento que Cristina Kirchner genera es tóxico para la política actual. Sus partidarios le reclaman a todo candidato peronista a la presidencia que antes de abordar cualquier tema tenga que primero hacer demostración de fe pronunciando en su discurso el mantra “¡Cristina libre!”, anulando así sus posibilidades de ser electo en el balotaje. Y lo extorsionan con la amenaza de dividirle la candidatura del peronismo con otro postulante puramente cristinista para hacerlo perder directamente en primera vuelta. El mileísmo extorsiona a todos aquellos que rechazan sus formas y el extremismo de una política económica que parcialmente comparten, acusándolos de ser funcionales al regreso del kirchnerismo; que si dividen el electorado no peronista facilitando el regreso de los “kukas”. Milei dice yo o el kirchnerismo. Cristina dice yo o el mileísmo. La doble extorsión que se ejerce sobre cualquier candidato peronista que no se someta a Cristina, y la extorsión a cualquier candidato no peronista que no se someta a Milei, tiene como destinatarios a todos los argentinos en un falso dilema Milei-Cristina tan útil para Milei al punto de ser esa disyuntiva partera de su emergencia ex nihilo a la presidencia.